La revista Time ha publicado esta semana un extenso reportaje en el que hace un profundo análisis de cómo se dio pie a que Estados Unidos, de la mano de Israel, comenzara ofensiva militar sobre Irán que, tras los primeros bombardeos, ha derivado en uno de los climas de mayor inestabilidad internacional en años. Muestra de ello es el choque de posiciones que se está dando entre la Unión Europea y el país norteamericano, uno de los momentos que con fricciones más marcadas en mucho tiempo entre ambos, teniendo en cuenta las buenas relaciones habidas hasta ahora. 

En el reportaje, la revista Time plantea una circunstancia que se viene subrayando desde hace tiempo en la prensa, siendo esta la notable incoherencia demostrada por Donald Trump, que lejos de cumplir sus promesas de acabar con los conflictos bélicos que marcaban el planeta, ha dado lugar a la aparición de nuevas guerras. Tal es la contrariedad que se hace extraña la insistencia que mostró el pasado año para ser considerado como sólido candidato al Premio Nobel de la Paz.

La intervención en Venezuela y las ansias expansionistas sobre Cuba o Groenlandia habían marcado el inicio del 2026, dando lugar a que surgiera una gran preocupación tanto por los precedentes que se estaban sentando, alejados del respeto al derecho internacional, como por los posibles movimientos que Trump podría desarrollar en el futuro cercano. No tardó el estadounidense en volver hacer temblar el planeta, pues el conflicto abierto en Irán está derivando en importantes repercusiones económicas y poniendo en duda si se lograrán mantener los diálogos y acuerdos internacionales que habían marcado las hojas de ruta hasta ahora. 

Mar-a-Lago, donde todo nace

Sí, aunque pueda resultar llamativo, el impulso definitivo a la operación militar sobre Irán estuvo en la residencia de ocio de Trump. No solo allí, sino que se dio el visto bueno a comenzar la ofensiva mientras en la casa se celebraba una fiesta. Mientras en una sala los invitados brindaban, bailaban y se reían, el presidente estadounidense, en otra, compartía despacho con altos mandos militares y tomaba la decisión de volver a poner patas arriba el mundo. Aquello fue el 27 de febrero, solo unas semanas antes había dado instrucciones a oficiales militares para que elaboraran planes operativos para un ataque conjunto, coordinado estrechamente con Israel.

En aquella fiesta celebrada en la casa de Mar-a-Lago, funcionarios de inteligencia estadounidenses informaron a Trump de que creían haber localizado al el ayatolá Ali Jamenei. Tal y como relata la revista Time, al político republicano no le convencían las reuniones que su Ejecutivo había mantenido en Ginebra con el Gobierno de Irán para tratar de calmar las aguas. Desconfiando de los iraníes, sospechaba que desde Teherán estuvieran preparando un ataque contra EEUU. Al enterarse de que Khamenei podía estar localizado, Trump dio el visto bueno a iniciar la ofensiva.

"Operación Furia Épica", así, bajo un nombre que bien podría parecer una producción de Hollywood, se movilizaron misiles y drones en coordinación con Israel para atacar cientos de instalaciones militares iraníes: baterías de misiles, buques de guerra, sistemas de defensa aérea y centros de comando. Los ataques acabaron con el principal objetivo de Trump, el ayatolá, pero también provocaron la muerte de cientos de inocentes, siendo muchos de ellos niñas de una escuela. A partir de ahí, conocido es lo que ha venido ocurriendo, al responder Irán con ataques a países aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

El ataque conjunto con Israel: bastaron solo dos reuniones con Netanyahu para ponerse de acuerdo

En el reportaje, la revista Time recuerda ningún otro presidente estadounidense en las últimas décadas ha dirigido ataques a tal cantidad de países en tan poco tiempo. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha autorizado ataques en ocho países, tres de los cuales nunca antes habían sido blanco directo de las fuerzas estadounidenses. Solo en 2025, promovió más ofensivas aéreas que su predecesor en cuatro años.

El último movimiento militar lo desarrolló de manera conjunta con Israel. Trump y Netanyahu alcanzaron el consenso de pulsar el botón de la guerra tras solo reunirse en dos ocasiones, aunque estos encuentros tuvieran lugar con un año de diferencia. El 4 de febrero de 2025, el primer ministro israelí visitó la Casa Blanca por primera vez desde que el republicano volviera a la presidencia estadounidense. En aquella ocasión Irán ya estuvo sobre la mesa, pues Netanyahu le indicó que había una conspiración para asesinar a Trump. Aquello y las menciones al programa militar de armamento nuclear iraní dejó un rum rum detrás de la oreja al presidente de Estados Unidos.

Antes de que volviera a tener lugar un encuentro entre Trump y Netanyahu, en el verano del pasado año tuvo lugar la "Operación Martillo de Medianoche", un ataque contra tres de los emplazamientos nucleares más importantes de Irán. Hubo respuesta en aquel momento, pero fue escasa e interceptada por EEUU.

No obstante, después de aquello no solo se produjeron otros episodios de tensión sino que, también, los iraníes salieron a las calles para manifestarse contra el régimen opresor, el cual asesinó a miles de ellos. En aquel momento, Trump se posicionó de parte de los protestantes y amenazó con intervenir si no cesaban los asesinatos. Aquello ya comenzó a tornarse en punto de inflexión, el cual se alimentó con informes de los servicios de inteligencia estadounidenses. 

Según narra Time, el 11 de febrero, Netanyahu regresó a Washington para una reunión con Trump, un encuentro que los participantes describieron como inusualmente serio. No hubo las bromas habituales de Trump ni comentarios teatrales. Durante tres horas, ambos hombres permanecieron sentados juntos en la Casa Blanca, trabajando en planes operativos y los parámetros de una campaña coordinada. Aquello derivó en el ataque posterior que iniciaría la actual guerra.

Temor a que Trump se convierta en la reencarnación de Bush

La escalada militar contra Irán también ha reavivado un temor creciente entre analistas y parte del propio campo conservador estadounidense, siendo este que Donald Trump termine siguiendo una senda similar a la de George W. Bush tras los atentados del 11-S. El paralelismo no es menor. Así, Time subraya que durante su carrera política, Trump construyó buena parte de su identidad sobre el rechazo a las “guerras eternas” en Oriente Próximo y criticó con dureza la invasión de Irak de 2003. Sin embargo, la actual confrontación con Teherán ha puesto en cuestión ese relato.

La operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, incluido el ataque que acabó con el líder supremo Ali Jamenei, ha supuesto un salto cualitativo en la implicación estadounidense en la región. Muchos expertos temen que la lógica de la escalada pueda arrastrar a Washington a un conflicto cada vez más amplio, con objetivos que van desde destruir las capacidades militares iraníes hasta influir en el futuro liderazgo del país.

Ese escenario recuerda, para algunos observadores, a la dinámica que siguió la guerra de Irak: una intervención presentada como limitada que acabó transformándose en un proyecto de cambio de régimen y reconstrucción política. La posibilidad de que Trump termine encarnando una versión contemporánea del intervencionismo de Bush inquieta tanto a críticos demócratas como a sectores del propio movimiento “America First”, que ven en la guerra con Irán una ruptura con la promesa original de evitar nuevos conflictos en Oriente Próximo.

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