Miami está a miles de kilómetros de Buenos Aires, Brasilia o Santiago de Chile, pero algunas de las batallas políticas que han marcado América Latina durante los últimos años tienen una escala en Florida. En torno a la ciudad confluyen consultores electorales, sociedades creadas por estrategas latinoamericanos, medios digitales dirigidos al público hispano y organizaciones conectadas con el universo político de Donald Trump. En ese entramado aparecen dos nombres conocidos también en España: Fernando Cerimedo y Javier Negre.
No se trata únicamente de fotografías con políticos, coincidencias ideológicas o participación en actos conservadores. Los registros empresariales, la documentación sobre actividades de lobby y la expansión internacional de diferentes plataformas mediáticas permiten seguir un rastro mucho más concreto. El resultado es el dibujo de una industria política y comunicativa que ha dejado de respetar las fronteras nacionales en las que todavía se organizan las elecciones.
Cerimedo representa una de sus caras. Consultor argentino y especialista en comunicación digital, su nombre ha aparecido ligado durante los últimos años a diferentes procesos políticos latinoamericanos. Trabajó en el ecosistema que llevó a Javier Milei a la presidencia argentina, tuvo vínculos con el bolsonarismo brasileño y su actividad ha dejado huella también en Chile y Bolivia.
Brasil ofrece uno de los episodios mejor documentados. Después de la derrota de Jair Bolsonaro frente a Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones de 2022, Cerimedo participó en la difusión de afirmaciones falsas que cuestionaban la fiabilidad del sistema electoral brasileño. La Policía Federal llegó a investigarlo y lo incluyó entre los actores vinculados a la difusión de desinformación sobre los comicios. Cerimedo no terminó siendo acusado por la Fiscalía en la causa sobre el intento de golpe, una diferencia jurídica importante, pero su participación en la campaña destinada a desacreditar el resultado electoral quedó bajo escrutinio de las autoridades brasileñas. Información reciente de Folha de S.Paulo vuelve a situar redes relacionadas con el consultor en campañas de desinformación dirigidas contra Lula.
El método es relevante porque plantea una cuestión que trasciende al propio Cerimedo. ¿Qué ocurre cuando los consultores, las plataformas y las técnicas utilizadas para condicionar la conversación electoral dejan de pertenecer a un solo país y comienzan a circular de campaña en campaña?
Miami, la escala imprescindible
La conexión estadounidense de Cerimedo tiene un rastro societario. El 24 de mayo de 2023 quedó registrada en Florida Numen Advisors LLC, con domicilio en North Miami. En la documentación inicial de la compañía figuraba Fernando G. Cerimedo. La fecha no es menor: Argentina se encontraba ya inmersa en el ciclo electoral que terminaría llevando a Milei a la Casa Rosada.
Tres meses después aparece otra pieza. Documentación citada en investigaciones recientes recoge un memorando suscrito entre Numen y Latin America Advisory Group, la consultora del argentino-estadounidense Damián Merlo, radicada también en Miami. La relación resulta especialmente interesante porque determinadas actividades vinculadas a esa consultora quedaron registradas bajo la legislación estadounidense de agentes extranjeros, conocida por sus siglas FARA, uno de los principales instrumentos para conocer qué intereses extranjeros realizan actividades políticas o de lobby en Estados Unidos. Una investigación publicada por Pulso27 reconstruye parte de esa red política y mediática entre Miami y América Latina.
Ese puente entre una empresa creada por Cerimedo y un consultor asentado en Miami permite abandonar momentáneamente el terreno de las afinidades ideológicas y entrar en el de los documentos. Sociedades, acuerdos profesionales, clientes y gestiones ante instituciones estadounidenses ofrecen una vía para reconstruir cómo un operador electoral latinoamericano buscó establecer infraestructura y contactos en Estados Unidos mientras trabajaba en campañas del continente.
Es precisamente ahí donde Miami adquiere otra dimensión. La ciudad es desde hace décadas un centro político para las diásporas cubana y venezolana y, durante la era Trump, se ha consolidado además como uno de los grandes espacios del conservadurismo hispano estadounidense. Medios en español, consultores republicanos, empresarios, organizaciones anticomunistas y dirigentes políticos conviven en un ecosistema especialmente permeable a las guerras culturales que atraviesan actualmente buena parte de América Latina.
La pregunta, por tanto, no es si todos ellos obedecen a una misma dirección. No existen elementos suficientes para afirmarlo. La pregunta periodísticamente relevante es otra: por qué Miami aparece una y otra vez como plataforma de internacionalización de actores que participan después en la batalla política latinoamericana.
