Trump pretende avasallarnos. Sus franquicias locales, como los vendepatrias que siempre han sido, acuden raudos a tratar de hacerle el trabajo sucio. Este es el tipo de solícitos lamebotas que Trump y los suyos quisieran tener en los gobiernos, en toda Europa. Muy a las claras lo escribieron en su nueva Estrategia Nacional de Seguridad.

La negativa del gobierno del socialista Pedro Sánchez a facilitar el uso de las bases de Rota o Morón para la escalada bélica contra Irán, así como su firme posición de denuncia de la vulneración del derecho internacional que supone tal política de agresión, ha desatado la ira del actual ocupante de la Casa Blanca.

La crítica a una dictadura especialmente odiosa como es la iraní no es incompatible en absoluto con la adhesión a los principios del derecho internacional y con la crítica a una política exterior estadounidense basada en la fuerza y la coacción, por los riesgos inherentes que entraña, no solo para las poblaciones civiles atrapadas en el fuego, que es sin duda lo más perentorio, sino para el conjunto de la humanidad.

Ante las amenazas de ruptura de las relaciones comerciales, Sánchez se ha mantenido impertérrito, subrayando la coherencia de la posición española con la que mantiene respecto a la guerra de agresión rusa en Ucrania o respecto al genocidio contra la población palestina. También recordando que España es un Estado miembro de la Unión Europea y que, por ello, no es posible que reciba un trato distinto al que se dispense al conjunto del bloque europeo.

Si algo ha podido quebrar la serenidad de la reacción española a las invectivas del trumpismo, ha sido el patético intento de crear una realidad alternativa en la que el gobierno español habría reculado ante Trump, mentira paticorta que pergeñó Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca. Fue desmentida de forma vehemente e inmediata por el ministro Albares, para regocijo e hilaridad general.

La derecha y sus corifeos mediáticos pretenden convencernos de que, con la actitud de Sánchez, España queda aislada, pero yo soy incapaz de recordar tal torrente de simpatía y solidaridad internacional como el que estamos viendo estos días. Es más, las críticas de distintas cancillerías al ataque de Israel y los Estados Unidos contra Irán se han ido multiplicando, a medida que va quedando claro que no hay ni un motivo claro ni un plan sólido.

Feijóo y Abascal, publicando en inglés en las redes sociales —quizá buscando que el dueño les pase la mano por el lomo— nos demuestran a las claras qué se podría esperar de la conjunción derechista, si llegara a estar en el gobierno. Su sumisión a la voluntad de Trump sería total, dejándose arrastrar a sus aventuras bélicas. Esto ya lo hemos visto antes, y es algo a lo que no hay que volver.

Ferran Pedret i Santos, presidente del grupo del PSC en el Parlament de Catalunya

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