Irán ya no amenaza solo con cerrar Ormuz. Ahora pone sobre la mesa el bloqueo del conjunto del golfo Pérsico. El régimen iraní avisó este lunes de que minará todas las rutas marítimas de la zona si Estados Unidos o Israel golpean su costa sur o las islas que tiene frente a ella, en una nueva escalada que acerca la crisis a un punto de ruptura más amplio. La advertencia no se limita a una fórmula de disuasión. Describe un escenario militar concreto: sembrar de minas navales los accesos y las líneas de comunicación del golfo para dejarlo, en la práctica, paralizado durante un largo periodo. El mensaje fue emitido por el Consejo de Defensa iraní tras las informaciones sobre posibles planes de Washington para atacar o bloquear la isla de Jarg, clave para las exportaciones de crudo de Teherán.

El salto es relevante porque modifica la escala de la amenaza. Hasta ahora, el centro del pulso estaba en el estrecho de Ormuz, el corredor por el que pasa una parte decisiva del petróleo mundial. Irán ya había advertido de que podía cerrarlo por completo si Donald Trump cumplía su ultimátum de reabrirlo en 48 horas o enfrentarse a bombardeos sobre infraestructuras energéticas iraníes. Ahora el aviso va más lejos. Si Washington o Tel Aviv atacan la fachada sur del país, Teherán sostiene que no se limitará a endurecer el control sobre Ormuz: extenderá el bloqueo al conjunto del golfo Pérsico. Reuters y el Wall Street Journal recogen que el tráfico en la zona ya se ha desplomado con la guerra y que Teherán solo deja pasar a determinados buques bajo coordinación con Irán.

El Consejo de Defensa iraní fue además bastante preciso al describir el método. Habló de “varios tipos de minas navales”, incluidas minas flotantes lanzadas desde la costa. También recordó el precedente de los años ochenta, cuando la retirada de unas pocas minas durante la guerra entre Irán e Irak exigió un esfuerzo prolongado y costoso. El mensaje tiene una intención clara: advertir de que una campaña de desminado no resolvería el problema en días y que el atasco marítimo podría prolongarse. No es una amenaza menor. Bloquear de hecho el golfo, junto con Ormuz, significa golpear de lleno el corazón energético de la región y multiplicar la presión sobre navieras, aseguradoras, importadores y gobiernos aliados de Washington.

Jarg pasa al centro del pulso militar

La isla de Jarg se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del mapa. Estados Unidos estudia opciones para ocupar o bloquear ese enclave para forzar a Irán a abrir por completo el estrecho de Ormuz. La semana pasada, además, Jarg ya fue bombardeada. No se trata de una isla secundaria. Es una pieza central para la salida del petróleo iraní y, por tanto, para la financiación del régimen en plena guerra. Golpearla no solo tendría valor militar. También afectaría directamente a la capacidad de Teherán para sostener el conflicto y mantener ingresos. Esa es la línea que Irán ha decidido blindar con una amenaza máxima: si el ataque llega a su costa o a sus islas, responderá haciendo mucho más caro y peligroso cualquier movimiento naval en toda la zona.

La advertencia iraní encaja con una cadena de amenazas cruzadas cada vez más amplia. Trump exigió la reapertura total de Ormuz en 48 horas y amenazó con bombardear las principales plantas eléctricas iraníes si Teherán no cedía. Irán respondió avisando de que, si Estados Unidos ataca su red eléctrica, golpeará instalaciones energéticas y plantas desalinizadoras en países del golfo que alberguen bases estadounidenses o mantengan vínculos con Washington. Esa represalia pondría en riesgo infraestructuras críticas en una región que depende de esas plantas tanto para el agua como para la electricidad. La guerra ya no se limita así a bases, radares o depósitos militares. Empieza a rozar nodos civiles esenciales.

El efecto económico ya se deja notar. El petróleo se encuentra en máximos de varios años desde el arranque de la ofensiva del 28 de febrero, mientras la Agencia Internacional de la Energía ha advertido de una amenaza “mayor” para la economía global por la pérdida de crudo y gas asociada a la guerra. El cierre parcial de Ormuz ya tensiona precios, seguros y rutas comerciales. Un minado extensivo del golfo elevaría ese daño a otro nivel. No sería solo una crisis regional. Sería un golpe directo sobre el suministro energético global, con impacto inmediato en inflación, transporte marítimo y costes industriales.

Una guerra más difícil de contener

La amenaza iraní llega, además, cuando ni Israel ni Estados Unidos dan señales claras de desescalada. Israel ha avisado de que espera todavía varias semanas de combates contra Irán y Hezbolá. En paralelo, el Washington Post informó de un refuerzo del despliegue militar estadounidense y de planes para quebrar el control iraní sobre Ormuz y Jarg. Cuanto más se acerque esa operación, mayor es el riesgo de que Teherán active una respuesta difícil de revertir en poco tiempo. El problema no es solo el primer ataque. Es lo que vendría después: una campaña de minas, escoltas navales, intentos de desminado, ataques contra buques y una región entera moviéndose al borde de una guerra marítima abierta.

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