La propuesta que Junts lanzó la semana pasada en el Congreso sorprendió a todos. Durante la comparecencia en la que Pedro Sánchez debía responder por los casos de corrupción que afectan al PSOE, la portavoz de la formación independentista, Míriam Nogueras, planteó nada menos que la 'vía Starmer': que el presidente renunciara al cargo sin convocar elecciones y que el Parlamento eligiera a otro candidato, socialista o no, que fuera capaz de reunir la misma mayoría que permitió su investidura.

El bautismo de esta vía hace referencia al reciente relevo anunciado en el Reino Unido, donde el primer ministro Keir Starmer dejará previsiblemente el liderazgo en manos de Andy Burnham después de una caída histórica de su popularidad y credibilidad entre los ciudadanos. Sin embargo, la idea no surgió de forma improvisada. En Junts llevaban meses valorando distintas fórmulas para exigir responsabilidades políticas a Sánchez sin facilitar un cambio de Gobierno que pudiera abrir la puerta a una alianza entre el PP y Vox y sin dejarse caer a sí mismos en las garras de la moción de censura. Ya en abril, los independentistas habían reclamado elecciones anticipadas, y con el paso de los meses han ido abogando por otros mecanismos como la cuestión de confianza o la salida del presidente sin necesidad de disolver las Cortes ni interrumpir la legislatura. El objetivo era señalar el fracaso político que consideran que ha supuesto el actual Ejecutivo sin favorecer una alternancia que consideran aún menos deseable de la mano de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal.

Inicialmente, el planteamiento se articulaba en torno a la idea de que Sánchez debía "apartarse". La coyuntura británica permitió simplificar el mensaje y hacer un símil a la española, naciendo así una propuesta que también sirve para clarificar la posición política de Junts en un momento en el que había dudas sobre la misma, marcadas por su disposición a coincidir en algunas votaciones con la derecha parlamentaria y por ciertos gestos de acercamiento procedentes del Partido Popular. En los últimos días, varios dirigentes populares han contribuido a alimentar esa percepción. El secretario general del PP, Miguel Tellado, afirmó que el independentismo ya no representa una amenaza, mientras que Alberto Núñez Feijóo defendió la necesidad de "pasar página" en Catalunya, aunque sin olvidar lo ocurrido, intentando moderar posiciones para seguir favoreciendo un acercamiento. Desde Junts, sin embargo, insisten en que no ha existido ningún tipo de contacto privado o negociación con los populares.

Momento de relevos

Al defender la denominada 'vía Starmer', la formación de Carles Puigdemont intenta separar la figura de Sánchez del futuro de la legislatura, recordando que no son un solo ente indivisible. Según expuso Nogueras, no consideran imprescindible adelantar elecciones ni poner fin al mandato parlamentario, pero sí creen que ha llegado el momento de un relevo en la presidencia del Gobierno. La portavoz evocó incluso el precedente de Artur Mas en 2015, cuando decidió dar un paso al lado para desbloquear la situación política. A su juicio, mantener a Sánchez al frente del Ejecutivo podría acabar fortaleciendo electoralmente a Vox. Aunque la propuesta pueda parecer poco materializable, encaja dentro de la estrategia que Junts ha diseñado para el tramo final de la legislatura, en el sentido de que uno de los principales objetivos del partido es marcar distancias con Sánchez, a quien consideran políticamente debilitado por la acumulación de investigaciones y polémicas, y posicionarse también en orillas alejadas del PP y Vox para no facilitar el turnismo.

Paradójicamente, Junts no ha sido especialmente agresivo en sus críticas relacionadas con la corrupción. Parte de su electorado interpreta muchos de los procedimientos judiciales contra el entorno socialista como una actuación similar a la que, en su opinión, sufrió el independentismo durante los años más intensos del conflicto territorial. Aun así, dentro de la formación creen que la sucesión de casos que afectan al entorno gubernamental, junto con la condena a 24 años de prisión impuesta al exministro José Luis Ábalos, hacen inevitable una asunción de responsabilidades políticas. Desde Junts sostienen que la renuncia de Sánchez es la única salida coherente y están convencidos de que cada nuevo episodio de tensión con los socios parlamentarios o cada nueva controversia reforzará su planteamiento.