El particular sueño americano de Negre
El segundo camino hacia Florida pasa por Javier Negre. Si Cerimedo representa fundamentalmente la figura del consultor y operador digital, el periodista y empresario español permite observar la otra pata de esta infraestructura: los medios capaces de trasladar una determinada agenda política de un país a otro.
Negre expandió en los últimos años sus negocios desde España hacia Argentina y posteriormente hacia Estados Unidos. Una de las principales piezas de esa expansión fue La Derecha Diario, medio nacido en Argentina y estrechamente identificado con la nueva derecha libertaria. En octubre de 2025, UHN Plus anunció que La Derecha Diario había realizado una “inversión estratégica” en la plataforma para formar lo que describía abiertamente como un “bloque de comunicación conservador hispanoamericano y europeo”.
Un mes después, el 11 de noviembre, quedó constituida oficialmente en Florida UHN Plus Media Network, Inc. La propia compañía identifica a Negre como vicepresidente y copropietario y asegura disponer de periodistas, editores y productores en Miami. Según sus propios datos, que no equivalen a una auditoría independiente, sus plataformas acumularon más de 2.000 millones de impresiones durante los primeros meses de 2026. La propia UHN Plus detalla en su página corporativa su estructura y la incorporación de Negre.
Factchequeado reconstruyó posteriormente la documentación societaria de UHN Plus y señaló que la dirección declarada por la compañía se encontraba en Coral Gables. La organización verificadora también ha documentado desinformaciones difundidas tanto por UHN Plus como por La Derecha Diario y recuerda las sentencias dictadas en España contra Negre por informaciones falsas relacionadas con el secretario general de FACUA, Rubén Sánchez.
El movimiento empresarial resulta significativo por algo más amplio que la trayectoria personal del periodista español. Un medio argentino asociado a la derecha de Milei invierte en una plataforma estadounidense destinada al público hispano y constituye después una estructura societaria en Florida. La internacionalización ya no afecta únicamente a los discursos políticos. También alcanza a las empresas encargadas de producirlos y distribuirlos.
A ello se suma la entrada de Negre en el ecosistema mediático estadounidense favorable a Trump. Factchequeado y Chequeado han señalado su relación profesional con Real America’s Voice, una plataforma conservadora en la que participan distintos aliados del presidente estadounidense. Chequeado ha analizado también la actividad de UHN Plus y los vínculos de Negre con ese ecosistema mediático.
La secuencia, vista en conjunto, resulta difícil de ignorar: Cerimedo lleva su actividad empresarial a Florida durante el año electoral argentino; Negre participa en la expansión de una plataforma mediática conservadora que termina constituyendo su propia sociedad en ese mismo Estado; y ambos orbitan alrededor de proyectos comunicativos dirigidos simultáneamente a audiencias de Estados Unidos y América Latina.
El fenómeno resulta especialmente relevante porque las campañas digitales permiten que una estructura instalada en un país intervenga en la conversación pública de otro sin necesidad de desplegar allí una organización tradicional. Una publicación puede originarse en Argentina, multiplicarse mediante cuentas coordinadas, saltar a una plataforma asentada en Estados Unidos y terminar formando parte del debate electoral en Brasil, Chile o Bolivia.
El caso brasileño vuelve a ofrecer pistas sobre ese funcionamiento. Este mismo agosto, Folha de S.Paulo documentó cómo redes ligadas a Cerimedo y a influencers próximos al mileísmo difundieron una narrativa falsa sobre una supuesta “invasión” de inmigrantes marroquíes en Santa Catarina. La historia había sido impulsada inicialmente por La Derecha Diario y utilizó imágenes de la crisis migratoria en Ceuta para ilustrar una realidad brasileña muy diferente. El Observatório Lupa rastreó la desinformación y detectó cómo datos reales fueron utilizados fuera de contexto hasta generar cientos de miles de visualizaciones.
Ese episodio permite observar el mecanismo funcionando prácticamente en tiempo real: un medio ideologizado introduce una narrativa, diferentes cuentas la amplifican, el contenido atraviesa fronteras y termina entrando en el debate político de otro país. Es precisamente esa capacidad para trasladar mensajes, técnicas y estructuras digitales de un escenario nacional a otro la que convierte la trayectoria de Cerimedo en algo más que la biografía de un consultor electoral.
