Cuando se cumplen 20 días del ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán, sus líderes empiezan a dar señas de cuáles son las verdaderas intenciones detrás de la guerra que se ha desatado en Oriente Próximo. El conflicto ha entrado en una nueva dimensión que tiene la energía como principal foco, con infraestructuras como la iraní South Pars, el mayor yacimiento de gas del mundo destruido por los hebreos este miércoles, o la planta de Ras Laffan, en Catar, que los persas atacaron en respuesta, o varias refinarías de petróleo en el Estado de Israel. Esta deriva, que complica aún más si cabe las consecuencias económicas de la guerra en todo el planeta, confirma que, en realidad, la libertad del pueblo iraní no era exactamente el principal objetivo de Donald Trump.

Y, aunque sobre el terreno ya no se disimula que los países buscan la hegemonía del petróleo y el gas, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo confirmó este jueves, en un discurso en el que reveló sus verdaderas intenciones. El líder hebreo se dirigía a su nación, además de para atajar los rumores sobre su muerte, para hacer un parte de guerra, en el que dejó caer la posibilidad de una invasión terrestre de Irán y habló como si nada de crear oleoductos que pasen por Israel hacia Occidente y eviten el control de los países árabes.

Un movimiento que sacudiría la manera en la que se gestiona el petróleo desde hace décadas, pero que Netanyahu menciona a la ligera: "Creo que lo que se tiene que hacer es tener rutas alternativas", comenzaba. El mandatario hebreo hacía referencia a los choke points -también llamados 'cuellos de botella'-, los lugares estratégicos donde rutas, tanto marítimas como terrestres, se estrechan. El canal de Panamá, el de Suez o el estrecho de Gibraltar, son ejemplos de este término, muy empleado en geopolítica.

También lo es el Estrecho de Ormuz, la ruta del Golfo Pérsico por la que pasa el 20% del petróleo mundial, y que Irán mantiene amenazada. "En vez de ir por los choke points del Estrecho de Ormuz y el de Bab al Mandeb", en el Mar Rojo, y que es otra de las principales vías de crudo que controlan los países árabes, "para tener el flujo de petróleo, tener tuberías que oleoductos que vayan hacia el oeste, a través de la Península Arábiga, directas hacia Israel, hacia nuestros puertos del Mediterráneo", propuso Netanyahu. "Y así te has librado de los choke points para siempre", concluyó.

Netanyahu coquetea con una invasión: "No se pueden hacer revoluciones desde el aire"

En esa misma rueda de prensa, el primer ministro hebreo abrió la puerta a "un componente terrestre" en Irán, asegurando que "no se pueden hacer revoluciones desde el aire". Netanyahu asegura que uno de sus objetivos con Estados Unidos es "crear las condiciones para que el pueblo iraní recupere el control de su destino", algo que contradijo después hablando de que los oleoductos se desvíen hacia Israel. El mandatario genocida dijo también que el régimen en Irán "está siendo aniquilado", y se embarcó en un inusual pulso con Donald Trump.

Netanyahu asegura ahora que fue Estados Unidos la que inició la operación ilegal contra Irán, y que fue el republicano el que arrastró a Israel a la guerra, y no al contrario: "¿Alguien realmente cree que le puede decir al presidente Trump lo que hacer? Siempre toma sus decisiones en base a lo que piensa que es bueno para Estados Unidos y para las futuras generaciones", sostiene. Al hilo de ello, Netanyahu indicó que los "intereses" de Estados Unidos "son absolutamente claros", así como "la claridad" de sus logros, y aseguró que Trump ya dijo hace 47 años que Irán "es un peligro para Israel y para el mundo".

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