Federico García Lorca describió la Huerta de San Vicente, la casa de verano que tenía su familia en Granada, como una “caja de alegría”. Allí vivió sus últimos días en libertad y de allí salió apresuradamente para refugiarse en casa de sus amigos, los hermanos Rosales. A punto de cumplirse 90 años de su asesinato por los sublevados franquistas, este espacio de memoria y emoción ha acogido la apertura del Festival Internacional de Poesía de Granada, con nombres como Olvido García-Valdés, premio Reina Sofía de Poesía, Jorge Valdés Díaz-Vélez, premio Bellas Artes de Poesía de Aguascalientes, en México, Raquel Lanseros, premio Nacional de la Crítica, y la argentina Ana María Shua. Cerró la jornada la cantaora Ángeles Toledano, acompañada del guitarrista Víctor Franco, que pusieron en pie al público con su flamenco.

Remedios Sánchez y el poeta Jorge Valdés Díaz-Vélez ©FIP/José Ángel
Remedios Sánchez y el poeta Jorge Valdés Díaz-Vélez ©FIP/José Ángel

¿Qué significa para un poeta leer su obra en un lugar tan emblemático como este? Para Jorge Valdés Díaz-Vélez es un privilegio que lo devuelve a su infancia. “El primer libro de poesía que leí fue el ‘Romancero gitano’, entendí la mitad o menos de eso, ya que era muy niño, pero es un libro al que siempre regreso. Regresar es volver a mis raíces como lector de poesía y, sobre todo, adentrarme en la libertad que él logró encontrar, hacer volar una palabra, hacer volar un verso, un poema, la vida… Estar aquí es muy emocionante”.

“Este lugar, por una parte, está lleno de memoria, alegría, sensibilidad sensorial y afectiva, pero también me parece que está lleno de sufrimiento y dolor”, reflexionó Olvido García-Valdés. Para ella, leer sus poemas en un espacio así es una experiencia conmovedora. “Cada poema tiene su propio ser, su propia temperatura, y cuando los leo, de alguna manera, es como si me tirara a un pozo. El pozo es el poema y el lugar en el que lo lees, es muy importante”.

Se escribe contra todo, la poesía, el arte y la cultura son un acto de resistencia frente a la barbarie, al olvido y la muerte

Remedios Sánchez, Olvido García Valdés, Jorge Valdés Díaz Vélez y Raquel Lanseros ©FIPJosé Ángel
Remedios Sánchez, Olvido García-Valdés, Jorge Valdés Díaz-Vélez y Raquel Lanseros ©FIP / José Ángel

Ambos protagonizaron un recital conducido por Raquel Lanseros, quien les retó a definirse a través de sus propios poemas. Quiso saber para quién y, sobre todo, para qué escribían. “Se escribe contra todo, la poesía, el arte y la cultura son un acto de resistencia frente a la barbarie, al olvido y la muerte, frente a la desazón de todo lo que estamos padeciendo y cada vez más”, explicó el mexicano.

Mi poesía es intransitiva, es un proceso de búsqueda personal que no necesita de la comunicación

Por su parte, Olvido García-Valdés coincidió con esa idea, aunque matizó que para ella la poesía responde a una necesidad personal: “Mi poesía es intransitiva, es un proceso de búsqueda personal que no necesita de la comunicación, no busco llegar a un lector o lectora, para mí es importante el contacto, cuando en una lectura en una sala pequeña sientes que hay un click con alguien que está escuchando. Tiene que ver con algo radicalmente humano, vulnerable y precario, que tenemos en común con los animales, y hay que mantener”.

Parafraseando a Lorca: “Granada ama lo diminuto”

Ana María Shua, voz imprescindible del microrrelato contemporáneo, culminó la jornada con una conversación literaria con Remedios Sánchez, codirectora del Festival Internacional de Poesía y catedrática de la Universidad de Granada. Sánchez se definió como una admiradora incondicional de la narradora argentina.

Remedios Sánchez y Ana María Shua ©FIPJosé Ángel
Remedios Sánchez y Ana María Shua ©FIP  José Ángel

“El relato en Ana María Shua no es un género, es una manera de entender el mundo. Sus textos breves no deben leerse jamás como piezas menores, sino como construcciones de altísima precisión. Es decir, aquello que decía Lorca de que Granada ama lo diminuto, se entiende muy claramente cuando uno la lee”, destacó. Para ella, sin duda, es la “gran maestra del relato”.

La autora argentina recogió el guante con humor. “Me diste calor y me tuve que sacar la chaqueta”, bromeó. Reivindicó el microrrelato como una tradición central de la literatura argentina, con nombres como Borges, Cortázar o Silvina Ocampo. “No sentí que estaba haciendo nada diferente ni especial”, recordó.

Yo siempre tuve que salir a la caza de las palabras

Para Ana María Shua, el proceso creativo no responde a un impulso místico o incontrolable, sino a un acto consciente y disciplinado de voluntad. “Mi literatura es muy volitiva, depende absolutamente de mi voluntad (…). Yo siempre tuve que salir a la caza de las palabras”, subrayó.

Cada obra le lleva aproximadamente tres años, ya sea una novela o un libro de microrrelatos. También confesó que cuando termina una obra no puede volver a ese mismo género durante mucho tiempo, por lo que va rotando entre la novela, las mitologías, el cuento y los microrrelatos.

La literatura es un viaje fascinante y extraordinario que permite la transmigración de almas

Ana María Shua concluyó su intervención reivindicando el poder de la literatura. “Es un viaje fascinante y extraordinario que permite la transmigración de almas”, afirmó. Asimismo, hizo hincapié en que los escritores no son como los campeones de tenis: “Cada uno trae su propia mirada”.

Flamenco en la casa de Lorca

Aunque la poesía es el alma del FIP, el festival mantiene también un diálogo constante con otras disciplinas artísticas. “Soy una amante de la poesía, de la narrativa, de la escritura en general, y tengo muchísimas referencias que me encantaría llevar al flamenco alguna vez”, aseguró la cantaora Ángeles Toledano, que tiene a Lorca como un referente imprescindible. “Yo lo conocía como flamenco, no como poeta, lo sientes casi de tu familia. ¡Qué bien y qué cantable es!”, dijo emocionada y con un respeto reverencial. Para ella, actuar en la Huerta de San Vicente es un honor indescriptible.

Ángeles Toledano y Víctor Franco ©FIPJosé Ángel
Ángeles Toledano y Víctor Franco ©FIP  José Ángel

Junto al guitarrista Víctor Franco llenó de magia el jardín de la Huerta de San Vicente con un repertorio que incluyó algunos temas de su celebrado álbum ‘Sangre sucia’, un canto a la libertad creativa y al mestizaje dentro del flamenco. Un broche de oro para una jornada que convirtió a Granada en el epicentro de la poesía y la cultura.