Dos cambios ha hecho Mariano Rajoy en el Ejecutivo en sus casi tres años de gobierno. El primero por decisión personal, con la 'expulsión' de Miguel Arias Cañete hacia Europa. El segundo, el que le ha impuesto la dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón. Curiosamente, en los dos casos Mariano Rajoy no ha buscado sus sustitutos en el 'granero' de dirigentes del partido. Sino que ha echado mano de dos personas con un perfil similar: dos funcionarios, de perfil político muy bajo, acostumbrados a transitar 'la puerta giratoria', esa que lleva de la Administración a la empresa privada... y vuelta. Lo que se conoce como 'lobbistas'.

Los hombres de los 'lobbies' en el Gobierno Rajoy
No parece una casualidad. En realidad, al contrario, todo indica que es este tipo de personajes del que Mariano Rajoy quiere rodearse. En su Gobierno inicial, pocos componentes se ajustaban a este perfil. Principalmente, Luis de Guindos, más un hombre de empresa que de partido, no hay que olvidarlo, el ministro de Economía llegaba desde el Banco Mare Nostrum, pero acababa de ser el máximo responsable en España de Lehman Brothers, hasta su quiebra, el sancta sanctorum del mundo del lobby. También Pedro Morenés, el ministro de Defensa, que aterrizaba proveniente de Instalaza, una empresa de armamento de la que era consejero y representante y que reclamaba al Gobierno 60 millones de euros por la prohibición de vender bombas de racimo. Antes de ese cargo, había sido secretario de Estado de Defensa con Aznar... más puerta giratoria.

Y no podemos olvida al otro responsable del 'dinero', Cristóbal Montoro, que de hecho se había dedicado profesionalmente al mundo del lobby a través de su empresa, Equipo Económico, como les contamos en ELPLURAL.COM.

Ahora, las dos veces que ha tenido que echar mano a nuevas caras, Rajoy no lo ha dudado. La sustituta de Cañete, Isabel García Tejerina, o el nuevo ministro de Justicia, Rafael Catalá, son un claro ejemplo en el que se combinan ese perfil político bajo-experiencia como técnico del Estado-recorrido en cargo de responsabilidad en empresas privadas que mueven mucho dinero.

Políticos de perfil bajo, ténicos del Estado..., y con paso por grandes empresas
El camino que recorrió la actual ministra de Agricultura es revelador: gran amiga, incluso personal, de Arias Cañete, la ministra García Tejerina había sido su consejera entre el 2000 y el 2004 en el ministerio de Agricultura. Después pasó a la empresa privada relacionada con el mundo sobre el que había estado legislando, en su caso nada menos que Fertiberia, una de las empresas del conglomerado del constructor y multimillonario Villar Mir. Y ahora ha vuelto, puerta giratoria mediante, al Ministerio del ramo en el que se han movido sus intereses, pero ahora para ocupar el sillón principal.



El caso de Rafael Catalá es paralelo al de García Tejerina. En el amable perfil que daban hoy de él los periódicos, incluso alguno que hasta no hace tanto no hubiera sido tan complaciente, como es el caso de El País, se recuerda su coincidencia con Soraya Sáenz de Santamaría en sus inicios en el PP,  su paso por los ministerios de Educación y Administraciones Públicas, donde colaboró con Rajoy, y su paso como secretario de Estado de Justicia en la época de Michavila. Hasta de pasada se recuerda que pasó, y eso es clave, por el Ministerio de Hacienda con Cristóbal Montoro. Incluso se pueden leer en estas 'biografías' frases tan reveladoras, aunque más del medio que las publica que del personaje, como ésta: "Quienes le conocen de su paso al frente de las infraestructuras le describen como una persona sensata, inteligente y trabajadora".

La llamada del juego
Curiosamente, ni una palabra se dice, sin embargo, en ellas sobre las ocupaciones de Rafael Catalá Polo entre su salida del Gobierno, en 2004, y su regreso, casi ocho años después. Ni una palabra de cómo le 'rescató', como hizo con tantos otros de aquel gobierno 'derrocado' por sorpresa, Esperanza Aguirre, que le colocó como director general de un hospital. Ni una palabra de cómo después, fue contactado y contratado... por el mundo del juego. Algo nada casual.

Porque, como destacábamos unas líneas más arriba, Rafael Catalá estuvo en el Ministerio de Hacienda... donde hizo contactos y conoció asuntos que, lo que resulta fácilmente imaginable, son de enorme valor para las empresas del juego. Quien fichó a Catalá fue CODERE, una empresa que, como se decía en una entrevista con el propio Catalá publicada en Expansión en 2011, gestiona 140 salas de bingo, 160 salas de apuestas, tres hipódromos y siete casinos en ocho países.

Y Catalá no pasó a ocupar cualquier cargo. Catalá ingresó en CODERE ingresó como secretario general de esta 'multinacional' del juego, cuyo organigrama puede verse en la página web que la empresa publicaba en su rama italiana.

Vuelta a la puerta giratoria
Este capítulo de la vida de Rafael Catalá que la biografía oficial, y los medios por alguna razón que desconocemos, ocultan, no significa además un paréntesis breve en su historial. En el mundo del bingo, las apuestas y los hipódromos, estuvo casi siete años. Tanto como ocupando cargos de responsabilidad en los gobiernos de España. Hasta que volvió a meterse en la puerta giratoria, y reapareció en la Administración del Estado, hasta ahora como secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, y en unos días, como ministro de Justicia.

Hay quienes aseguran, como hemos visto, que es un hombre de Soraya Sáenz de Santamaría. Lo será. Hay quienes dicen que es un hombre de Ana Pastor, la responsable de Fomento y hasta ahora su ministra además de la mejor amiga de Rajoy en el Gobierno. Lo será. Pero desde luego, el nuevo ministro de Justicia, de quien parece que será amigo es de las empresas del juego, porque como expresaba en 2011, cuando era la cara pública de CODERE su preocupación por el asunto es grande: "España es el mercado más preocupante para el juego", decía... Y la puerta giratoria, quién sabe, aún puede volver a girar en el futuro.

Francisco Medina es director adjunto de ELPLURAL.COM

En Twitter es @ffmedina3