Hay artistas que celebran sus hitos y otros que los entierran. Dellafuente ha optado por lo segundo. RIP Dreams no es una victoria envuelta para regalo ni una postal del Metropolitano, sino un gesto raro en la cultura pop actual: convertir el punto más alto de una carrera en una despedida. No del público, ni siquiera de la música, sino de una versión de sí mismo que ya no existe.
Antes de interpretarlo, conviene aclararlo: RIP Dreams no es un nuevo álbum de Dellafuente, ni un directo al uso, ni una autobiografía encuadernada. Es un proyecto físico y conceptual que gira alrededor de su concierto en el estadio Metropolitano de Madrid, uno de los hitos más visibles de su carrera.
El título no admite demasiadas lecturas amables. RIP Dreams no dice “gracias”, dice “descansa en paz”. No suena a continuidad, suena a corte. Y eso es lo que vuelve interesante el proyecto: no documenta un éxito, sino que lo clausura. Dellafuente trata su propio sueño cumplido como algo muerto, como si hubiera entendido que alcanzar una meta no siempre produce alivio, sino vacío.
En la cultura musical estamos acostumbrados a la narrativa del ascenso. El relato clásico va de abajo arriba y rara vez se detiene a mirar qué pasa después. ¿Qué ocurre cuando el sueño se cumple? ¿Cuando el escenario es el más grande posible y, aun así, no basta? RIP Dreams se instala justo ahí: en el día después del triunfo.
El Metropolitano aparece como telón de fondo, pero no como celebración, sino como prueba del crimen. El crimen de haber llegado. El concierto no es el final feliz, sino el punto de no retorno. Y eso cambia completamente la lectura del proyecto. Dellafuente no se mira con orgullo, se mira con distancia. Como quien revisa fotos de una relación terminada: con cariño, sí, pero también con la certeza de que no se puede volver.
Hay algo profundamente generacional en este gesto, pero no en el sentido habitual. No habla de jóvenes construyendo identidad, sino de adultos jóvenes enfrentándose por primera vez a la decepción del éxito. A descubrir que el sueño no era una casa donde quedarse, sino una habitación de hotel: intensa, breve y ajena.
RIP Dreams no es un disco nuevo ni un simple recuerdo de gira. Es un fotolibro de edición limitada y un proyecto documental que Dellafuente ha construido a partir de sus conciertos celebrados en junio de 2025. El objeto reúne fotografías inéditas de los ensayos, el montaje técnico y el propio directo, además de textos y una conversación poco habitual con el artista. Concebido como una pieza física -más para conservar que para “consumir”-, el libro no busca ampliar la experiencia del concierto ni convertirlo en mito eterno, sino fijarlo, cerrarlo y dejarlo atrás.
Antes de ponerse a la venta, RIP Dreams se presentó mediante una exposición efímera en Granada, abierta solo durante dos días, donde el material del libro se mostró como archivo visual y sonoro del proyecto. Desde febrero de 2026, el fotolibro puede adquirirse online por unos 35 euros, con una tirada limitada.
Así que, si hay que explicarlo de forma clara: RIP Dreams es el proyecto con el que Dellafuente decide no seguir contando la misma historia, justo cuando más rentable sería hacerlo. No es un recuerdo para revivir el concierto, sino una forma de decir que ese concierto ya pertenece al pasado.