Estados Unidos (EEUU) continúa agravando su estrategia criminal contra Cuba. La Casa Blanca está endureciendo su bloqueo contra la isla y desplegando sanciones contra sus líderes para tensionar a la ciudadanía y justificar, de esta manera, una injerencia en otro territorio extranjero. Después de imputar a Raul Castro por un supuesto delito cometido hace 30 años, sin mayor justificación que su todopoderosa palabra, la administración de Donald Trump ha ampliado en la madrugada de este jueves su lista de sancionados, entre los que se incluye el propio Castro y el actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha incluido en su lista negra, a parte de a los dos líderes, a la primera dama y esposa de Díaz Canel, Lis Cuesta; a su hijo e hijastro del presidente, Manuel Anido; y al hijo de Castro, Alejandro Castro. La amenaza a líderes y sus familiares y la historia reciente, y no tan reciente, alerta de lo que podría ser un próximo movimiento de las fuerzas armadas estadounidenses, vía secuestro internacional o invasión militar.
La agresividad y perversión del Gobierno yanqui chocarán con La Habana
Este último movimiento ha venido impulsado desde el departamento dirigido por Scott Bessent, que además afecta también a cinco entidades cubanas: el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, los Comités de Defensa de la Revolución, la agencia de viajes Amistur Cuba S.A., el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y la minera La Victoria. Esto se suma al recrudecimiento del bloque sobre combustible y otras materias, que despliega desde que triunfase la revolución, pero que la coyuntura internacional ha endurecido al encontrarse sin apenas aliados y amenazar Estados Unidos a los países que quisiesen comercial con la isla.
La estrategia es clara: desabastecer a la población de alimentos y materias primas a través de un bloqueo criminal, culpar al Gobierno revolucionario de la situación, impulsar (y financiar) una revuelta interna y acometer una intromisión sustentada en la situación generada por la propia Casa Blanca. "El país está muriendo de hambre y no tiene energía, ni petróleo, ni dinero. No tiene nada", ha preparado Trump el terreno, asegurando que “el país ya se ha venido abajo y anunciando que, “una vez se haya encargado de Irán”, hará “una pequeña parada en Cuba para solucionar la situación”.
El Gobierno cubano denuncia la evidencia
Todos los países y gobiernos del mundo saben cuál es la verdadera intención que Trump esconde tras estas palabras y prepara amañando la situación, pero el Gobierno cubano ha querido ponerlo sobre la mesa de todas formas. "La vil inclusión del presidente, parte de su familia, además de instituciones, organizaciones de la sociedad civil y empresas cubanas en una lista ilegítima y unilateral del Gobierno de Estados Unidos, es la última muestra del plan intervencionista estadounidense de presentar a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos", ha denunciado el ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez.
Díaz-Canel, por su parte, ha calificado estas nuevas sanciones como un intento de "reforzar las medidas de bloqueo" y el "escenario de conflicto entre Cuba y Estados Unidos", a la par que ha avanzado que la "agresividad y perversión del Gobierno yanqui" chocarán con la "decisión" de La Habana de "enfrentar los peores escenarios y resistir la arremetida imperial". "Esta ceguera política se añade a las medidas coercitivas aplicadas en las últimas semanas contra nuestro país, diseñadas para dañar al pueblo cubano”, ha insistido el jefe del Ejecutivo.
Rubio constata la verdad
La intención de estas actuaciones es conocida por todo el mundo, pese a que Trump pretenda camuflarla con el clásico discurso hollywoodiense de salvación de la humanidad y defensa de la libertad y la democracia. Es más, algunos de sus principales colaboradores, como Marcos Rubio, no intentan ni siquiera ocultarlo. Estados Unidos “ya no tolerará" que "regímenes marxistas radicales" traten de "amenazar la seguridad nacional" del país norteamericano y "lleven a cabo operaciones de influencia para exportar su 'revolución' venenosa y perversa" a Estados Unidos y "al resto del mundo", ha expuesto el secretario de Estado.
"Durante décadas, Cuba ha sido la capital mundial del terrorismo de extrema izquierda. El régimen de La Habana ha reclutado, entrenado y respaldado a movimientos marxistas y tercermundistas violentos en todo nuestro hemisferio y más allá”, se ha inventado Rubio para poner más medallas falsas en la solapa de Trump: “Hoy, estamos actuando contra la red que permite y financia las operaciones subversivas y radicales de Cuba". La historia se repite una vez más, siendo tragedia para quien sufre al imperio yanki y comprando la farsa un occidente genuflexo y ridículo.
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