Bolivia abre la caja negra de Cerimedo
Bolivia es ahora el último escenario en el que su nombre ha quedado situado en el centro de la actualidad, aunque por motivos que exceden ampliamente la actividad política. La Fiscalía boliviana acusa a Cerimedo de haber actuado como presunto autor intelectual del ataque contra su expareja, la abogada Nadia Beller, y sostiene que habría recurrido a sicarios para ejecutarlo. Beller fue atacada a tiros por dos hombres vestidos como repartidores y recibió varios disparos. Cerimedo fue detenido posteriormente y quedó en prisión preventiva, imputado por tentativa de feminicidio. Su defensa rechaza las acusaciones y sostiene que el procedimiento responde a motivaciones políticas.
El caso judicial ha abierto, además, una segunda vía de interés para reconstruir la actividad de Cerimedo en el país. Durante las pesquisas, las autoridades bolivianas registraron propiedades vinculadas al consultor e incautaron dispositivos y material tecnológico cuya finalidad está siendo investigada. Parte de esas informaciones han apuntado a la posible existencia de infraestructura destinada a la gestión o automatización de cuentas en redes sociales, aunque su alcance real, las plataformas utilizadas y la relación con actividades políticas todavía deben ser determinados técnicamente y, en su caso, judicialmente.
Ese hallazgo resulta relevante porque conecta de nuevo con una de las preguntas centrales que persigue a Cerimedo desde Brasil: qué capacidad operativa existe detrás de las campañas digitales en las que ha participado y hasta qué punto las mismas herramientas, cuentas o estructuras pueden reutilizarse en diferentes países. Saber qué perfiles gestionaban esos dispositivos, cuándo se activaron, qué contenidos difundieron y con qué redes interactuaban permitiría comprobar si existe una continuidad tecnológica entre operaciones aparentemente separadas por miles de kilómetros.
De los golpes de Estado al poder del algoritmo
La historia obliga también a mirar hacia atrás. Estados Unidos arrastra un largo historial de injerencias en América Latina, desde operaciones encubiertas y apoyo a cambios de régimen durante la Guerra Fría hasta intervenciones políticas destinadas a impedir la llegada al poder de gobiernos considerados contrarios a sus intereses. La propia documentación desclasificada del Departamento de Estado reconoce operaciones de la CIA en países como Cuba y Chile, incluido el intento de frenar la llegada de Salvador Allende a la presidencia chilena. Los archivos oficiales estadounidenses detallan esas operaciones encubiertas.
La diferencia es que las herramientas del siglo XXI ya no tienen por qué parecerse a las del siglo XX. Donde antes había embajadas, agentes de inteligencia, financiación clandestina o presión militar, ahora pueden convivir mecanismos mucho más difíciles de rastrear: consultoras privadas, sociedades registradas en Florida, medios partidistas, campañas digitales, influencers, lobbies y redes capaces de trasladar una narrativa política de un país a otro en cuestión de horas. Eso no significa que unas hayan sustituido necesariamente a las otras, pero sí que la capacidad de influencia exterior dispone hoy de una infraestructura mucho más difusa y privatizada.
Ese escenario coincide además con una Administración Trump que no esconde sus preferencias políticas en el continente. Su secretario de Estado, Marco Rubio, celebraba en junio que América Latina estuviera “llena” de gobiernos aliados de Estados Unidos y señalaba expresamente las excepciones: Cuba, Nicaragua, Venezuela, Brasil y, entonces, Colombia. La división entre gobiernos afines y gobiernos problemáticos forma parte de manera explícita del discurso de Washington. Rubio expuso públicamente esa clasificación durante una audiencia en el Senado estadounidense. A ello se suma una política regional de Trump que ha combinado presión económica, apoyo preferente a determinados aliados y confrontación abierta con gobiernos considerados adversarios.
Es precisamente en ese contexto donde adquieren otra dimensión figuras como Cerimedo y Negre. No porque su actividad permita afirmar por sí sola que formen parte de una operación dirigida desde la Casa Blanca, sino porque representan dos piezas visibles de un ecosistema que conecta campañas latinoamericanas, empresas radicadas en Estados Unidos, plataformas de comunicación y círculos próximos al trumpismo. Seguir las sociedades que crean, los contratos que firman, los clientes para los que trabajan, el origen de su financiación y las organizaciones estadounidenses que les proporcionan acceso puede ayudar a responder la pregunta que atraviesa toda esta red: hasta qué punto la vieja voluntad de Washington de decidir qué gobiernos considera amigos o enemigos ha encontrado en Miami, los medios digitales y las campañas privadas nuevas herramientas para intervenir en el tablero político latinoamericano.
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