Estados Unidos (EEUU) despliega un bloqueo criminal contra Cuba desde hace décadas con la única intención de sumir a su población en el hambre y la pobreza energética para, con ello, desestabilizar al país y forzar la caída de sus dirigentes. La estrategia no difiere en fondo de la aplicada por Israel en Palestina, pero la histórica solidaridad internacional ha permitido la resistencia de la isla caribeña, pese al poderoso motor de blanqueo yanqui. Sin embargo, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la agresión se ha acrecentado hasta puntos de crueldad no vistos en años.
La potencia norteamericana no solo bloquea todo intercambio comercial y financiero con la isla de sus aliados, sino que ha amenazado a todas las empresas y países que se atrevan a superarlo con consecuencias directas. Asimismo, acecha y amenaza la isla con sus fuerzas de asalto, deslizando una posible intervención militar o un intento de insurgencia que no sería nueva, ni en lo que actor ni a territorio se refiere. Cuba es uno de los últimos bastiones de resistencias contra la tiranía estadounidense y su bloque capitalista y Trump quiere doblegarla.
La agresión criminal ha alcanzado cotas tan elevadas que ha llegado a España, país que no acostumbra a pronunciarse contundentemente al respecto de este histórico ataque, a excepción de espacios socialistas y comunistas. En esta ocasión, hasta el PSOE y Sumar han coincidido en rechazar los nuevos aranceles impulsados por EEUU contra la isla y reclamar el levantamiento del bloqueo. Es más, los dos conformantes del Gobierno de coalición apuestan por reforzar la cooperación con Cuba, tal y como han defendido este martes en el Congreso de los Diputados.
No obstante, lo defendido por socialistas y sus socios ha terminado siendo mucho más tibio de lo que se esperaba. Las dos formaciones han pactado una enmienda incluida en un texto de Sumar, descafeinado a petición del PSOE para no ofender en demasía a la Casa Blanca. Además, han renunciado a impulsar “iniciativas concretas” en la Unión Europea, aunque se mantiene la petición de reforzar la cooperación. Todo ello con la clásica condena al Gobierno cubano que, en definitiva, blanquea la actuación estadounidense. Un paso cosmético que no parece tener aplicación práctica.
Un bloqueo criminal
La estrategia de EEUU es clara: desabastecer a la población cubana de alimentos y materias primas a través de un bloqueo criminal, culpar al Gobierno revolucionario de la situación, impulsar (y financiar) una revuelta interna y acometer una intromisión sustentada en la situación generada por la propia Casa Blanca. "El país está muriendo de hambre y no tiene energía, ni petróleo, ni dinero. No tiene nada", preparaba Trump el terreno antes del verano, asegurando que “el país ya se ha venido abajo y anunciando que, “una vez se haya encargado de Irán”, hará “una pequeña parada en Cuba para solucionar la situación”.
Cuba ha conseguido resistir el imperialismo y la ofensiva estadounidense desde 1959, cuando la Revolución triunfó, y ha servido históricamente de ejemplo para otros países (Chile, Nicaragua, Venezuela). La resistencia cubana siempre ha frustrado los intentos de golpes de Estado en la isla y los atentados dirigidos a los líderes del Partido Comunista Cubano patrocinados por Estados Unidos y esa es la única razón por la que la Casa Blanca persigue desde hace décadas la destrucción de la isla y de la ideología castrista.
Este fracaso imperialista genera una frustración furibunda que ha llevado a la potencia a desplegar la estrategia de asedio y bloqueo. Uno de los más crueles y criminales instrumentos de sometimiento, pero Estados Unidos goza de impunidad internacional. Es más, la propia Organización de Naciones Unidas (ONU) impulsó en 2023 una nueva resolución que reclamaba poner fin al embargo económico, financiero y militar, que condena desde 1988, con el voto a favor de 187 países y el voto en contra de EEUU e Israel, a los que se sumó la abstención mendigante de Ucrania.
La intención estadounidese es evidente y su propia administración la dejó reflejada en un memorándum firmado por el que fuera subsecretario de Estado, Lester Mallory: “Hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba […] una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.
La discreción ha desaparecido con Trump, pero el proceder es el mismo que en la década de los 60, cuando se escribieron estas palabras. Es el mismo desplegado en múltiples partes del mundo, en nombre de la libertad y la democracia, inventando amenazas nucleares, asegurando combatir grupos terroristas previamente financiados por la Casa Blanca o presentando cualquier otra excusa torticera, emitidas a sabiendas de que Europa agachará la cabeza y colaborará del circo. Todo en pro del incorruptible e incuestionable occidente y su capitalismo.
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