Hay algo en lo que coinciden el sistema corrupto que gobierna el mundo del fútbol, desde la estructura (FIFA) a la Brunete judicial (árbitros), pasando por la policial (sistema sancionador) y todo ello glosado por la mediática, con la realidad política en España: el sesgo. Argentina, como el PP, favoritos del sistema, se dieron cuenta muy pronto de que no iban a volver a ganar ni un Mundial ni unas elecciones practicando el arte del fútbol o el de la política. Había que poner en marcha el “el que pueda hacer, que haga”.

En el partido inaugural de la fase final del Mundial 2026, Argentina-Argelia, el sistema, que se las prometía felices con la fase previa (como el PP con las autonómicas y municipales previas a las elecciones de 2023, hace tres años), y así lo glosaba la Brunete mediática y demoscópica, se dio cuenta de dos cosas:

  • La primera es que el fútbol, por sí solo, no mostraba la ventaja esperada para su favorito, Argentina. Favorito, también del anfitrión, Estados Unidos, y de los medios palmeros.
  • La segunda es que ya no les iba a bastar con acciones “defensivas” como perdonar tarjetas (la roja perdonada a Messi por el cruento pisotón por detrás a Aïssa Mandi en ese primer partido), sino que había que pasar al ataque.

El Partido Popular se dio cuenta de lo mismo tras su victoria pírrica en 2023, equiparable a ese 3-0 inaugural (autonómicas, municipales y generales): no despegaban ni mucho menos lo que profetizaban sus palmeros, hasta el punto de perder el Gobierno, y no les iba a bastar con demorar hasta la náusea sus casos de corrupción endémica, ni la Kitchen (13 años de demora infinita), ni la Gürtel (con piezas judiciales aún abiertas pese a que arrancó en 1999 y se empezó a investigar hace 20 años), ni la Púnica, ni la Policía Patriótica, ni la Hacienda Patriótica de Montoro, un caso donde la fiscal ha denunciado cortapisas y dilaciones injustificadas orquestadas por sus jefes.

Había que pasar al ataque, y más después del partido infame de la albiceleste contra Cabo Verde, y ya no importaba el descaro manifiesto (la sanción perdonada al jugador estadounidense Bologun, equiparable al archivo de la condena sin pruebas y sin considerar el testimonio de descargo de todos los periodistas, al Fiscal General del Estado en España). Daba igual que se notara el lawfare. Argentina debía ganar por lo civil o por lo militar. Sin disimular. Como el PP.

En ese lawfare descarado marcado por la politización de la justicia y del fútbol  cuenta entre sus páginas más negras la anulación del 2-0 a Egipto tras espectacular jugada de Hassan (que, prácticamente, eliminaba a Argentina) por una supuesta falta por pisotón acaecida más de un minuto atrás. Un “pasar al ataque” del sistema caracterizado por la “proyección psicológica”, mecanismo de defensa mediante el cual se atribuyen a otro los defectos o pisotones propios. Misma táctica que la operada por la derecha judicial, policial, mediática y política en España.

Ejemplos, como partidos, no faltan. Cuando estalló el caso por las mordidas millonarias que se llevaron en la pandemia tanto el hermano como la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, se hacía necesario un “caso Mascarillas” que afectara al PSOE.

Un caso, el que “encontraron”, mucho menos turbio, porque, como ha quedado acreditado, las mascarillas en el caso de la Comunidad (y, también, las del Ayuntamiento de Madrid) se pagaron, con mordidas millonarias mediante, entre tres y cinco veces más caras que las del Ministerio de Fomento, cuyo precio a cargo del contribuyente fue inferior al mercado y, según el Supremo, ni siquiera fue delictiva esa compraventa.

Las cantidades cobradas por los comisionistas fueron entre 10 y 20 veces mayores. Hay que recordar que a Ábalos no le han encontrado dinero, por lo que su cohecho probado se ha restringido al piso que le pagó Aldama a su novia, cuando no se considera cohecho el casoplón de dos millones que le paga la pareja de Ayuso a la presidenta de la Comunidad con los beneficios de esas comisiones por mascarillas y los beneficios de su muy rentable relación con Quirón, máximo adjudicatario de la Comunidad.

Y eso sin contar los delitos fiscales y de falsedad documental reconocidos por esa misma pareja de Ayuso. Ante un “pisotón” tres veces más grave en las filas populares (tanto, que hizo caer a Pablo Casado), el sistema lo perdona, lo obvia, como el de los argentinos, y se fija, con la máxima sanción, en un caso mucho más cuestionable por esas tres razones. Como el pisotón de Messi al lateral izquierdo de Inglaterra, Djed Spence, justo antes de asistir a Lautaro para el 2-1 de Argentina en semifinales. Un supuesto pisotón anterior sirve para anular un gol legal a Egipto, pero no para anular un gol inmediatamente posterior de Argentina a Inglaterra.

Otra proyección psicológica: cuando se conocieron las contratas millonarias de la Xunta con la empresa de la hermana de Alberto Núñez Feijóo o la colocación (presunto enchufe, bastante obvio) a la hermana del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, que sacó menor puntuación que otra candidata para dirigir los conservatorios andaluces, emergieron con fuerza el caso del presunto enchufe del hermano del presidente del Gobierno, David Azagra, precisamente en los conservatorios, esta vez de Badajoz, y el caso trucho contra la mujer del presidente, Begoña Gómez. “Busquen hermanos y consortes del otro lado, que tenemos que tapar nuestros pisotones”.

