La guerra abierta entre las derechas españolas ha sumado este miércoles un nuevo episodio con los medios de comunicación como campo de batalla. Vox ha acusado al Partido Popular de “comprar” al diario El Mundo después de que el periódico modificara el enfoque de una información sobre la paralización del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur en el Parlamento Europeo. La acusación ha partido del eurodiputado de Vox Juan Ernesto Pflüger, que ha denunciado públicamente lo que considera un cambio de titular motivado por intereses políticos.

“El Mundo debería dar explicaciones de este cambio de titular. Pero no lo hará, no le preocupa la verdad. Le preocupa la obediencia debida. En España se compran más periodistas que periódicos”, ha escrito Pflüger en un mensaje publicado en Twitter (X). El dirigente de Vox acompañaba su denuncia con dos capturas de pantalla de titulares distintos del mismo medio sobre un mismo hecho.

El primer titular señalaba: “El Parlamento Europeo paraliza el acuerdo UE-Mercosur con los votos de la extrema derecha: ‘Una gran victoria para el campo y para Vox’”. Horas después, el enunciado fue modificado y pasó a decir: “El Parlamento Europeo paraliza el acuerdo UE-Mercosur con los votos de la extrema derecha y la extrema izquierda: ‘La decisión es lamentable’”. Un cambio que, a juicio de Vox, diluye el protagonismo de su formación y ajusta el relato a los intereses del Partido Popular.

Desde la formación de Santiago Abascal interpretan esta rectificación como una prueba más de la supuesta subordinación de determinados medios de comunicación a la estrategia del Partido Popular. La acusación no es nueva. Vox lleva años denunciando que El Mundo y otros grandes medios están “al servicio del PP” y que actúan como “correa de transmisión” de los intereses del principal partido de la derecha tradicional.

En anteriores ocasiones, dirigentes y cargos públicos de Vox han cargado no solo contra El Mundo, sino también contra periodistas concretos de este diario y de otros medios, a los que acusan de estar “vendidos”, “comprados” o “alineados con el poder”. Estas críticas suelen intensificarse cuando las informaciones publicadas cuestionan el papel de Vox, rebajan su protagonismo político o refuerzan el liderazgo del PP en el espacio conservador.

Mercosur, el tratado que nadie logra consensuar

 

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur ha vuelto a colocarse en el centro del debate político europeo tras la decisión del Parlamento Europeo de paralizar su tramitación. Se trata de uno de los tratados comerciales más ambiciosos negociados por Bruselas en las últimas décadas, con conversaciones iniciadas a finales de los años noventa y cerradas políticamente en 2019, aunque nunca ratificadas. El acuerdo pretende crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, integrando a la UE con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, pero desde su origen ha estado rodeado de una fuerte contestación social y política por su impacto económico, social y medioambiental.

Uno de los principales focos de oposición procede del sector agrario europeo, que lleva años alertando de que el tratado permitiría la entrada masiva de productos agrícolas y ganaderos sudamericanos a precios más bajos y con estándares menos exigentes. Agricultores y ganaderos denuncian una competencia desleal derivada de la diferencia en normativas sanitarias, laborales y medioambientales, especialmente en el uso de fitosanitarios y en las condiciones de producción. Organizaciones agrarias advierten de que el acuerdo podría provocar el cierre de miles de explotaciones familiares y un deterioro del medio rural, con especial impacto en países como España y Francia, donde el campo ya atraviesa una profunda crisis estructural.

A estas críticas se suman las advertencias de organizaciones ecologistas y de defensa de los derechos humanos. Diversos informes sostienen que el acuerdo podría incentivar la deforestación de la Amazonía y otros ecosistemas sensibles, especialmente en Brasil, al aumentar la demanda de soja, carne y otros productos ligados a la expansión agrícola. También se cuestiona que el tratado debilite los compromisos climáticos de la UE y contradiga el Pacto Verde Europeo, al priorizar los intereses comerciales sobre la protección ambiental y el cumplimiento de los derechos laborales.

En este contexto de fuerte contestación social, la reciente votación en el Parlamento Europeo ha puesto de manifiesto una alianza coyuntural entre grupos de la extrema derecha y de la izquierda para frenar el avance del acuerdo. Aunque se trata de fuerzas con motivaciones muy distintas —soberanismo económico, defensa del sector primario, rechazo a la globalización o preocupación climática—, su convergencia ha sido suficiente para bloquear temporalmente la tramitación. La decisión ha sido interpretada de manera muy diferente según el actor político que la analice: para unos, representa una victoria del campo europeo y de la soberanía alimentaria; para otros, un error estratégico que debilita la posición comercial de Europa frente a potencias como China o Estados Unidos y reduce su influencia en América Latina.

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