Entre la sumisión a la creación y la devoción por lo propio se mueve Curro desde hace ya varios años. Después de fundir el folclore andaluz con un sonido moderno, el gaditano ha lanzado su segundo álbum y la continuación de su estela, Dios Dirá, Dios Proveerá. Un disco potente, andaluz y fresco. ElPlural habla con él sobre creación, masculinidad, encomendarse a lo divino y ese equilibrio entre la vulnerabilidad y la fuerza que sostiene su trayectoria.
Pregunta (P): Has adelantado Ningún mar, con Kiki y Estrella Morente, antes del lanzamiento de tu nuevo disco.
Respuesta (R): Estoy muy contento. Es un lujo poder compartir un tema con Kiki y Estrella, sigo procesándolo. Aunque grabamos hace meses, aún me cuesta asimilar que Estrella cante una letra mía. Como amante del flamenco, es muy fuerte. Ellos me trataron como uno más, y eso significa mucho para mí.
P: Te oí contar que primero se sumó Kiki, pero luego Estrella escuchó la canción y quiso unirse.
R: Fue algo muy natural y humilde por su parte. Estuve en su casa, compartiendo intimidad con la familia, y me hicieron sentir parte de ellos. Ha sido de los pocos momentos en los que he sido un verdadero fan.
P: Es un tema que habla de desamor y pérdida. ¿Cómo surge?
R: Nació de un momento chungo. Todo el disco surge de una etapa muy baja, y aunque hable de una ruptura, cualquiera puede sentirse identificado desde la óptica de la pérdida. Tenía una depresión ansiosa y todo estaba magnificado. Es curioso porque escribí casi todas las canciones del disco meses antes de todo aquello, como si me anticipara a lo que iba a vivir después.
P: ¿Cómo te reconcilias ahora con todo ello una vez acabado el disco?
R: Con terapia entendí que la canción removía cosas antiguas: bullying del colegio, inseguridades físicas, muchos miedos acumulados. Mi psicóloga me dijo que llevaba 24 años construyendo un muro y que, al sacar la canción, cayó entero. Trabajamos por etapas y aprendí a gestionarlo. Desde junio siento que ya tengo herramientas y no tengo preocupaciones de fondo.
P: Quería hablar de El Palmar. Después de años haciendo música, ese tema se te viraliza y cambia tu trayectoria.
R: Hoy en día se viralizan canciones, no artistas. El tema explotó y, en Cádiz, todos los sitios a los que iba me conocían. Tuve ansiedad en discotecas porque era la primera vez que me grababan de fiesta. Bromeo diciendo que El Palmar es lo peor que me ha pasado en la vida (ríe). Lo único bueno que me trajo fue dinero para poder hacer este disco.
P: Tu disco se llama Dios Dirá, Dios Proveerá y en general en tu discografía hay mucha iconografía cristiana. Culturalmente, ahora se nota un interés general por lo espiritual. Tú llevas tiempo trabajando con esas referencias. ¿Cómo lo vives?
R: Forma parte de mí desde siempre. Pero creo que socialmente vivimos en el desamparo absoluto. La vida está muy cara, la compra, el precio del alquiler, hay incertidumbre. Cuando no confías en la humanidad, te tienes que aferrar a lo intangible. Es una forma de encontrar paz en la espiritualidad, ya sea Dios o una energía. En mi caso, todo ello está muy ligado con Andalucía, que vive por y para las fiestas de todos los santos desde siempre.
Tenemos ya una guerra entre andaluces, payos y gitanos, para ver quién hace flamenco y quién no
P: Precisamente el imaginario andaluz es muy potente en tu música.
R: Es mi cotidianidad. Cuando trabajábamos el proyecto, dejé claro que no quería caer en lo costumbrista. El andalucismo aparece porque yo soy andaluz y ese es mi entorno. El shooting del álbum se hizo en Sanlúcar porque es mi pueblo, no para “decorar” la estética. Cuando empecé a organizar un poco el proyecto y me senté tanto con el fotógrafo como con la productora y demás, tanto el shooting como el vídeo, yo avisé: “no voy a hacer costumbrismo”. Lo que yo tenga de andaluz y lo que aparezca de Andalucía es porque es parte de mi cotidianidad. No va con una intencionalidad o una estética costumbrista. Siento que el costumbrismo ya ha llegado a un punto que agota, porque es un impostado. No puedo ver más servilleteros ni sillas de bar en redes socialesEstoy agotado. Eso no es costumbrismo, eso es ya un “porcojo”. Es un “acostumbrismo”: o te acostumbras, o te acostumbras.
P: Es importante que la estética pertenece a la propia idiosincrasia del lugar.
