Mientras continúa su genocidio en la Franja de Gaza, el primer ministro del Estado de Israel, Benjamin Netanyahu, ve de reojo como se acercan unas elecciones que amenazan su gobierno. A las acusaciones de corrupción y el descontento con sus políticas, se suma la división en las propias bases del ente sionista y los partidos que lo conforman, que tiene a los ministros más ultras de Netanyahu haciendo campaña. Lo que allí da rédito electoral, no obstante, parece ser presumir de los crímenes de guerra con los que someten al pueblo palestino, proponer vaciar Gaza de su población, o fantasear con campos de exterminio para los habitantes del enclave.

Esto es lo que ha hecho en los últimos días el ministro de Seguridad Nacional hebreo, Itamar Ben-Gvir. El sionista de ultraderecha propuso asesinatos selectivos en la Franja, y ha publicado vídeos en redes sociales burlándose de la hambruna que sufren los palestinos, y que causa el bloqueo humanitario al que les somete el Estado de Israel desde hace décadas, pero especialmente en los últimos tres años.

De fondo está la cuestión de que los partidos de extrema derecha que dirigen Ben-Gvir y el ministro de Finanzas, el también ultranacionalista Bezalel Smotrich, amenazan con dividir el voto entre las bases de Netanyahu. El gobierno israelí está formado por el Likud, el partido del primer ministro, y una larga lista de formaciones de derecha y ultraderecha, que comparten el sionismo radical y el apoyo al genocidio en Palestina.

Ahora, la gran coalición sionista corre el riesgo de perder el poder en las elecciones del próximo 27 de octubre, que se plantea como un plebiscito a Netanyahu después de 17 años en el gobierno. El mandato del socio de Donald Trump en Oriente Próximo solo se vio interrumpido durante un año y medio entre 2021 y 2022, cuando otra gran coalición -también sionista, aunque más moderada- consiguió turnar como primeros ministros a Naftali Bennett y Yair Lapid, que ahora se vuelven a unir como alternativa a Netanyahu.

La campaña del sionismo ultra: campos de exterminio y vaciar Gaza de palestinos

Para contrarrestarlo, el propio primer ministro y sus ministros más ultras están elevando el tono aún más, si cabe, sobre el genocidio en Gaza. Desde que se recrudecieron los ataques, en octubre de 2023, el ejército de Israel ha asesinado allí a casi 74.000 personas, muchos de ellos niños.

Ahora, con el foco puesto en la guerra con Irán y en medio de un supuesto alto el fuego, la situación de muerte y hambruna en la Franja ha mejorado levemente, según varios organismos internacionales, pero el Gobierno de Netanyahu planea que deje de ser así. El mandatario hebreo publicó este miércoles un vídeo en redes sociales en el que presume de controlar “el 60% de la Franja”, y aseguraba que “Gaza no volverá a suponer una amenaza” para el Estado sionista.

La forma de conseguir esto la explicó al día siguiente su ministro más ultra, coincidiendo con el arranque de la precampaña electoral. Ben-Gvir, en línea con la gravedad habitual de sus declaraciones, propuso este jueves vaciar la Franja de Gaza de su población antes de los comicios. El titular de Seguridad Nacional aseguró que hay países “que han comunicado al Estado de Israel que están dispuestos” a acoger a los 1,86 millones de palestinos que se desplazarían en los próximos siete años, de los cuales 250.000 abandonarían su hogar en los primeros doce meses.

Obviando que un desplazamiento forzoso y total de la población de un territorio sería un crimen de guerra más de los que tiene en su nómina el Gobierno de Netanyahu, Ben-Gvir hizo esta propuesta después de haber compartido en redes un video en el que mostraba claramente a palestinos entrando en un campo de concentración, a través de una cinta como las que se usan en los mataderos de animales y mientras el ministro pincha sus sueños de comida y educación como si fueran globos. La polémica fue tal que el ultraderechista terminó eliminando la publicación.

Netanyahu, historia de una caída anunciada

Habrá que esperar hasta las legislativas del 27 de octubre para comprobar si la campaña de Netanyahu y el sionismo radical surte efecto para revertir unas elecciones que se le antojan complicadas. La coalición de partidos ultranacionalistas y religiosos que encabeza el primer ministro se enfrenta a la fragmentación en el voto que causa el delicado momento que atraviesa el Gobierno.

Las encuestas son claras. Los israelíes -si bien son mayoritariamente sionistas- no perdonan los ataques de Hamás del 7 de octubre, los más letales en la breve historia del estado, y la fraternidad de Trump y Netanyahu, que ha metido a su país en conflictos como el de Gaza, el Líbano o Irán, sin conseguir la hegemonía en Oriente Próximo que persiguen después de años y años de bombardeos.

A esto se suma el juicio por corrupción a Netanyahu, en el que el primer ministro ha pedido el indulto al presidente, Isaac Herzog. El sionista, sobre el que pesa también una orden de detención de la Corte Penal Internacional por sus crímenes de guerra, trata ahora de que los partidos de Ben-Gvir y Smotrich -Poder Judío y Sionismo religioso respectivamente- se vuelvan a unir para evitar que se siga dividiendo el voto. A la mala relación entre ambos ministros se suman los líderes de nuevos partidos surgidos como escisiones del Likud y la vuelta a escena de Bennett y Lapid, en un escenario político en el que importa más la popularidad del líder que la ideología, ya que casi todos comparten la defensa del sionismo que avala bombardear niños y dejar morir de hambre a los palestinos.

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