Antony Blinken ha salido en defensa de la ayuda estadounidense a Ucrania y ha cuestionado uno de los argumentos más repetidos por el trumpismo: que Europa dejó a Washington pagando sola la factura de la guerra. En una intervención ante el Club Económico de Nueva York, el exsecretario de Estado de Estados Unidos sostuvo que esa idea “simplemente no es cierta” y defendió que, por cada dólar aportado por EEUU a Ucrania, los europeos y otros aliados han contribuido con “un dólar y medio”. El mensaje de Blinken apunta directamente al corazón del debate abierto por Donald Trump, que ha utilizado durante años la ayuda a Kiev como ejemplo de supuesto abuso de los socios europeos sobre el contribuyente estadounidense.

“Por cada dólar que invertimos en Ucrania, los europeos y otros aportan un dólar y medio”, afirmó Blinken. El exjefe de la diplomacia estadounidense añadió que “la idea de que ellos estaban aprovechándose gratis de Ucrania simplemente no es cierta”, en referencia a quienes acusan a los aliados de Washington de no asumir su parte del coste. Sus palabras llegan en un momento clave para la arquitectura de seguridad occidental, con Estados Unidos dividido sobre el apoyo a Kiev y Europa tratando de reforzar su autonomía militar ante una Rusia que sigue siendo percibida como amenaza estratégica.

Blinken también subrayó otro punto habitualmente olvidado en el debate político estadounidense: buena parte del dinero aprobado para Ucrania no salió directamente del país, sino que se gastó dentro de Estados Unidos. “Gran parte del dinero que gastamos en Ucrania se gastó en realidad aquí en Estados Unidos, ya sea para comprar sistemas de armas para ellos o para reponer los sistemas que les dimos”, explicó. Con esa frase, el exsecretario de Estado defendió que la ayuda militar a Kiev no solo sostuvo la resistencia ucraniana frente a Rusia, sino que también alimentó la industria de defensa estadounidense, sostuvo empleos y permitió renovar arsenales propios.

Ucrania como inversión, no como carga

El argumento de Blinken intenta cambiar el marco del debate. Frente a la idea de Ucrania como una carga presupuestaria, el exsecretario de Estado la presenta como una inversión estratégica: en la seguridad europea, en la credibilidad de Estados Unidos y en la propia base industrial norteamericana. Ese razonamiento encaja con los datos del Ukraine Support Tracker del Instituto de Kiel, que cuantifica desde 2022 la ayuda militar, financiera y humanitaria comprometida por 41 países y las instituciones europeas, y que ha mostrado en los últimos años un peso creciente de los socios europeos en el apoyo a Kiev.

La defensa de Blinken tiene además una dimensión política interna. Trump y su entorno han utilizado la guerra de Ucrania para reforzar un discurso de repliegue nacional: menos ayuda exterior, más presión sobre Europa y una lectura de las alianzas como transacciones en las que Washington siempre paga de más. Blinken responde desde el enfoque contrario: los aliados sí han aportado, la ayuda no ha sido un cheque en blanco y el coste de no frenar a Rusia podría ser mucho mayor para Estados Unidos y para Europa.

La frase sobre el dinero gastado en suelo estadounidense también busca desactivar el argumento del “despilfarro exterior”. Parte de los paquetes de ayuda militar aprobados por Washington consisten en enviar material ya existente a Ucrania y después reponerlo mediante compras a empresas estadounidenses. Eso significa que el gasto acaba financiando producción, mantenimiento y empleo en la industria de defensa de EEUU. Para Blinken, presentar esa ayuda como dinero “regalado” a Kiev oculta deliberadamente cómo funciona el circuito real de los fondos.

El debate no es menor. Desde el inicio de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022, Ucrania ha dependido de la ayuda militar occidental para sostener su defensa. Pero el apoyo a Kiev se ha convertido en un campo de batalla político dentro de Estados Unidos, especialmente entre quienes consideran que Washington debe concentrarse en sus problemas internos y quienes sostienen que permitir una victoria rusa debilitaría todo el sistema de alianzas construido tras la Segunda Guerra Mundial.

Los drones ucranianos entran en el futuro de Europa

Blinken fue más allá del debate financiero y presentó a Ucrania como un futuro contribuyente a la seguridad europea. “Ucrania está a punto de convertirse en un importante contribuyente al futuro de Europa”, afirmó. Según el exsecretario de Estado, lo que está ocurriendo en la industria de defensa ucraniana es “extraordinario”, especialmente en el campo de los drones, los vehículos autónomos y las tecnologías militares de bajo coste probadas directamente en el campo de batalla.

La guerra ha convertido a Ucrania en uno de los laboratorios militares más avanzados del mundo. Sus fuerzas armadas han desarrollado y adaptado drones, sistemas de guerra electrónica, vehículos no tripulados y herramientas de inteligencia artificial a una velocidad que ha sorprendido a muchas capitales occidentales. Blinken resumió esa transformación con una idea clara: los ucranianos “van muy por delante en drones y vehículos autónomos de todo tipo”, y esas tecnologías acabarán integrándose en la defensa de Europa.

Esa afirmación ya empieza a verse en la práctica. En los últimos meses, Ucrania ha multiplicado sus contactos con socios europeos y de otras regiones para compartir tecnología, experiencia de combate y soluciones contra drones. El Ministerio de Defensa ucraniano ha destacado que la cooperación con la OTAN y la plataforma tecnológica Brave1 busca escalar soluciones ucranianas ya validadas en combate hacia estándares interoperables con la Alianza Atlántica, especialmente en el ámbito contra drones.

La dimensión industrial es clave para entender el nuevo papel de Kiev. Durante la primera fase de la guerra, Ucrania aparecía sobre todo como receptor de armas occidentales. Ahora, cada vez más gobiernos europeos miran a su industria de defensa como fuente de innovación. La experiencia acumulada frente a ataques rusos, drones iraníes tipo Shahed y sistemas de guerra electrónica ha dado a los fabricantes ucranianos una ventaja difícil de replicar en laboratorios alejados del frente. Reuters ha informado recientemente de propuestas ucranianas de cooperación en drones con países como Finlandia y Baréin, muestra de que Kiev intenta convertir su experiencia bélica en una nueva diplomacia tecnológica.

El giro tiene una lectura estratégica para Europa. Si Ucrania se integra de forma estable en la arquitectura de defensa europea, dejará de ser únicamente un país protegido por Occidente para convertirse en un proveedor de capacidades militares, experiencia operativa y tecnología adaptada a la guerra moderna. Ese es el punto que Blinken quiso subrayar: el apoyo a Kiev no solo evita una derrota ucraniana, sino que puede fortalecer la defensa europea frente a amenazas futuras.

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