Nuevos rincones por descubrir, experiencias irresistibles que se renuevan constantemente y la Semana Santa, a las puertas de comenzar, son algunas de las cosas en las que los españoles no pueden dejar de pensar. Con el buen tiempo, que ya conquista la mayoría de las comunidades, Guía Repsol siempre nos acompaña para descubrir experiencias gastronómicas, planes para compartir con nuestros seres queridos o lugares donde alojarnos. Hoy presentamos, de la mano de la compañía, un destino en el sur de Tarragona al que nadie puede resistirse.
'Musclarium', el establecimiento situado en medio del mar, nos muestra cómo las ostras y los mejillones conquistan a todos los amantes de la gastronomía que se animan a vivir una experiencia inolvidable. Además, el hecho de tener que llegar en barco convierte esta vivencia gastronómica en una auténtica película oceánica.
Donde el Mediterráneo parece detenerse
En este rincón del sur de Tarragona, las aguas de la Bahía de los Alfaques, frente a Sant Carles de la Ràpita, se muestran como una especie de laguna tranquila, protegida del oleaje por la lengua de sedimentos del Trabucador. A poco más de una milla del puerto emergen cerca de 90 bateas, entre ellas la histórica ‘Musclarium’, fundada en 1942, donde no solo se cultivan ostras rizadas y mejillones, sino que también pueden degustarse con vistas únicas al mar.
Del auténtico fondo del mar a la mesa
El recorrido en barco desde el puerto apenas supera los 15 minutos. En este enclave del Mediterráneo, al sur de la desembocadura del Ebro, “la arena abraza al mar”. El Trabucador actúa como un frágil escudo natural que protege la Bahía de los Alfaques.

El trayecto en barco, de apenas 15 minutos, forma parte esencial de la experiencia gastronómica. GUÍA REPSOL
Gracias a la calma de sus aguas, la experiencia permite observar de cerca el cultivo y degustar el producto directamente sobre la estructura flotante. Las cuerdas cargadas de mejillones pueden alcanzar hasta 20 kilos en menos de un año. “Menos de una cuarta parte de la producción se vende en Francia y en los mercados de Madrid, Valencia y Zaragoza. El resto se queda en la comunidad."
En el caso de la ostra, el cultivo sigue un sistema particular. “Fijamos las crías de tres en tres a una cuerda con un poco de cemento. Esto permite que crezcan de manera casi uniforme, sin mucha competencia entre ellas por la alimentación y de forma redondeada. Además, hemos cambiado el antiguo formato ostrón por uno más pequeño, de bocado, que gusta más”. Tras entre 18 y 24 meses de crecimiento, “les hacemos la manicura”, limpiándolas manualmente antes de devolverlas al mar para su purificación final.
Las ostras pasan entre 18 y 24 meses en el mar antes de llegar a la mesa. GUÍA REPSOL
Mejillones y ostras de ‘Musclarium’. GUÍA REPSOL
El arte de abrir una ostra
Antes de marcharse, muchos visitantes aprovechan para aprender el arte de abrir ostras de la mano de Albert, experto en la materia.
“Lo primero que hay que tener en cuenta es que las ostras deben conservarse siempre con la parte plana hacia arriba. Para abrirla, colocamos dicha parte plana mirando hacia nosotros y la curva más ancha apuntando hacia arriba. En la zona superior derecha encontraremos el músculo que une ambas conchas; ahí es donde debemos introducir con delicadeza la punta del cuchillo y, con un movimiento suave de palanca, estará lista. Es importante enjuagar un poco la ostra —un par de veces como mínimo—, revisar su textura, color y aroma; debe oler a mar fresco… ¡y listo!”
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