La vigente legislatura se rige por dos particularidades específicas que, combinadas, dan sentido a la causa del 23-J. La primera es que la soberanía parlamentaria, emanada del voto del pueblo español, quedó laminada por el Tribunal Supremo con su negativa a aplicar la ley de amnistía. Es decir, “el Congreso quedó sometido a la tutela de la sala segunda del alto tribunal”.
La mayoría absoluta de la Cámara invistió a Pedro Sánchez, el único candidato que se comprometió a impulsar la medida de gracia, el 16 de noviembre de 2023. Seis meses después, se aprobó el perdón. Y en julio de 2024, el Parlamento descubrió que su soberanía fue suspendida tras el veto del Supremo.
La otra singularidad de este periodo político es que los 24.688.087 votos emitidos en las últimas generales arrojaron una mayoría parlamentaria conservadora. Sin embargo, precisamente por el carácter plurinacional y la diversidad identitaria de nuestro Estado, esa mayoría (PP + Vox + Junts + PNV) no concretó investidura alguna. Es decir, “la amnistía coaguló una ajustada mayoría alternativa encabezada por Sánchez”.
La instantánea de Santos Cerdán y Carles Puigdemont en el Parlamento Europeo cristalizó en ‘los acuerdos de Bruselas’. Aquel pacto entre PSOE y Junts garantizó la tercera investidura de Sánchez, pero aseguró una inestabilidad legislativa compleja si no se cumplía con lo rubricado.
Tres años después, la agenda judicial y policial ha sustituido a la actividad parlamentaria. Informes, autos, comparecencias, imputaciones y citaciones judiciales han ido ampliando su onda expansiva hasta apenas dejar espacio fuera de la politización de la justicia. Del 'noviembre nacional' a la cuestión de confianza cuántica.
En la semana en que Alberto Núñez Feijóo y Miguel Tellado han ‘amnistiado’ al procés, la portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras, propuso a Sánchez la bautizada “vía Starmer”: echarse a un lado e investir a un nuevo líder ―no necesariamente del PSOE― que “pueda cumplir con Catalunya”.
Nogueras indicó que esta vía necesita “meditación por parte del PSOE, que tiene el poder de empujar a Sánchez a apartarse, si es que ponen por delate el país y el partido y a la figura personal de Pedro Sánchez”.
“La legislatura esta bloqueada (...) Lo que proponemos no es ninguna ocurrencia, está pasando en países de Europa como Francia, Escocia, Irlanda o Portugal (...) Cuando te dicen que eres el principal problema de una situación, la reacción natural es negarlo. Luego, el paso de las semanas termina propiciando una evolución de esa situación inicial”, sostuvo Nogueras en unas declaraciones dominicales en El País.
Según Nogueras, es “responsabilidad del primer ministro de un país decidir qué pasa y cuál es el futuro”. En “ausencia de todo esto”, y ahora que “no hay una moción de censura” y que “se ha descartado una cuestión de confianza”, Junts propuso la “vía Starmer”, sobre todo porque “todo este debate de la moción va generando malestar”.
En declaraciones a SER Catalunya, el secretario general de Junts, Jordi Turull, aseguró que la propuesta lanzada por su portavoz en Madrid no fue improvisada, sino que contaba con el “aval de la dirección del partido”. Preguntado entonces por si investir a un sustituto para Sánchez es una salida que algunos socialistas se plantean, afirmó que le “consta” que hya voces dentro del PSOE que estarían abiertas a estudiar esta vía.
Salvado las distancias de la situación española ―y catalana―, el 57% de los electores de Reino Unido querían la continuidad del primer ministro laborista, Keir Starmer, quien tomó la decisión de replegarse sin consultarlo con la ciudadanía. No obstante, existe un gran contraste entre Londres y Madrid.
En España, los presidentes del Gobierno suelen mantenerse en el cargo pese a la presión política, las crisis parlamentarias o las pérdidas de apoyo. La dimisión por desgaste político, sin haber perdido una moción de censura o una cuestión de confianza, no forma parte de la tradición de nuestro sistema institucional.
Por el contrario, el sistema político británico carece de una constitución escrita que blinde al gobierno, pero sobre todo, se basa en un sistema electoral mayoritario uninominal, el famoso First-Past-The-Post. En el Reino Unido, no hay listas de partido. Es decir, el diputado británico le debe su escaño y su salario a sus votantes locales, no a la bondad del líder del partido que lo puso en una lista.
Cuando un primer ministro británico empieza a hundirse en las encuestas, el pánico se apodera de los backbenchers (los diputados rasos). Si la popularidad del líder nacional cae, el diputado raso perderá su escaño en las siguientes elecciones. Su instinto de supervivencia se activa.
Al redactar la Constitución de 1978, los constituyentes españoles quisieron evitar la inestabilidad política que había marcado etapas anteriores, especialmente la Segunda República. Inspirados en el modelo alemán de la Ley Fundamental de Bonn, optaron por un sistema de parlamentarismo racionalizado que dificultara la caída de los gobiernos por simples mayorías coyunturales.
De ahí nace el artículo 113 de la Carta Magna, que regula la moción de censura constructiva y obliga a que cualquier intento de desalojar al presidente incluya un candidato alternativo. Este mecanismo explica que, en España, un jefe del Ejecutivo no tenga por qué dimitir únicamente por la presión parlamentaria."La ley de leyes española prefiere un gobierno débil, minoritario y desgastado antes que un vacío de poder", asegura el editor y director de Agencia Púlica, Marc López Plana.
“Junts lo escenifica como una partida de dominó. Maneja una serie de fichas, las esconde y guarda según sus intereses, y cuando llega el momento crítico, las golpea sobre la mesa para provocar el mayor impacto”, recuerdan los periodistas Javier Casqueiro y Xosé Hermida en El País.
La táctica dual de los de Puigdemont ―cristalizada ahora en la sorpresiva búsqueda de un ‘caballero blanco’ que supla a Sánchez― persigue exonerar al partido neoconvergente de apuntillar al Gobierno de la amnistía y del catalán en el Congreso en favor del españolismo y ilegalizaciones abanderadas por PP y Vox. Aunque en realidad, el verdadero elefante en la habitación para Junts es la Alianza Caatalana de Silvia Orriols.
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