Sin embargo, aunque la corrupción sume una muesca más en la rueda de los problemas, la distancia entre Junts y el presidente del Gobierno tiene un origen principalmente político. La pérdida de confianza acumulada durante la legislatura comenzó a acentuarse cuando los neoconvergentes empezaron a denunciar que los acuerdos de investidura que rubricaron con los del puño y la rosa no se estaban cumpliendo. En el entorno de Puigdemont consideran que el expresident asumió importantes costes políticos al facilitar la investidura de Sánchez y que ese riesgo no ha tenido una contraprestación equivalente por parte del Ejecutivo. La formación rechaza además, que el deterioro de la relación esté motivado por la situación personal de Puigdemont y la aplicación de la amnistía. Según defienden, nunca han convertido el futuro del expresident en una condición para negociar acuerdos con el Gobierno.

Las críticas se centran, en cambio, en lo que consideran una larga lista de compromisos incumplidos. Entre ellos mencionan la falta de avances suficientes para lograr la oficialidad del catalán en las instituciones europeas, la paralización de la ley contra las ocupaciones ilegales, la negativa a publicar determinados balances fiscales y las deficiencias en materia de inversión territorial, pese a que esta última cuestión cuenta con obligaciones legales respaldadas por el Consejo de Transparencia. Todo ello fueron, otrora, pactos de investidura que Ferraz se comprometió a asumir y que a posteriori cayeron en saco roto.

Incertidumbre estratégica y giros ideológicos

Desde la conclusión del procés, Junts ha atravesado distintas etapas. Desde que la militancia avaló en octubre el endurecimiento de la relación con el PSOE, esa línea política se ha mantenido estable y el partido utiliza precisamente ese argumento para justificar sus crecientes coincidencias parlamentarias con PP y Vox, aunque rechaza de forma tajante que ello implique coordinación o integración en un mismo bloque político que les posicione del lado de neoliberales y ultraderechistas.

De los neoconvergentes ha sido llamativo también el fuerte giro ideológico tomado en materias como la inmigración, aunque ahí entra otro factor: la existencia de Aliança Catalana. El crecimiento de esta formación de carácter xenófobo preocupa a los de Puigdemont en varios de sus feudos tradicionales, lo que explica también su preferencia por una eventual convocatoria de elecciones generales antes que unas municipales, donde perciben una mayor amenaza para sus intereses, y que su discurso se haya vuelto más extremo en esta materia.

Pese a todo, en Junts descartan apoyar una moción de censura contra Sánchez. De hecho, dudan incluso de que Feijóo tenga intención real de impulsarla y valoran que el PP carece de capacidad para satisfacer sus principales reivindicaciones políticas. Además, este mecanismo, de intentarse finalmente, necesitaría del respaldo de Vox para alcanzar la mayoría suficiente en el Congreso. La objeción de los juntaires no es votar junto al Partido Popular, algo que ya han hecho en diversas ocasiones, del mismo modo que anteriormente colaboraron con el PSOE al haber sido una bisagra política en muchas ocasiones. El problema radica en que cualquier alternativa viable para Feijóo pasa por la extrema derecha, una posibilidad que Junts considera inasumible. “Vox es nuestra línea roja”, repiten desde la formación.

A ello se suma una cuestión electoral reflejada en distintas encuestas: cuando se preguntó a los votantes de Junts quién preferían como presidente del Gobierno, el 39% respondió que no quería a ninguno de los candidatos planteados, mientras que el 37% se inclinó por Pedro Sánchez. Alberto Núñez Feijóo apenas obtuvo el respaldo de un ínfimo 0,8% de esos electores. Un dato que ayuda a explicar por qué las bases neoconvergentes, y por extensión, su cúpula, prefieren esta vía y consideran que una moción de censura destinada a llevar al líder popular a La Moncloa podría ser un craso error.

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