En el caso del hermano de Sánchez, se le condena aún reconociendo que era el mejor candidato posible para el puesto, al contrario que la hermana de Moreno Bonilla, a la que ni siquiera se juzga y que fue presuntamente enchufada siendo su hermano presidente, cosa que no era Pedro Sánchez ni cuando se contrató a su hermano ni cuando su mujer, Begoña Gómez, dirigía su cátedra en la UCM, de la que la UCO y el juez reconocen que no existió lucro, y la han desimputado ya de tres de los cinco delitos que le achacaba el ínclito (y desastroso) juez Peinado. 

Otra proyección psicológica es equiparable a la argucia argentina protagonizada por Nicolás Tagliafico en la final contra España, que se tira al suelo fingiendo una agresión inexistente (no había ningún jugador español ni a tres metros) en el mismo momento, ya en la prórroga, en que Enzo Fernández iba a ver la oportuna (e inevitable para el sistema esta vez) tarjeta roja por voltear salvajemente a Pau Cubarsí. Al instante, Messi y otros jugadores llaman la atención del árbitro sobre la supuesta agresión al defensa, para tapar la agresión real de Enzo. La jugada entraña tres peligrosas similitudes con la táctica pepera argentinizada:

  • La primera es que, pese a las dilaciones de hasta 13 años, el caso Kitchen es tan escandaloso que los jueces están a punto de mostrarle esa tarjeta roja al Enzo Fernández del PP, que comparte apellido con el argentino: Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior, al que le piden 15 años. Y, junto a él a las cloacas policiales, desde el DAO de la Policía Nacional, Pina, a comisarios como el ínclito Villarejo. Esto es, toda la cúpula del Ministerio del Interior y policial del último gobierno del PP.
  • La segunda es semejante al fingimiento de Tagliafico: había que sacarse de la manga unas “cloacas” del PSOE que “taparan” las verdaderas e inminentes consecuencias de las “cloacas” propias, pagadas con el erario público. Y encontraron en el “caso Leire”, un caso donde una periodista y militante socialista trató de desenmascarar las presuntas corrupciones de algunos jueces y de algunos miembros de la UCO, a través precisamente de grabaciones realizadas precisamente por el comisario Villarejo. Una de las cuales muestra una conversación entre Fernández Díaz, Villarejo y el DAO Pina en la que conciertan que han “hablado con el juez Santi Pedraz” para que garantice que el caso Gürtel recaiga “en uno de los cuatro jueces tocados” por “nosotros”. Así que el juez mencionado en esa grabación destapada por Leire (precisamente el mismo “Santi Pedraz”) coge el caso contra Leire, que hasta entonces llevaba su compañero Zamarriego, y la imputa por esas supuestas “cloacas” en base a un informe realizado por los mismos agentes de la misma UCO a la que ella investigaba por presunta corrupción. La cosa estaba en llamarlas “cloacas”, en llamarlos “pisotones”. Cuando no se trató, en ningún caso, de crear pruebas falsas (como la Policía patriótica), ni de robar pruebas verdaderas (como la Kitchen), con cargo a fondos públicos y con funcionarios públicos (como ambas), sino (si se probara) de aflorar pruebas de casos reales supuestamente con la aquiescencia y posible financiación del secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán. Lo mismito.
  • La tercera encaja el papel de Messi y otros jugadores argentinos señalando a Tagliafico y pidiendo roja no se sabe muy bien a quién ante la desesperación por la roja de verdad a Enzo Fernández: el papel de los medios palmeros hablando de “cloacas” en un caso (Tagliafico) y, como mucho, al no poder eludir esa roja de libro a Enzo, equiparando un caso con otro. “Al menos, saca roja a Enzo pero también al español”, debió decir Leo.

Lo bueno es que no les salió. ¿Y qué hacen los tramposos argentinos cuando no les salen las trampas? Tirar de violencia (las escenas finales del partido, con agresiones a jugadores españoles, son vergonzosas), no reconocer al ganador (la selección albiceleste se volteó cuando España recibió la Copa del Mundo) y hablar de pucherazo (están recolectando centenares de miles de firmas para que se repita la final contra España).

¿Les suena de algo? Tirar de violencia (manifestaciones en Ferraz, ataques vándalos a más de 300 sedes socialistas), no reconocer al ganador (deslegitimaciones constantes aludiendo la ilegitimidad del Gobierno y de Sánchez), y hablar de pucherazo (Correos, Ley de Nietos -aunque iba en el programa del PP- y hasta regularización de inmigrantes, aunque estos no puedan votar). Y pedir constantemente la repetición del partido (elecciones) que perdieron con toda justicia.

Lo importante es, en cualquier caso, que a Argentina no le salió la jugada y que España es la campeona del mundo. La España de Pedro Sánchez, de Lamine Yamal, de su hermanito Keyne, de Nico Williams, de toda Palestina y medio mundo celebrando nuestro triunfo como celebrará el de 2027 ante las lágrimas de Trump, de Infantino, y de los que pudieron hacer e hicieron. Las lágrimas de facha.  

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