Alberto Núñez Feijóo vuelve a enfrentarse a una crisis política provocada por sus propias palabras. La comparación del absentismo laboral con "el cáncer" ha abierto un nuevo frente interno en el Partido Popular que trasciende el mero debate sobre las bajas médicas y vuelve a poner de manifiesto la pugna entre las dos almas que conviven en la formación: la que intenta preservar una imagen de centralidad y moderación y la que, desde hace años, marca el paso ideológico desde Madrid bajo la influencia del aznarismo político que encarnaron Esperanza Aguirre y que hoy tiene en Isabel Díaz Ayuso a su principal exponente.
Lo sucedido en las últimas horas no responde únicamente a una polémica terminológica. Es el síntoma de una dinámica que se ha repetido durante toda la etapa de Feijóo al frente del PP. El líder popular aterrizó en Génova prometiendo recuperar la moderación perdida durante la dirección de Pablo Casado, pero con el paso de los meses ha ido dejando que la estrategia política del partido quedara cada vez más condicionada por el ala dura.
Ha ocurrido en debates de enorme sensibilidad social. Primero fue el lenguaje empleado en torno al aborto y el ya célebre concepto del "concebido no nacido", una terminología propia de los sectores más conservadores que Feijóo terminó incorporando a su discurso. Más tarde llegaron los continuos cambios de posición respecto a Junts per Catalunya y la posibilidad de dialogar con el partido de Carles Puigdemont, oscilando entre la apertura y la descalificación en función de la presión interna. Ahora, el foco se sitúa sobre las bajas laborales después de que el presidente del PP comparara su incremento con "un cáncer".
Para ser más precisos, Feijóo defendió este martes frente al Círculo de Empresarios Vascos reducir salarios y prestaciones vinculadas al absentismo laboral y aseguró que adoptaría medidas "con o sin acuerdo" con los agentes sociales, argumentando que España soporta un elevado coste económico derivado de las ausencias al trabajo.
Durante aquella intervención, el dirigente gallego cifró en decenas de miles de millones de euros el impacto económico anual del absentismo y calificó esta situación como "un cáncer" para el mercado laboral: “Un ciudadano puede darse de baja y no ir a trabajar sin justificación, y siga teniendo el mismo sueldo y mismas prestaciones, pasa lo que ocurre, pero este absentismo no se sostiene. Es un cáncer que no podemos pagar, porque esto cuesta más de 30.000 millones de euros y el déficit de la Seguridad Social son 70.000 millones de euros. Por tanto, esto es una cuestión para discutir”.
La expresión generó una cascada de críticas políticas y sociales. Desde Génova trataron rápidamente de rebajar el alcance de la polémica, conscientes del enorme coste reputacional que supone banalizar una enfermedad que afecta a cientos de miles de personas. Sin embargo, el intento de apagar el incendio terminó revelando que dentro del propio Partido Popular existen dos diagnósticos muy diferentes sobre cómo debe responder la formación.
Sémper intenta devolver al PP al terreno de la moderación
La voz que mejor simbolizó ese intento de rectificación fue la del portavoz nacional, Borja Sémper. Además de ser uno de los perfiles más moderados del actual equipo de Feijóo, su intervención estuvo inevitablemente marcada por su propia experiencia personal como paciente oncológico.
Sémper pidió expresamente “cautela” a la hora de abordar un debate tan sensible y rechazó las comparaciones que puedan resultar hirientes para quienes padecen o han padecido cáncer. “"Convendría tener cierta cautela a la hora de establecer algunas comparaciones", afirmó durante una entrevista en Rac1.
El portavoz popular defendió que el absentismo laboral merece un debate serio, sosegado y basado en datos, pero alejado de expresiones que puedan interpretarse como una estigmatización de quienes atraviesan procesos médicos especialmente duros. Además, también recordó una realidad especialmente injusta: muchos trabajadores diagnosticados con esta enfermedad ven reducido su salario al tener que acogerse a una baja médica
"La palabra se utiliza con frecuencia para describir situaciones muy graves y existe un paralelismo evidente", explicó Sémper, antes de añadir que, aunque a él no le molestó esa comparación, entiende que otras personas puedan percibirla de forma distinta.
Su intervención, sin embargo, fue mucho más que una matización comunicativa. Representó el intento del sector más pragmático del PP de recuperar un espacio de moderación que considera imprescindible para ampliar la base electoral de Feijóo. Una posición que, una vez más, chocó frontalmente con la respuesta procedente de la Puerta del Sol.
Ayuso vuelve a marcar el paso del liderazgo de Feijóo
Mientras Génova intentaba enfriar la polémica y Sémper apelaba a la prudencia, Isabel Díaz Ayuso decidió entrar de lleno en el debate y cerrar filas con Feijóo. La presidenta madrileña defendió que el líder del PP no se refería a las personas enfermas ni a quienes atraviesan situaciones médicas graves, sino al problema del absentismo laboral que, a su juicio, sufren empresas y autónomos.
En un acto organizado por 20 minutos, Ayuso sostuvo que quienes están “pegados a la realidad” y hablan con empresas y trabajadores por cuenta propia conocen “lo que está pasando con el problema de las bajas”. La dirigente madrileña trató así de blindar a Feijóo frente a las críticas, subrayando que no hablaba de una mujer embarazada con complicaciones, ni de una persona con cáncer, ni de quienes sufren una enfermedad sobrevenida.
Lejos de rebajar el choque, Ayuso aprovechó para endurecer el marco del debate. Aseguró que cada día 1,6 millones de personas no pueden trabajar y vinculó la menor incidencia de bajas entre los autónomos con la existencia de situaciones que, según defendió, podrían evitarse. Con ello, la presidenta madrileña desplazó el foco desde la rectificación semántica hacia una crítica más amplia al sistema de bajas laborales.
La intervención terminó además con una derivada política contra Pedro Sánchez. Ayuso utilizó el asunto para cargar contra el presidente del Gobierno por su viaje a Londres para asistir a la graduación de su hija, acusándole de legislar contra las universidades privadas mientras, según dijo, utilizaba un avión del Ejército para visitar a su hija en una universidad privada. De nuevo, la presidenta madrileña convirtió una polémica incómoda para Feijóo en una ofensiva contra el Ejecutivo, reforzando el papel del ala dura del PP como ariete ideológico del partido.
La escena vuelve a reproducir un patrón ya conocido dentro del Partido Popular. Cada vez que Feijóo protagoniza una controversia o se ve obligado a modular alguna posición, Ayuso interviene para reforzar el discurso más duro y desplazar el eje del debate hacia posiciones mucho más contundentes. Lo hizo durante la negociación frustrada con Junts, lo ha hecho en los debates migratorios y vuelve a hacerlo ahora con el absentismo laboral.
El problema para Feijóo es que esa dinámica alimenta la percepción de que su liderazgo continúa condicionado por el sector ideológico que históricamente ha ejercido mayor influencia desde Madrid. El aznarismo político nunca desapareció del todo del PP y encontró en Ayuso una heredera capaz de convertir ese discurso en una referencia para una parte muy significativa del electorado conservador.
Lejos de consolidar un perfil autónomo, Feijóo ha ido incorporando buena parte de ese marco ideológico a medida que avanzaba su liderazgo. La consecuencia es una sucesión de bandazos que terminan desconcertando tanto a los votantes moderados como a parte de la propia dirección nacional.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.