La izquierda europea empieza a mover ficha contra Ursula von der Leyen. Las declaraciones realizadas este lunes por la presidenta de la Comisión Europea, en las que defendió que la Unión debe prepararse para un escenario internacional cada vez más conflictivo, han desatado una ola de críticas en Bruselas y han reactivado el debate sobre una posible moción de censura contra su Ejecutivo.

Tal y como apunta 'Infolibre', aunque la iniciativa aún no está formalmente registrada, varios grupos parlamentarios reconocen que ya se están produciendo contactos para medir apoyos ante lo que consideran una peligrosa deriva belicista de la política exterior comunitaria.

Las palabras de Von der Leyen se produjeron durante un discurso ante el cuerpo diplomático europeo en Bruselas, donde afirmó que el viejo orden internacional basado en reglas “ya no existe” y que Europa debe adaptarse a un mundo más duro e inestable. La dirigente alemana defendió además una política exterior “más realista” y alineada con los intereses estratégicos de la Unión en un contexto marcado por la escalada de conflictos internacionales.

Ese planteamiento ha sido interpretado por numerosos sectores políticos como un respaldo implícito a la escalada militar que atraviesan distintas regiones del planeta, especialmente tras la reciente intensificación de la tensión en Oriente Próximo. Las críticas no tardaron en llegar tanto desde el Parlamento Europeo como desde varios gobiernos nacionales.

Fracturas dentro de las instituciones europeas

Uno de los gestos más significativos llegó desde el propio corazón de las instituciones comunitarias. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, se desmarcó públicamente del discurso de Von der Leyen al reivindicar la necesidad de que la Unión Europea siga defendiendo el orden internacional basado en normas y el respeto al derecho internacional.

Costa defendió que abandonar ese marco supondría abrir la puerta al unilateralismo y al uso de la fuerza como herramienta habitual en las relaciones entre Estados. Su intervención evidenció una inusual discrepancia pública entre los dos máximos dirigentes del bloque comunitario.

Las distancias también han sido visibles dentro de la propia Comisión Europea. La vicepresidenta comunitaria Teresa Ribera calificó de “muy peligroso” entrar en un debate que ponga en cuestión el respeto al derecho internacional, insistiendo en que este principio debe seguir siendo una base irrenunciable para la acción exterior de la UE.

La polémica también ha llegado a las capitales europeas. En España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, respondió con claridad al planteamiento de Von der Leyen. El dirigente socialista afirmó que, aunque el mundo esté cambiando rápidamente, “los valores y principios de la Unión Europea no deberían cambiar”.

El Ejecutivo español ha defendido en los últimos días que el multilateralismo y el respeto al derecho internacional deben seguir siendo el eje de la política exterior europea, incluso en un escenario global cada vez más tensionado.

La izquierda del Parlamento Europeo estudia una respuesta

En este contexto, el malestar ha ido creciendo entre los grupos de izquierda del Parlamento Europeo. Según fuentes parlamentarias, representantes de la familia socialista, los verdes y el grupo de la izquierda europea han comenzado a debatir la posibilidad de impulsar una moción de censura contra la Comisión si la presidenta no rectifica sus palabras.

La eurodiputada Estrella Galán, del grupo de La Izquierda, calificó de “inadmisible” que la Comisión plantee una política exterior que pueda interpretarse como una renuncia al derecho internacional. En su opinión, el discurso de Von der Leyen supone “un paso más en una deriva preocupante” en la política exterior comunitaria.

La difícil aritmética para tumbar a Von der Leyen

No obstante, la aritmética parlamentaria hace que una iniciativa de este tipo tenga pocas probabilidades de prosperar. Para que una moción de censura salga adelante en la Eurocámara es necesaria una mayoría cualificada de eurodiputados, algo que difícilmente podría lograrse sin el respaldo de los grandes grupos que actualmente sostienen el equilibrio institucional europeo.

El contexto político no es nuevo para Ursula von der Leyen. Desde mediados de 2025, la presidenta de la Comisión Europea ha tenido que afrontar varias iniciativas parlamentarias destinadas a cuestionar la continuidad del Ejecutivo comunitario. Aunque las mociones de censura son un instrumento poco frecuente en la práctica institucional de la Unión Europea, en el último año distintos grupos políticos han recurrido a este mecanismo para expresar su oposición a determinadas decisiones estratégicas de Bruselas.

En términos institucionales, una moción de censura en el Parlamento Europeo es uno de los procedimientos más contundentes de control político sobre la Comisión. El proceso comienza con la presentación formal del texto por parte de al menos una décima parte de los eurodiputados. Una vez registrada, se abre un debate en el pleno y, tras un periodo de reflexión mínimo de 48 horas, se celebra la votación. Para prosperar, la iniciativa requiere una doble mayoría: dos tercios de los votos emitidos y la mayoría absoluta de los miembros de la cámara. Se trata de un umbral deliberadamente elevado, diseñado para garantizar la estabilidad institucional del Ejecutivo comunitario.

En caso de aprobarse, las consecuencias serían inmediatas. La Comisión en su conjunto —incluida su presidenta y todos los comisarios— estaría obligada a dimitir en bloque, lo que abriría un complejo proceso político para la designación de un nuevo colegio de comisarios. Este escenario no se ha producido nunca en la historia de la Unión. El precedente más cercano se remonta a 1999, cuando la Comisión Europea presidida por Jacques Santer dimitió antes de someterse a una votación de censura tras un escándalo relacionado con acusaciones de mala gestión y fraude administrativo.

Durante el actual mandato, el Ejecutivo encabezado por Von der Leyen ha tenido que enfrentar varias iniciativas parlamentarias críticas, impulsadas desde diferentes flancos del espectro político europeo. Algunas han sido promovidas por sectores conservadores y euroescépticos, mientras que otras han surgido desde la izquierda de la cámara, que cuestiona determinadas orientaciones de la política económica y exterior de Bruselas.

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