Mariano Rajoy ha sido invitado a la boda de su compañero de partido y vicesecretario de Acción Sectorial, Javier Maroto, y lo que debería ser algo absolutamente normal ha creado una pequeña hecatombe dentro del PP porque Maroto es gay, y el enlace es con otro hombre. El presidente está en una encrucijada: por un lado está en juego la imagen de modernidad que la formación pretende mostrar y por otro la coherencia. Al líder popular le perseguirá de por vida el recurso contra el matrimonio gay ante el Constitucional.

Intensas reuniones
El asunto tiene al PP de cabeza y, según adelanta El Mundo, se “ha discutido intensamente en reuniones” de la cúpula popular y ha sido objeto de “debate entre los miembros del Gobierno”. ¡Vaya por Dios!

En Espejo Público, de Antena 3, el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, ha negado la polémica. Él, ha dicho, anda habitualmente por Génova y no ha oído nada.

¿Dónde queda la coherencia?
No será una sorpresa para nadie que uno de los más renuentes a que el presidente asista a la boda de su compañero de partido es el titular del Interior, Jorge Fernández Díaz. Al ultracatólico ministro no le hará ninguna gracia la elección de Maroto.  Sin embargo, el argumento esgrimido por la mayoría de los que se oponen es de imagen: ¿qué dirán los votantes, propios y ajenos, sobre la coherencia de un partido que primero intenta prohibir el matrimonio homosexual con un recurso ante el Constitucional y una batalla mediática y luego su líder se va de bodorrio gay.

Hay un especial problema con el electorado popular más recalcitrante, que ya ha tenido que tragar la marcha atrás de la reforma del aborto que ideaba el PP y ahora podría irritarse más y retirarle el voto. Habrá que esperar para ver cuál será el desenlace de tan alborotador enlace.