R: Todo mi proceso de sanación viene de Sanlúcar, y todo lo que veía cuando andaba por la calle ha sido eso. Además, estéticamente, en el proyecto todo lo que tenga que ver con imagen está muy relacionado con los desperfectos de la ciudad. Lo que no hemos dejado de ver, pero que tenemos tan asumido que ya ni reparamos en ello. Cosas que están mal en nuestro alrededor y que, por desidia o por una actitud un poco depresiva, no se arreglan. Mi pueblo tiene depresión, para que te hagas una idea. El suelo, las paredes están llenas de caliche, de desconchones. Vas andando y la pared está levantada, el asfalto tiene socavones, faltan adoquines, hay chicles pegados… En los bares, todas las mesas tienen servilletas o tacos puestos debajo porque están cojas. Yo empecé a ver eso y pensé: 'es literalmente lo que he estado haciendo yo todo este tiempo, poner tiritas a los problemas'. Y eso es lo que queda representado audiovisualmente, todo lo del shooting aparece con algo que está en mal estado o arreglado de mala forma para representarlo.
P: Pero hace unos años vivimos el boom de una estética andalucista en la música. ¿Se ha puesto de moda lo andaluz por postureo?
R: Cien por cien. Cuando en los años sesenta España abrió el turismo al exterior, la estética y el bien cultural que se expandió por todo el mundo fue el andaluz. Lo que se representaba como España era literalmente Andalucía. Ahora supongo que, como es tan divertido tocar palmas y aceptar el flamenco, llega un punto que me parece ridículo. Porque cuando ves que alguien, por ejemplo de Madrid, mete palmas en un tema porque su tía abuela era de Jaén, me agota. Y más cuando lo justifican mal. Primero preocúpate por entenderlo, por estudiarlo, y luego ya metes bien las palmas. Me cansa porque muchas veces esas personas tienen incluso más reconocimiento que nosotros. Y es muy triste que haya artistas andaluces que de verdad hacen flamenco, que no es mi caso, y no tengan ni la mitad de reconocimiento que un payo de Galicia que de pronto mete palmas. Estamos en un país globalizado y lo único bueno de eso es que puedes acceder a cualquier cultura en un minuto, pero con conocimiento y respeto. Nos está costando a los propios andaluces. Tenemos ya una guerra entre andaluces, payos y gitanos para ver quién hace flamenco y quién no. Ese debate sigue abierto. Aunque ahora estamos todos más mezclados, sí que queda una parte donde se sigue viendo cómo se construyó todo.
P: Dicen que a un artista gitano se le nota lo gitano.
R: No es que tengan más legitimidad que un payo para cantar, pero hay algo que forma parte de su ADN. También influye lo que te acostumbras a escuchar. Si te crías escuchando cante gitano, es lo que te sale. Cuando canta un gitano, normalmente se nota ese sentimiento ligado al género, porque le nace de dentro. Pero luego tienes, por ejemplo, a Juanito Valderrama, con una voz y un vibrato característicos. Y también conozco gente que va “de gitano” o “de gitana” y resulta que no lo son.
Me di cuenta que permorformaba una masculinidad que no tenía
P: Un punto muy interesante de tus letras son las reflexiones en torno a la masculinidad. En Llorón dices “cuestioné a mis amigas de siempre por querer ser un hombre, un hombre de verdad”.
R: Viene a raíz de darme cuenta que performaba una masculinidad que no tenía. Todo mi bullying venía de poner en duda mi orientación sexual cuando yo ni siquiera me definía aun con nada. Cuando creces como hombre, empiezas a adoptar comportamientos que no son tuyos. Mi ex pareja fue la primera persona en plantearme el tema de la performatividad masculina, y se lo agradezco muchísimo. Los hombres tienden a hacerse los machos especialmente en grupo, y nunca estoy dentro de eso ni voy a estarlo. No soy Amador Rivas. No hace falta montar esa actuación alrededor de nadie.
P: Es curioso que vendan ese modelo como el cúlmen de la libertad, cuando es precisamente tan limitante. Lo desafías en Maricón.
R: De hecho cuando sienten varias cosas a la vez, entran en cortocircuito. He sido testigo de involuciones dentro de mi círculo cercano. De pasar a llorar y sentir un espectro alto de emociones a d decidir cerrarse por completo. Una decepción. Podríamos abrirnos al mundo entero, pero muchos prefieren dar pasos atrás.
P: Otra cosa interesante de tu trayectoria es que experimentas constantemente. Tu LP Fango de repente tiene ritmos cariocas.
R: La música es diversión. Me gusta experimentar con sonidos grandes y distintos.En cuanto al ritmo, me pasa que me siento muy conectado con ritmos africanos, del norte de África, y también caribeños, porque tienen una relación muy profunda con el flamenco. En las formas de tocar, en los patrones, en la energía. Esa diversidad me mantiene vivo. Me aburriría pasar 40 o 50 años haciendo siempre el mismo tipo de tema. Después de muchos años de trabajo y aprendizaje, especialmente gracias a internet, siente que puede explorar cualquier género sin perder su esencia.
P: ¿Por qué no te consideras flamenco?
R: Siento que el flamenco tiene algo que yo aún no tengo. Es intangible. Quizá hay un flamenco dentro de mí que un día terminará de salir con el tiempo. Ahora mismo lo miro con mucho respeto, desde cierta distancia. No sé si en algún momento cambiará mi relación con él.
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