Israel ha sumado otro nombre de alto perfil iraní a la lista de mandos que dice haber abatido desde el inicio de la escalada militar. Un oficial israelí afirmó este jueves que un ataque en Bandar Abbas acabó con la vida de Alireza Tangsiri, comandante de la Marina de la Guardia Revolucionaria iraní y una de las figuras más asociadas a la presión de Teherán sobre el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que se mueve por mar en el mundo. Por ahora, no había confirmación pública ni del Ejército israelí ni de Irán sobre su muerte.

La información apareció primero en medios israelíes, que situaron el golpe en el sur de Irán y presentaron a Tangsiri como el responsable militar de las operaciones navales con las que la República Islámica ha estrangulado el tráfico en Ormuz durante las últimas semanas. Según ese relato, el general dirigía el despliegue de minas marinas, drones y embarcaciones rápidas con las que Teherán ha convertido ese corredor en uno de los principales frentes de la guerra.

Tangsiri era un nombre central dentro de la doctrina naval iraní. Al frente de la Marina de la Guardia Revolucionaria, había convertido las tácticas de hostigamiento asimétrico en una pieza básica de la estrategia de Teherán en el Golfo. Bajo su mando, Irán reforzó el uso de lanchas rápidas, drones suicidas y minas para condicionar la navegación en una ruta que conecta a los grandes productores del Golfo con Asia, Europa y otros mercados. La presión sobre Ormuz se ha vuelto uno de los instrumentos más costosos de la guerra, no sólo por su valor militar, también por el efecto inmediato sobre la energía y los seguros marítimos.

Ormuz, el cuello de botella que sacude al mercado energético

El paso no está cerrado de forma absoluta, pero sí gravemente alterado. Irán defiende que Ormuz sigue abierto para los buques no vinculados a países “enemigos”, aunque la navegación se ha visto severamente perturbada por el conflicto. Esa situación ha bastado para bloquear exportaciones, elevar los costes del transporte y disparar las alertas en los mercados energéticos. Irak, por ejemplo, declaró la fuerza mayor en varios yacimientos operados por compañías extranjeras después de que la interrupción del tráfico por Ormuz dejara prácticamente detenidas sus exportaciones de crudo.

El golpe atribuido a Israel llega, además, en uno de los peores momentos para el mercado global de la energía. El estrecho de Ormuz mueve en torno al 20% de los envíos marítimos mundiales de petróleo y gas natural licuado. Reuters señaló este mismo jueves que la guerra ha trastocado especialmente el negocio global del GNL, con daños sobre la capacidad exportadora de Qatar y una subida del 143% en los precios asiáticos del gas desde finales de febrero. En paralelo, el atasco en Ormuz ha empujado al alza el precio del crudo y ha añadido presión a países muy dependientes de las importaciones energéticas.

Si se confirma, la muerte de Tangsiri tendría un valor táctico y simbólico para Israel. Táctico, porque afectaría a uno de los mandos mejor colocados para coordinar operaciones navales iraníes en el Golfo. Simbólico, porque golpearía a uno de los rostros más visibles de la capacidad de Teherán para convertir el mar en un campo de castigo económico global. En el discurso israelí, ese perfil encaja con la campaña lanzada contra altos cargos militares iraníes en distintos frentes del conflicto.

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