Las negociaciones para ratificar el tratado comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos han vuelto a encallar después de una maratoniana ronda de reuniones que se prolongaron durante más de diez horas y que terminaron de madrugada sin acuerdo. Los representantes de los Estados miembros, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo quedaron lejos de cerrar un texto definitivo para implementar el pacto alcanzado en agosto de 2025, una situación que se produce al mismo tiempo que aumenta la presión de Washington y se aproxima la amenaza de Donald Trump de imponer un arancel del 25% a los automóviles europeos.

Fracaso de las negociaciones, las cuales han encontrado su principal escollo en las salvaguardias exigidas por la Eurocámara. Los eurodiputados reclaman mayores garantías antes de dar luz verde a un acuerdo que elimina aranceles sobre cientos de productos industriales y agrícolas estadounidenses, pero que, sin embargo, mantiene un gravamen general del 15% para los productos procedentes de la UE.

Entre las distintas condiciones introducidas por el Parlamento Europeo figura una cláusula de suspensión por la que el tratado finalizaría en marzo de 2028 salvo que ambas partes acuerden extenderlo. Si bien, no quedan ahí los requisitos que los eurodiputados exigen a Washington, ya que también piden aclaraciones concretas sobre cómo reducirá el arancel del 50% que actualmente afecta a cientos de productos que contienen acero y aluminio, una cuestión que consideran imprescindible para desbloquear definitivamente el pacto.

A estas exigencias se suma un mecanismo de salvaguardia para proteger a la industria europea frente a un eventual aumento masivo de importaciones estadounidenses. Así, el texto contempla que la Comisión Europea supervise el impacto de las nuevas normas comerciales y pueda suspender temporalmente determinados aranceles si las importaciones procedentes de EEUU alcanzan niveles considerados perjudiciales para sectores estratégicos europeos. Como ejemplo, se plantea actuar si se registra un incremento del 10% en las importaciones de un grupo concreto de productos.

Pese al fracaso de las conversaciones, desde la presidencia rotatoria de la UE intentan rebajar la tensión. El ministro de Energía, Comercio e Industria de Chipre, Michael Damianos, presente en estas últimas reuniones, aseguró que existe un “compromiso” para avanzar rápidamente en la implementación de la declaración conjunta entre Bruselas y Washington. Además, insistió en que las instituciones europeas continuarán trabajando “con espíritu constructivo” para concluir el proceso legislativo “lo antes posible”.

Sin embargo, como se mencionaba al principio, el tiempo juega en contra de Bruselas. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, trasladó este miércoles al comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, que la Administración Trump espera un cierre inmediato del acuerdo. De no producirse avances en las próximas semanas, Washington activaría el arancel del 25% sobre el automóvil europeo, una medida que afectaría especialmente a Alemania y que amenaza con intensificar aún más las tensiones transatlánticas.

Precisamente, las diferencias internas dentro de la UE están dificultando la negociación. Francia y España respaldan las salvaguardias introducidas por el Parlamento Europeo ante los continuos cambios de posición política de Trump y el temor a futuras medidas proteccionistas. Alemania, por el contrario, ante las dificultades por las que pasaría en el futuro cercano, presiona para cerrar cuanto antes el acuerdo y evitar un golpe directo a su poderosa industria automovilística.

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