Estados Unidos e Irán vuelven a explorar una salida diplomática al conflicto después de semanas marcadas por el bloqueo de las negociaciones, las sanciones económicas y la tensión en el estrecho de Ormuz. Los movimientos registrados en los últimos días han alimentado las expectativas sobre un posible acuerdo, aunque por ahora no existe ninguna confirmación de que Washington y Teherán estén a punto de firmar una paz definitiva.
El principal impulso procede de Pakistán, que ha intensificado su papel como intermediario entre ambas partes. El jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, viajó esta semana a Teherán después de haber hablado previamente con el presidente estadounidense, Donald Trump. Según fuentes citadas por Reuters, una de las principales peticiones de Washington era precisamente que Islamabad utilizara su influencia sobre Irán para intentar devolver a Teherán a la mesa de negociaciones.
El resultado de esos contactos ha elevado el optimismo. El ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi, aseguró que las conversaciones mantenidas en Teherán habían permitido conseguir “avances significativos” hacia una solución negociada. Entre los asuntos abordados estuvieron la reducción de la escalada regional, la situación en el estrecho de Ormuz y la posibilidad de acelerar el final de las hostilidades.
Sin embargo, el alcance exacto de esos avances sigue siendo una incógnita. Ni Estados Unidos ni Irán han anunciado un acuerdo político definitivo, tampoco existe una fecha conocida para una firma y Washington no ha confirmado públicamente que haya comenzado una nueva ronda formal de conversaciones directas con Teherán. Esa distancia entre los movimientos diplomáticos reales y las expectativas generadas obliga a tratar con cautela las versiones que presentan la paz como prácticamente cerrada.
Pakistán abre una puerta que Washington y Teherán todavía no atraviesan
La mediación paquistaní no surge de la nada. Islamabad lleva meses intentando reconstruir un canal de diálogo entre Estados Unidos e Irán. Ya en julio, se informó de los esfuerzos de Pakistán para propiciar la reanudación de unas conversaciones que habían quedado estancadas, dentro de una iniciativa en la que también había intervenido China.
El viaje de Munir a Teherán supone, no obstante, un salto cualitativo. El hecho de que el dirigente militar paquistaní hablara con Trump antes de reunirse con las autoridades iraníes refuerza la idea de que Islamabad está funcionando como transmisor de mensajes entre ambos gobiernos. Teherán ha reconocido además públicamente el papel de Pakistán como mediador en los esfuerzos destinados a devolver estabilidad a la región.
Irán tampoco ha cerrado completamente la puerta. Su Gobierno ha transmitido que podría estar dispuesto a reanudar las conversaciones de paz, aunque vinculando ese regreso a cambios en la política estadounidense, particularmente en materia de sanciones. La disposición al diálogo existe, pero sigue acompañada de condiciones que Washington no ha aceptado públicamente.
En paralelo, otro movimiento diplomático ha despertado expectativas en los mercados internacionales. Irán y Omán han retomado las conversaciones sobre la gestión del estrecho de Ormuz y han planteado la creación de un corredor temporal conjunto para la navegación, acompañado de trabajos destinados a retirar minas y facilitar el tránsito marítimo.
La noticia tuvo efectos inmediatos sobre los mercados energéticos. Los precios del petróleo cayeron ante la expectativa de que una eventual reapertura progresiva de Ormuz alivie las dificultades para el transporte de crudo y gas. El mercado está interpretando los movimientos diplomáticos como una señal de disminución del riesgo de una nueva escalada militar, aunque el tráfico marítimo continúa muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto.
La Administración Trump también ha comenzado a devolver personal a algunas de sus representaciones diplomáticas en Oriente Medio después de las evacuaciones y reducciones de plantilla provocadas por la guerra. La decisión puede interpretarse como otra señal de que Washington percibe una menor probabilidad inmediata de una escalada regional de grandes dimensiones.
Las sanciones enfrían el relato de una paz a punto de firmarse
Los indicios favorables a la diplomacia conviven, sin embargo, con señales en la dirección opuesta. Estados Unidos acaba de ampliar considerablemente las sanciones contra Irán, incluyendo a decenas de personas, empresas, embarcaciones y entidades relacionadas con la economía iraní. Washington pretende incrementar el aislamiento económico de Teherán y mantener la presión sobre sus programas nuclear y de misiles.
Irán ha respondido denunciando las medidas estadounidenses y asegurando que resistirá la presión económica. Teherán también ha advertido de represalias en caso de nuevos ataques contra sus infraestructuras. La combinación de negociaciones indirectas y nuevas sanciones demuestra que las dos partes continúan utilizando simultáneamente la diplomacia y la presión como instrumentos de negociación.
La situación en Ormuz también dista de estar normalizada. Aunque Trump aseguró esta semana que las minas situadas en aguas internacionales habían sido retiradas, el presidente estadounidense acompañó ese anuncio de una advertencia a Irán: cualquier embarcación que tratara de colocar nuevos artefactos sería destruida.
Además, los datos de navegación conocidos este miércoles muestran que el tráfico de mercancías por el estrecho permanece limitado. Solo cinco barcos de transporte de materias primas cruzaron Ormuz el martes, una cifra muy inferior al promedio reciente. Eso convierte el posible corredor pactado entre Irán y Omán en un avance importante, pero todavía insuficiente para hablar de una vuelta a la normalidad.
Las dificultades explican por qué conviene diferenciar entre una reactivación diplomática y un acuerdo de paz. Washington y Teherán han recorrido este camino en otras ocasiones durante los últimos meses y las conversaciones han terminado bloqueadas por las diferencias en torno a las sanciones, el programa nuclear iraní y las condiciones para detener definitivamente las hostilidades.
La actual ofensiva diplomática puede resultar más prometedora porque coincide con varios movimientos simultáneos: Pakistán actúa como mediador, Omán negocia directamente con Irán sobre Ormuz y Washington parece reducir parcialmente algunas medidas extraordinarias adoptadas por temor a una escalada. El escenario es claramente más favorable al diálogo que hace unas semanas, pero ninguna de esas señales equivale todavía a un pacto definitivo.
La verdadera noticia, por ahora, está en el cambio de dinámica. Después de meses dominados por la confrontación, Washington y Teherán parecen volver a probar la vía diplomática, aunque lo hagan a través de intermediarios y mientras mantienen intactos buena parte de sus instrumentos de presión. El éxito de la mediación paquistaní y las conversaciones sobre Ormuz determinarán si ese movimiento acaba convirtiéndose en el primer paso hacia un acuerdo estable o si se suma a la larga lista de intentos fallidos de cerrar el conflicto.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.