El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a protagonizar una pataleta pública por la negativa de España de llevar su gasto en Defensa del 2% comprometido al 5% reclamado por el tirano. El inquilino de la Casa Blanca ha asegurado que suspenderá “completamente” el comercio entre ambos países, maniobra con la que ya amenazó hace meses, como respuesta a la postura del Gobierno español, contrario a seguir bailando el agua a la potencia imperialista en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, por sus siglas en inglés).

"España es una causa perdida. Por cierto, ya no queremos hacer ningún negocio comercial con España. Quiero que lo corten. España es un aliado terrible en la OTAN. No participan. No pagan. No quiero saber nada de España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas", ha escupido Trump durante una rueda de prensa conjunta con el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, quien ha buscado quitar peso a la menaza dorando la píldora al estadunidense por “haber logrado que España pague el 2%”. “Han dado un gran paso”, ha añadido el líder de la OTAN.

El principal problema de la amenaza pronunciada por Trump, como todo lo que rodea al neoyorquino, es que se basa en falsedades y no puede acometerla, pero nadie de su entorno se atreve a trasladárselo. España no funciona individualmente en materia comercial, sino que se integra dentro de la Unión Europea (UE), que guía estas relaciones con otros bloques y defiende al conjunto de los Veintisiete. Es decir, EEUU no podría cancelar el comercio exclusivamente con España, tal y como ya recordó la Comisión Europea el pasado mes de marzo.

La única variable a la que puede agarrarse la Casa Blanca para establecer un embargo comercial a un país localizado son dos puntos contemplados en su Ley de Comercio, que establecen que se podrán imponer aranceles o restringir el comercio por razones de seguridad nacional o como respuesta a políticas desleales de un tercer país. Dos preceptos que, evidentemente, no se cumplen en este caso. Además, incluso de poder haber indicios de que se estuviese produciendo alguno, debería realizarse una investigación en el país norteamericano que justificase las acciones.

Asimismo, más allá del establecimiento de aranceles, el amigo de Jeffrey Epstein no puede prohibir a empresas y capitales privados realizar inversiones a uno y otro lado del charco, pues contraviene la legalidad internacional, incumple los acuerdos comerciales suscritos entre la UEE y EEUU y, lo que es más importante, va totalmente en contra de su tan amado libre mercado capitalista. Si bien Trump ha demostrado una despreocupación total por la ley y un gusto por el chantaje que podrían llevarle a imponer una decisión ilegal que; no obstante, sería más perjudicial para su país en términos económicos.

Millones de euros en juego

La balanza comercial entre ambos países es deficitaria para España; es decir, contrariamente a lo que Trump alude para castigar a otros países con aranceles, España importa bastante más de lo que exporta a Estados Unidos. En parte obligados por mandato europeo y en parte por la genuflexión ante la potencia norteamericana de la que también ha formado parte, pero lo cierto es que las cuentas españolas salen perdiendo en su relación con los estadounidenses.

Concretamente, España importó productos por valor de 30.100 millones de euros en 2025, siendo el gas y el petróleo los más presentes, y exportó a Estados Unidos por valor de 16.700 millones de euros, con especial importancia del aceite de oliva, los bienes de equipo y químicos. En total, la relación representa un 4% del comercio exterior español, aunque afectaría a sectores muy concretos no tanto por la suma de millones sino por el peso de la cantidad de exportaciones sobre el total. Este es el caso del aceite, cuyo intercambio con el gigante norteamericano representa el 50% del total de exportaciones.

El Gobierno, igual que ocurrió en la anterior ocasión, asegura poder proteger y salvaguardar las finanzas de los sectores afectados y se muestra tranquilo porque, además, sería más perjudicado EEUU que España. “EEUU tiene superávit comercial con España; es decir, que se beneficia más de esa relación que nosotros”, trasladan Moncloa, desde donde, aun así, ponen en valor la “relación beneficiosa para ambos países, tanto en el ámbito comercial como en el de la defensa”.

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