El “nuevo marco negociador” en el que se sitúan las negociaciones entre el Partido Popular y Vox en Extremadura y Aragón y los constantes desprecios de la extrema derecha a los de Alberto Núñez Feijóo han supuesto un balón de oxígeno a Moncloa.

El PSOE estaba viendo cómo las derechas salían triunfadoras en las dos últimas autonomías en las que ha habido elecciones, con una ultraderecha envalentonada mientras los ‘populares’ intentaban rentabilizar esta suerte de victoria amarga mirando ya a los comicios generales. Sin embargo, Génova parece a merced de los de Santiago Abascal, y en las filas socialistas lo saben.

Con un escenario dibujado con esas derrotas y una izquierda a la izquierda del PSOE que se mueve entre dos aguas, Ferraz y Moncloa asisten a un espectáculo del que confían salir reforzados, con Vox y el PP como protagonistas representados en una suerte de monstruo de dos cabezas.

Y es que, cada vez por más momentos, resulta complicado diferenciar a un partido del otro. El expresidente de la Xunta de Galicia, en lugar de buscar las diferencias con la formación que se sitúa más a su derecha, ha hallado puntos de encuentro hasta el extremo de muchas veces mimetizarse y parecer uno solo.

De este modo, ante la imposibilidad de marcar distancia con los ultras, éstos sí que han sido capaces de hacerlo. Así, situándose como la única derecha válida han podido tener al PP a su merced.

Más allá de que terminen alcanzando los acuerdos, Vox mantiene donde quiere al PP, a pesar de que los conservadores han tratado de postularse como ‘poli malo’, planteando exigencias que, no obstante, no suenan demasiado bien a sus socios. Con estas palabras lo defendió, de hecho, el propio Abascal: “Me suena mal porque me parece que cuando se habla de lo obvio en el marco de un acuerdo con Vox, probablemente se está ofendiendo a alguien”.

El responsable ultraderechista no ha dejado a un lado la sorpresa con el documento propuesto por el Partido Popular, y lo ha llegado a tachar de “insulto a sus propios dirigentes autonómicos”; una “falta de confianza”. “Que pongan un marco como si estuvieran pactando con salvajes y pretendiendo domar a Vox, es algo que creo que no es correcto. Supone empezar con mal pie y lo tengo que decir públicamente. Yo no puedo engañar a nadie”, enfatizaba esta semana.

En el Gobierno saben la debilidad del PP y lo caro que le puede salir seguir juntándose con la extrema derecha, pero tampoco parece que les quede otra opción en el seno de un marco en el que muchos ven similitudes -no por la condición de los partidos- incluso con el momento en que el se hablaba de sorpaso de Podemos a los socialistas.

Feijóo baila al son de Abascal

Hizo falta el paso de unas horas para que Feijóo reculase después de las críticas. Señaló que el escrito, que no cayó nada bien en Bambú, era un documento interno para su partido y que el único objetivo pasaba por “ordenar el posible acuerdo marco para dar estabilidad a los gobiernos del PP” en las distintas comunidades autónomas.

“Creo que hay un error. Ese documento no es para Vox, es para ordenar el posible acuerdo marco para dar estabilidad a los gobiernos del Partido Popular. Es un documento para el Partido Popular, no es un documento para Vox. Yo creo que ha habido un problema de interpretación”, dictaminó.

Manteniendo esa línea, lanzaba la pulla a la formación que ha resultado gran vencedora de los últimos comicios considerando que “no creo que un partido político deba de molestarse porque yo mande un documento a los presidentes autonómicos de mi partido”.

Ester Muñoz, portavoz ‘popular’ en el Congreso, usó el cruce de reproches como arma arrojadiza contra las siglas progresistas. “Que no se crea -Vox- las etiquetas de la izquierda”, pidió. Asimismo, señaló que es un texto “genérico con unas primeras reglas” que “a nadie puede molestar”.

En una rueda de prensa en el Congreso, tras la reunión de la Junta de Portavoces, Muñoz admitía que le han "sorprendido" las palabras del líder de Vox. "Entiendo que el señor Abascal no viene del mundo del derecho, pero todos los que nos hemos dedicado al derecho sabemos perfectamente que un documento con una propuesta es precisamente el embrión de lo que puede ser una negociación", dijo, para añadir que "a nadie le pueda parecer de salvajes entregar un documento con propuestas y un documento propositivo".

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