Isabel Díaz Ayuso ha construido su trayectoria política – o buena parte de ella – sobre una figura aparentemente capacitada para escoger el terreno de batalla y rentabilizarlo al máximo. Pedro Sánchez, el Gobierno central o la izquierda han sido dianas de los ataques de la lideresa madrileña en sus apariciones públicas. Sin embargo, algo ha cambiado este verano en la Puerta del Sol. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha tenido que dedicar más tiempo del habitual, aunque de aquella manera, a responder a cuestiones de su propia administración o vinculados a su gestión que, al mismo tiempo, han abierto brechas inimaginables hasta la fecha.
Los incendios que asolaron la Sierra Oeste de la región el pasado mes de julio obligaron a Ayuso a concentrar su actividad en una emergencia que provocó evacuaciones - auxiliada a petición propia por el Estado – y un runrún en el Partido Popular de Madrid que se contagió hasta la dirección nacional de la formación. No fue el único lunar estival para la lideresa, pues apenas se rebajó aquella presión, apareció el terremoto inmobiliario, acentuado por la compra de un ático en Chamberí a través de la empresa pública Planifica Madrid. Un gasto de 6,3 millones de euros que ha coleccionado justificaciones y excusas, pero no explicaciones por parte del Gobierno regional. Episodio que provocó una vorágine de críticas en la oposición y acrecentó el malestar en Génova.
De hecho, la reacción de la cúpula del Partido Popular se alejó de esa protección a uno de sus principales activos políticos. La cautela tomó se apoderó de las intervenciones públicas de los diversos miembros de la dirección nacional. Mientras tanto, en privado, las opiniones suben de tono hasta el punto de dar a Ayuso por amortizada. No hay, sin embargo, indicios de una ruptura clara con Alberto Núñez Feijóo. Tampoco maniobras que apunten a eventuales movimientos para disputar su liderazgo en la sucursal madrileña. Pero sí ha habido un cambio de estrategia tangible: nadie pone el pecho para cerrar filas por la polémica operación inmobiliaria.
De los incendios…
La primera gran crisis llegó tras los incendios. No sólo en términos de gestión previa de los incendios, que quedaron al descubierto, sino también en la acumulación de frentes abiertos como los enfrentamientos del Gobierno regional con los bomberos forestales. Pequeños granos que contribuyeron a que la montaña de arena creciera. Si bien Ayuso abandonó la confrontación política de manera momentánea – refriega con Óscar Puente mediante -, la administración de la emergencia resquebrajó la figura de la lideresa.
La situación se le fue de las manos y no sólo por reclamar la ayuda del Gobierno central. Según informó entonces El Constitucional, la dirección nacional del Partido Popular tuvo que tutorizar los pasos de las presidenta para salir de la crisis. Golpe de realidad para una Ayuso que también tuvo que hacer frente a las críticas de alcaldes y responsables municipales del PP de Madrid que cuestionaron algunas de sus decisiones. Todo ello, mientras la oposición le reclamaba las lagunas de su agenda política sobre la prevención de incendios. Por primera vez, la imagen de dama de hierro se rompió.
… al escándalo del ático
Con la emergencia de los incendios prácticamente sofocada, nuevas llamas amenazaban la zona noble de la Puerta del Sol. Apareció entonces la polémica inmobiliaria. El País publicaba que la empresa pública Planifica Madrid había comprado un ático en Chamberí de 485 metros cuadrados por un montante de 6,3 millones de euros. Una operación cerrada el pasado mes de abril entre bambalinas y que desembocó en un fuerte escándalo del que Ayuso trata de rehuir sin apenas explicaciones.
El Gobierno autonómico trató de escapar de la quema mediática presentando la adquisición como una solución temporal para que la Presidencia pudiera trabajar mientras durasen las obras de la Real Casa de Correos, sede del poder regional. Sin embargo, esa justificación abría un nuevo frente, máxime cuando nadie había informado sobre la adjudicación de ningún proyecto para tal empresa. Algo que llegaría poco después, prácticamente de manera simultánea a la puesta en el mercado del ático de la discordia, cuyos beneficios se destinarían a las poblaciones afectadas por los incendios.
Pese a la riada de justificaciones, la polémica no se cerró y florecieron las dudas sobre el procedimiento, la necesidad de la adquisición y el uso previsto para el inmueble. La oposición vio una ventana de oportunidad para trastocar la imagen de la presidenta regional, trasladando el asunto a los tribunales. Y es que un juzgado de Madrid recibió varias denuncias vinculadas a la compra del inmueble.
Un hilo conductor que guía la polémica hacia Planifica Madrid, la empresa pública que adquirió la vivienda. Fue entonces cuando trascendió que se exigió confidencialidad al vendedor antes de visitar el inmueble, según publicó eldiario.es. Otro episodio que inflamó la política regional y entregó más material a PSOE, Más Madrid y Vox para reclamar nueva documentación y explicaciones sobre una operación que continuará con vida cuando se reactive la actividad parlamentaria.
Génova deja de ser un escudo
Una concatenación de golpes que han agitado también el avispero a nivel interno. En Génova, la reacción ha resultado más políticamente significativa que las críticas de la oposición. La dirección nacional aseguró haberse enterado de la adquisición de la compra a través de los medios y se remitió a las vagas explicaciones ofrecidas por el Gobierno regional. A diferenciade otras ocasiones, optaron portomar distancia del procedimiento dejar que fuera Sol quien justificara las maniobras.
Distintas informaciones han recogido además críticas de dirigentes populares. Algunos calificaron la operación de “error”, mientras Cayetana Álvarez de Toledo reconoció públicamente que no terminaba de entender lo ocurrido. Nada de ello permite hablar de una rebelión interna. Ayuso conserva un control firme sobre el PP madrileño y no existe constancia de movimientos organizados para cuestionar su posición. Sí, en cambio, según avanzó El Constitucional, se inició una caza de brujas en busca del topo que filtró la operación. La reacción, no obstante, sí introduce un matiz poco frecuente y es que la dirección nacional no ha querido asumir automáticamente el coste de defender cada decisión tomada desde Madrid.
Ofensiva contra Moncloa
En medio de toda esa vorágine, la presidenta de la Comunidad de Madrid trata de aferrarse a uno de sus registros habituales para rebajar la inflamación de los escándalos. Mientras crecía la presión por el ático, Ayuso ha vuelto a intensificar uno de sus choques con el Gobierno central a raíz de la crisis de Ceuta. De hecho, la emergencia migratoria ha ocupado buena parte de sus intervenciones públicas en las últimas semanas, tratando de orillar y esquivar la polémica del ático.
El 30 de julio llegó a escribir que Sánchez “permite la invasión de España por Ceuta para intentar ocultar todos sus juicios”. Días después volvió a situar la inmigración y la política fronteriza en el centro de sus intervenciones, mientras evitaba profundizar en las preguntas sobre el ático durante una comparecencia relacionada con los incendios.
Una coincidencia temporal que arroja lecturas de diversa índole, aunque la más repetida es la reconducción de su actividad política hacia el terreno que más rentabilidad le ha dado desde su llegada a la Puerta del Sol.
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