Dejar los platos sucios en el fregadero, incluso cuando tenemos lavavajillas, es algo muy común en la mayoría de los hogares. Y es que hay personas que prefieren dejarlos en la pila hasta que se vayan acumulando y otras que no dudan en lavarlos rápidamente (o colocarlos en el lavavajillas) sin mayor dilación.

A priori, el hacerlo o no hacerlo parece que está reñido con hacer frente a la 'pereza' de limpiar pero según un análisis publicado recientemente, ese gesto cotidiano puede revelar ciertos rasgos de personalidad que van mucho más allá de la simple falta de ganas de limpiar.

Y es que hay personas a las que el hecho de estar en un entorno algo desordenado, como sucedería en una cocina con la vajilla despertigada por el fregadero, no les supone un problema en absoluto. Esto es así porque su atención está puesta en otras tareas o intereses, y el desorden no interfiere en su actividad diaria.

De hecho, algunos estudios incluso relacionan los espacios desordenados con niveles más altos de creatividad, al favorecer ideas menos convencionales.

¿Por qué hay personas que prefieren acumular los platos sucios en el fregadero

¿Por qué hay personas que prefieren acumular los platos sucios en el fregadero según la psicología?

Los resultados de esta investigación no es que distingan a las personas que prefieren vivir en un entorno ordenado y otras desordenado sino que hay personas que prefieren dar una mayor importancia a asuntos que consideran relevantes —trabajo, ocio, descanso o familia— que a las pequeñas tareas domésticas.

Por ejemplo, podría ser el caso de una persona que llega con la mente agotada a su casa después del trabajo y prefiere concentrar su energía en tareas menos apetecibles que fregar los platos, porque su atención está puesta en otra cosa. Por ejemplo, puede estar compartiendo tiempo con otros, o disfrutando de una lectuyra placentera, entre otros casos. Pero esto no quiere decir que no le guste ordenador o limpiar sino que simplemente ha puesto en foco en otras cosas que considera relevantes. 

Cómo establecer prioridades y dejar atrás la procrastinación

Cómo establecer prioridades y dejar atrás la procrastinación

No hay duda de que hay personas que son más limpias que otras, que dan más prioridad a estos aspectos que los demás. Sin embargo, lo cierto es que hay ciertos límites que hay que respetar para tener una buena vida: y es que no se puede dejar la pila sin lavar eternamente. Muchas veces este tipo de problemas suceden cuando hay iuna falta de tiempo.

Para lograr hacer todas las tareas que necesitas sin agobios, la clave está en decidir qué es realmente importante y en qué momento debe hacerse. Para empezar, conviene distinguir entre lo urgente y lo relevante. Lo urgente es lo que exige respuesta inmediata; lo relevante es lo que tiene impacto real en tus objetivos a medio y largo plazo. Muchas veces, lo que posponemos pertenece a esta segunda categoría.

Un buen punto de partida es ordenar las tareas según tres criterios sencillos: importancia, plazo y energía disponible. Pregúntate qué tareas acercan más a tus metas, cuáles tienen fecha límite y en qué momentos del día rindes mejor. Las tareas complejas, que requieren más concentración, suelen funcionar mejor cuando la mente está fresca.

Dividir una tarea grande en pasos pequeños también ayuda a combatir la procrastinación. Cuando algo parece demasiado grande, el cerebro tiende a evitarlo. Convertirlo en acciones simples y manejables reduce la resistencia inicial y facilita empezar. Por último, es útil aceptar que la motivación no siempre llega antes de empezar. A menudo aparece durante el propio proceso. En lugar de esperar el “momento perfecto”, basta con comenzar por una acción pequeña. Esa inercia inicial suele ser suficiente para continuar.