Han pasado más de quince años desde que Shinova irrumpiera en la escena musical vasca, primero como una banda de rock alternativo más cercana al metal, evolucionando después hacia una identidad melódica, emocional y cada vez más luminosa. Con el tiempo, el grupo -compuesto por Gabriel de la Rosa, Erlantz Prieto, Joshua Froufe, Javier Martín y Daniel del Valle- se ha consolidado como una de las formaciones más queridas dentro del indie-rock estatal, capaces de llenar salas y festivales con una fidelidad que se multiplica año tras año.
Su último proyecto, El presente y los días que vendrán, no es solo una reedición ampliada del disco El Presente; es una declaración de intención. Un ejercicio de revisión, de abrir sus canciones para que respiren nuevas voces, nuevos timbres, nuevas sensibilidades. Un álbum que ha tomado una nueva vida sobre el escenario y que, tras una gira extensa y transformadora, se prepara para llegar a su punto culminante: un fin de ciclo histórico en el Movistar Arena el 27 de diciembre.
Hablamos con Shinova en un encuentro distendido, cercano y lleno de humor. Esto fue lo que nos contaron.
Pregunta (P): ¿Cómo surge la idea de “El presente y los días que vendrán”?
Gabriel de la Rosa: Ha sido una gira muy larga. Larguísima. Pero está pasando muy rápido a la vez. Las canciones han cambiado muchísimo desde que se produjeron hace ya dos o tres años, cuando empezamos a trabajar En el presente. Esa evolución que se ha dado actuación tras actuación ha llevado cada tema a otros lugares, y nos pareció interesante invitar a gente cuya identidad encajara con el ADN de cada canción. Movimiento con Tanxugueiras, por ejemplo, porque tiene un pulso tribal y rítmico que ellas elevan; Los días que vendrán con Nina porque su voz es sutileza y puñal a la vez… era imposible que no fuera ella.
P: ¿Quedó alguna colaboración pendiente? ¿Algún nombre que os hubiese gustado que participara?
Daniel del Valle: Solo una colaboración se nos quedó en el aire, y fue por calendario, no por falta de ganas. No diremos quién para que no se gafe si en un futuro vuelve a surgir. Pero oye… ¡Dua Lipa nos dijo que no cuadraba la agenda!
P: ¿Alguna canción complicada de materializar o, al contrario, alguna que fluyera sorprendentemente fácil?
Gabriel de la Rosa: Te debo una canción nació casi del tirón en pandemia. Nos pidieron un tema rápido, con espíritu de single, y salió de golpe. En una noche ya estaba muy avanzada. Fue emocionante, natural. Y terminó siendo de las más reconocidas de nuestro catálogo.
Daniel del Valle: La sonrisa intacta era antes un tema más rock, más directo, casi cercano a Leiva. Colmenero vio que podía crecer si se vaciaba y ganaba dinámica. Nos daba vértigo dejarla tan desnuda, voz + guitarra durante un minuto entero, pero funcionó.
P: Una palabra para definir esta gira.
Joshua Froufe: Intensa. Suena tópico, pero es la verdad.
P: ¿Hubo temas que jamás imaginasteis que terminarían sonando como ahora?
Erlantz Prieto: Sí. La sonrisa intacta cambió muchísimo desde la idea inicial al resultado final. Otras canciones apenas se alteraron, pero esta vivió una metamorfosis total. Eso pasa cuando alguien externo te dice: prueba esto. Y funciona.
P: ¿La canción que más cambió con el tiempo?
Daniel del Valle: Mi vida sin mí dio la vuelta completa. Era acústica y terminó con sintes distorsionados, efectos, estructuras cambiadas. Desde La buena suerte empezamos a permitirnos romper reglas. Costó al principio, pero ganamos muchísimo.
P: ¿Cómo gestionáis la democracia interna en un momento donde hay más solistas que bandas?
Gabriel de la Rosa: Con diálogo real. No se avanza hasta que los cuatro estamos de acuerdo, aunque nos haga ir más lentos. Es la base humana del proyecto y lo que sostiene lo artístico.
P: ¿Qué concierto esperáis con más ganas?
Daniel del Valle: El final de gira: 27 de diciembre, Movistar Arena. 15.000 amigos. Lo más grande que hemos hecho, con sorpresas, colaboraciones, una producción más ambiciosa que nunca. Grabamos recursos dentro del recinto vacío y fue impactante: a la vez enorme y manejable. Hay nervios buenos.
P: Si pudierais borrar una canción solo para volver a crearla…
Joshua Froufe: Qué casualidad. No porque no nos guste, no borraríamos ni una sílaba, sino porque la producción llegó en un momento en el que aún no éramos tan experimentados. Hoy le daríamos otro enfoque. Es como la vida: hace diez años habríamos hecho algo distinto.
P: Canción favorita del álbum.
Erlantz Prieto: Berlín.
Gabriel de la Rosa: Los días que me duelen.
Joshua Froufe: Berlín.
Daniel del Valle: Los días que me duelen.
P: Empate, 2-2.
P: Con las redes y los 15 segundos, ¿ha cambiado la forma de enamorarse de las canciones?
Erlantz Prieto: Sí. La atención ha disminuido. Hay consumos de 3, 10 o 15 segundos. Pero también vuelve el formato álbum. Rosalía lo demuestra: se habla del disco completo, del concepto. Es pendular.”
P: ¿Creéis que la gente realmente escucha álbumes completos hoy, o solo funciona cuando hay un nombre tan grande como Rosalía detrás?
Erlantz Prieto: Creemos que es un poco de todo. Es innegable que dentro del fenómeno Rosalía hay algo que trasciende el single. Cuando salió El Mal Querer, coincidimos con ella en un festival y fue un punto de inflexión. Estábamos tocando, terminamos, y todo el mundo desapareció porque empezaba Rosalía. Incluso nosotros desaparecimos para verla.
Gabriel de la Rosa: Recuerdo estar sentados en el Apolo con unas cajas de unas Frankies y Erlantz dijo: ‘Esa es Rosalía, lo va a petar’. Y dijo: ‘y ese es C. Tangana’. Y tenía razón. Esa anécdota la contamos mucho porque es memoria viva de lo que luego ocurrió.
Daniel del Valle: Entonces sí, hay discos que funcionan porque el nombre pesa, pero también hay discos que funcionan porque el concepto es sólido. Rosalía es ejemplo de álbum como obra, no solo como colección de singles.
P: ¿Cómo veis el panorama actual del indie/rock alternativo?
Gabriel de la Rosa: Vibrante. Lleno de oferta, de bandas jóvenes, de veteranos reinventándose. Arde Bogotá ha abierto puertas y motivado a chavales a coger guitarras. Hay una época dorada creciendo delante de nosotros. Más rock, más directo, más banda. Hasta artistas urbanos llevan orquesta o grupo completo. El público lo pide: vuelve lo orgánico.
Shinova cierra un ciclo que ha crecido escenario a escenario.
El 27 de diciembre en Movistar Arena, frente a miles de personas, terminará oficialmente El presente y los días que vendrán, un proyecto que ha mutado en directo, que ha sumado colaboraciones, que se ha vuelto a grabar, revisitar, transformar.
Una despedida a lo grande.
Un presente vivo.
Y los días que vendrán.