La escalada bélica en Irán ha empezado a trasladarse al mercado residencial español con una consecuencia directa: la vivienda nueva puede volver a encarecerse. El sector promotor ha asumido que el conflicto ha elevado la incertidumbre sobre los costes de construcción y que esa presión terminará llegando al comprador final. Según publicó ElPaís, un consejero delegado de una gran promotora residencial calculó que la guerra sumará “alrededor de dos o tres puntos” a las previsiones de costes que ya manejaba su empresa.
El trasfondo ha sido energético. La tensión geopolítica en Oriente Medio ha golpeado al petróleo, al gas y a la logística internacional, y eso ha impactado en una actividad especialmente sensible a esos factores como la construcción. El artículo ha explicado que los futuros del Brent habían subido más de un 40% desde el inicio del ataque a Teherán, con picos de hasta el 55%, y que el barril cerró por encima de los 100 dólares.
La construcción, atrapada entre energía, materiales y transporte
La preocupación del sector no se ha limitado al carburante. Distintos expertos han advertido de que el encarecimiento energético repercutirá en materiales básicos como acero, aluminio, cemento o cerámica, todos ellos intensivos en consumo de energía. Carlos Smerdou, consejero delegado de Foro Consultores Inmobiliarios, ha señalado que ese impacto puede traducirse en “incrementos de dos o tres puntos porcentuales” en las zonas con mayor tensión por falta de oferta.
La consultora Gloval ha estimado que, si el conflicto se extendía a medio plazo, los costes de construcción podían elevarse alrededor de un 10%. Asprima, por su parte, ha calculado que una subida de esa magnitud en las obras implicaría unos cinco puntos adicionales en el coste total de promoción. Cinco Días ha añadido que, en este contexto, el sector daba prácticamente por hecho que una parte relevante de ese sobrecoste acabaría repercutiéndose en el precio final de venta.
La lógica empresarial ha sido clara: los márgenes del promotor y del constructor ya se encontraban muy ajustados, y absorber nuevos incrementos sin trasladarlos al mercado resultaba cada vez más difícil. Ignacio Moreno, consejero delegado de Aurora Homes, ha resumiado esa idea al asegurar que el incremento de costes se trasladará al precio “en la medida en que la demanda pueda absorberlo”.
Las promociones que ya estaban muy avanzadas o con materiales comprados no deberían sufrir grandes alteraciones en sus precios de venta este año. Sin embargo, las viviendas que se entreguen en 2027 y, sobre todo, en 2028 sí han quedado bajo mayor riesgo de revisión al alza. Cinco Días ha recogido el testimonio de otro directivo del sector que preveía que los nuevos contratos de obra firmados en 2026 incorporarán aumentos del 8% al 10%, frente a un encarecimiento cercano al 5% registrado en 2025.
Atlas Real Estate Analytics ha aportado además una estimación más técnica: con el incremento actual del coste de la energía, el alza derivada en los costes de construcción puede alcanzar el 3,2%, y el traslado al precio de la obra nueva se movería entre el 0,9% y el 1,34% en un plazo de 12 a 18 meses. Según ese análisis, la transmisión no será instantánea, pero sí persistente.
Oferta limitada y riesgo de nuevos retrasos
El problema no se ha reducido solo a pagar más. El sector también ha avisado de que la incertidumbre puede frenar el inicio de nuevas promociones. La dificultad para cerrar presupuestos entre promotores y constructoras, unida a la escasez de mano de obra y al temor a firmar precios cerrados en un contexto tan volátil, ha complicado la puesta en marcha de proyectos. Pedro Fernández Alén, presidente de la CNC, ha advirtido que el constructor no sabe cuánto le costarán realmente los materiales y ha cuestionado quién puede comprometer ahora un presupuesto sin saber cuánto durará la guerra.
Metrovacesa y APCEspaña han coincidido en el mismo diagnóstico: si el conflicto se prolonga, aumentará la presión sobre materias primas, inflación y tipos de interés, lo que puede tensionar la viabilidad de nuevos proyectos y reducir aún más la oferta de vivienda.
Ese escenario llegaría, además, en un mercado ya muy tensionado. elPaís ha recordado que el precio de la vivienda nueva subió un 11,3% interanual en 2025, después de haber avanzado un 10,9% el año anterior, según datos del INE. Antes del conflicto, el sector esperaba una moderación para 2026, con incrementos cercanos al 5%, pero la guerra alteró esas previsiones.
La crisis no solo ha amenazado al ladrillo por el lado de la oferta. También ha presionado la financiación. El mismo artículo ha señalado que el conflicto podía elevar la inflación y, con ello, aumentar la posibilidad de nuevas subidas de tipos. Las promotoras y las patronales han advertido que unos tipos más altos encarecerán tanto la financiación de los proyectos como el acceso al crédito para los compradores. Eso ha dibujado una doble presión sobre los hogares: precios de compra más altos y hipotecas potencialmente más caras. En un mercado donde la capacidad de ahorro ya es uno de los grandes cuellos de botella, ese efecto puede expulsar a más demandantes hacia el alquiler, elevando aún más la tensión residencial.
Un conflicto lejano con efecto directo en el bolsillo
La guerra en Irán ha dejado de ser solo un factor geopolítico para convertirse en una amenaza tangible para el acceso a la vivienda en España. El sector ha advertido de que el encarecimiento de la energía y de los materiales no solo elevará los precios de la obra nueva, sino que también puede retrasar promociones y reducir la oferta futura.
En un mercado ya castigado por la escasez, la demanda embalsada y el encarecimiento acumulado de los últimos años, el nuevo shock externo ha añadido otra capa de presión. Y esa presión, según han admitido abiertamente los propios promotores, terminará llegando al comprador.