En el último episodio de la política española, el Govern de Salvador Illa rozaba por fin, tras dos años al frente del Ejecutivo autonómico, sus primeros presupuestos, pero en menos de 24 horas, todo ha volado por los aires. El presidente de la Generalitat parecía tener atado el acuerdo con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), pero el líder independentista, Oriol Junqueras, ha frenado en seco la sintonía que se intuía en las últimas semanas. Lo ha hecho, según adelantaba La Vanguardia, tras reunirse con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con quien protagonizó un desencuentro a cuenta de la recaudación del IRPF. El choque tira por tierra el compromiso público del líder de los socialistas catalanes, que incluía las condiciones impuestas por los nacionalistas pero que, tras corroborar las disonancias con Moncloa en dicha materia, entiende que no se dan las circunstancias adecuadas para cerrar el pacto.
El líder de los republicanos se reunió en secreto con el presidente del Gobierno en Moncloa, horas después de su regreso del viaje oficial a la India. Un encuentro del que emanaron unas discrepancias con las que Salvador Illa no contaba a primera hora del viernes. El president de la Generalitat trató de engrasar el acuerdo y cerrar los últimos flecos durante la reunión del Consell Técnic del Govern, donde explicitó su “compromiso total” con los pactos de investidura firmados con los republicanos, la amnistía y, sobre todo, en avanzar “hacia la gestión del IRPF y la Hacienda catalana”; dos clavos que ERC no está dispuesto a soltar. “Sé lo que hay que hacer, cómo hacerlo y lo haremos”, se reafirmaba el jefe del Ejecutivo catalán durante el encuentro.
Para los republicanos, sin embargo, las palabras de Illa no son suficientes y exigen un nivel de compromiso aún mayor. Es decir, que superen las paredes de la Generalitat de Catalunya. De ahí, la reunión mantenida en el Palacio de La Moncloa con un Pedro Sánchez prácticamente recién aterrizado de la India. Junqueras dialogó con el presidente del Gobierno en campo rival, constatando que la lejanía con la postura del Ejecutivo estatal, lo que provocó que el líder republicano retrocediera en sus planes de reclamar el apoyo a las bases de su partido en el consejo nacional de este mismo sábado y que, a la postre, suponían el primer peldaño para escalar en las negociaciones con el Govern de la Generalitat.
El desencuentro no es un mero bache en el camino. Es un socavón de difícil arreglo en el corto plazo, pues el Gobierno se mantiene en sus trece: no cederá la recaudación del IRPF a Cataluña. Junqueras pinchó en hueso y, por extensión, Illa también. Ni Sánchez ni María Jesús Montero están dispuestos a ceder en el tira y afloja. Al menos por el momento. Una negativa a la que los republicanos dan respuesta este sábado en su cónclave dejando patente su enfado, habida cuenta de que el modelo de financiación sigue estancado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Entre las profundidades de los contactos bilaterales bucea la proposición de ley que presentó el partido independentista con una batería de reformas legislativas entre las que incluían la cesión completa del IRPF. Movimiento que se saldó con la retirada de la iniciativa a principios de la presente semana para brindar una oportunidad al diálogo.
Así, los republicanos abrieron la puerta a la inclusión de enmiendas pactadas en la cesión de competencias tributarias a las comunidades autónomas toda vez se aprobase el modelo de financiación en el organismo territorial. Pero aún quedan demasiados metros por delante en esta carrera y no se prevé que – en el mejor de los escenarios – se pueda alcanzar la meta hasta el verano. Un momento en el la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera del Gobierno esté centrada en la campaña electoral andaluza.
Desencuentro en Moncloa
En la reunión celebrada en Madrid, Sánchez y Junqueras cristalizaron sus discrepancias. El Gobierno entiende que se han hecho suficientes concesiones a los republicanos en acuerdos previos de calado. Además, se suma el prisma electoral, donde en las últimas refriegas autonómicas el modelo de financiación que presentó Hacienda ha sido una de las armas blandidas por la derecha y la extrema derecha. Creen que han lastrado las opciones de los socialistas en Extremadura y Aragón. Todo ello, con la carrera a la presidencia de la Junta de Castilla y León a la vuelta de la esquina.
Por supuesto, los socialistas miran más allá. En torno al mes de junio, cuando aproximadamente arranque la batalla entre Juanma Moreno Bonilla y María Jesús Montero en Andalucía. La vicepresidenta primera no quiere asumir más riesgos en los meses previos a las elecciones autonómicas, marcadas en rojo en el calendario del PSOE. Asumen que, de acordar una cesión tributaria con los republicanos – así como la remodelación del sistema de financiación -, PP y Vox lo utilizarían como gasolina para su campaña electoral. Así las cosas, el plan es que la aprobación de las reformas en el Congreso recaiga sobre su sucesor al frente de Hacienda.
El choque motivará a Junqueras para ratificar que aún no hay garantías de que la región recaude el 100% del IRPF, a pesar de arrancar por el camino el compromiso tácito de Illa y el cumplimiento de otros de los puntos del acuerdo de investidura con el PSC. En este punto entra en juego el consorcio de inversiones, una pieza del rompecabezas que está próxima a encajar. Requiere de un amparo regulatorio propio y el visto bueno del Consejo de Ministros, pero las tres partes – Moncloa, Generalitat y ERC – perfilan los flecos pendientes para que cristalice.
Sin el compromiso que perseguía, Junqueras comunicará hoy que sigue sin haber garantías de que Catalunya recaudará algún día el 100% del IRPF, aunque por el camino sí ha logrado arrancar un compromiso público de Illa y el cumplimiento de otro de los acuerdos que rezan tanto en su pacto con el PSC, para investir al president, como en el hizo posible la reelección de Sánchez, un consorcio de inversiones con el que tomar el control de las ejecuciones presupuestarias del Estado en Catalunya.