El informe desde el que se organiza el lawfare contra el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no hay por dónde cogerlo. 44 páginas a las que ha podido acceder ElPlural.com y que no solamente carecen de pruebas que permitan siquiera sospechar algo de quien fuera responsable del Ejecutivo, sino que además está plagado de errores y mentiras, no tiene ninguna firma que señale la autoría.
De carácter anónimo, asemejándose a los informes típicos de agencias de investigación hechos por encargo y que pueden costar grandes cantidades de dinero, sobre él se han construido denuncias por parte de los satélites de la derecha y la extrema derecha y permitido a líderes del PP y Vox construir su relato, siendo uno de los más llamativos la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Para empezar, el documento carece de firma y membrete y en su interior aparecen cuestiones cuanto menos llamativas y que arrojan nada de seriedad. De hecho, todo lo contrario. Pese a estar escrito en inglés, hay algunas partes que no están traducidas. Por ejemplo, en una de las hojas se aprecia en un perfecto castellano Red ampliada de influencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Otra cosa curiosa en este sentido, sino la que más, es que el informe reconoce al ex ministro de Fomento José Blanco como Pepiño. Y así, suma y sigue.
Cero pruebas y muchas especulaciones
La documentación no identifica en ningún momento delitos concretos ni arroja datos que demuestren que el expresidente hubiera incurrido en algún acto ilícito. En cambio, dedica decenas de folios a trazar una supuesta red de influencia informal en torno a Zapatero, combinando hechos difícilmente creíbles con interpretaciones interesadas y, sobre todo, conjeturas.
El informe fantasma no hace sino acumular nombres propios, instituciones, países y sectores estratégicos que solo generan ruido en un escenario en el que prima la sensación de opacidad y oscurantismo alrededor del socialista. Entre los territorios que figuran se encuentran Marruecos, China y América Latina.
En el caso marroquí, el informe describe su cercanía a Rabat como una forma de “diplomacia paralela”, sin explicar que este tipo de mediaciones son habituales entre exmandatarios y forman parte de dinámicas internacionales conocidas. Tampoco se aportan pruebas de que dichas relaciones hayan supuesto beneficios personales o actuaciones contrarias a la legalidad.
Algo similar ocurre con China. En el caso del dossier sugiere una afinidad ideológica con el régimen de Xi Jinping y presenta la participación de Zapatero en foros internacionales como un elemento sospechoso en sí mismo. El texto no aporta ninguna prueba, pero introduce términos como “ecosistema de influencia”, “red opaca” o “diplomacia informal” para permitir el beneficio de la duda a raíz de apreciaciones infundadas.
En lo que respecta a su relación con Pedro Sánchez, el texto insiste en presentar al expresidente como una suerte de poder en la sombra dentro del PSOE, describiéndolo como mentor ideológico del actual jefe del Ejecutivo y como una figura determinante en la toma de decisiones del partido. Sin embargo, más allá de relatar encuentros privados, apoyos públicos y afinidades políticas evidentes, el dossier no aporta ningún indicio de injerencias ilegales ni de la existencia de estructuras paralelas de poder en la relación entre mandatarios.
A más a más, el dossier llega en un momento en el que la presidenta de la Comunidad de Madrid presumía de disponer de supuesta información sensible sobre el expresidente del Gobierno. “Os adelanto que vienen curvas. Uy, uy, uy”, señalaba en tono de sorna la administradora primera de la Puerta del Sol.
Ayuso se abona a la guerra sucia
La lideresa regional mantenía en las últimas horas, amparada en una ‘información’ que huele a guerra sucia, que a Zapatero le está investigando un juez en Nueva York por su acción en el rescate de aerolíneas cuyo dinero “ha ido a parar al petróleo chavista”.
De este modo, reprochaba que cada vez que hay cualquier tipo de negociación por parte del Ejecutivo central con el líder de Junts, Carles Puigdemont, o con China para los intereses de España, “aunque sea en contra del criterio de la Unión Europea”, el dirigente socialista “está ahí”.
El informe recuerda a la época Villarejo, una época en la que el PP habría apelado a la guerra sucia para intentar derrocar a oponente políticos. El fundador de Podemos, Pablo Iglesias, fue uno de los que más sufrió esta cacería, víctima de un bulo sobre la supuesta financiación ilegal de los morados. Aquel texto tampoco disponía de sello de ninguna unidad policial, ni firma de funcionarios.