Confieso que no soy una especialista en Derecho Internacional, huelga decirlo. Aunque también creo que, como jurista, sé algo más de los montones de todólogos y opinadores varios que han surgido como champiñones como ocurre cada vez que un tema importante salta a la palestra. Y obviamente, lo ocurrido en Venezuela es un tema de enorme importancia a todos los efectos. Por suerte o por desgracia.
Una cosa hay que dejar clara desde el principio. Fuera como fuera el régimen venezolano, lo que ha hecho Trump es ilegítimo y contrario a las normas de Derecho Internacional que atañen, o deben atañer, a todos los países. Si admitimos que la lucha contra el narcotráfico -o narcoterrorismo, según se ha dicho- justifica la intervención, estaríamos dando cobertura a la invasión de Ucrania por parte de Rusia alegando luchas contra un supuesto neonazismo, o el genocidio de Gaza en Israel so pretexto de combatir el terrorismo de Hamas. Y eso es inadmisible.
Ahora bien, no pueden confundirse las cosas, ni mezclar churras y merinas. La condena a la intervención de Estados Unidos en Venezuela no significa, en modo alguno, el apoyo al que fuera el régimen del presidente Maduro. Y eso no lo ha entendido mucha gente, entre ellas, los miles de manifestantes -en su mayoría, venezolanos expatriados-que celebraban lo que llamaban erróneamente “caída” de Maduro como si se tratara de una fiesta. Y no puede serlo, por ganas que tuvieran de un cambio de gobierno. Porque el fin no justifica los medios.
Por desgracia, hay partidos políticos que han contribuido, por acción u omisión, a esa confusión de la opinión pública. Condenar la invasión no es apoyar a Maduro, aunque quien apoye el régimen de Maduro vaya a condenar, obviamente, la invasión.
No hay más que echar un vistazo a las redes sociales para ver esta tendencia. Me contaba una buena amiga, ilustradora de profesión, sobre la cantidad de críticas y comentarios desagradables que había recibido por un dibujo donde sencillamente, con el fondo de una bandera venezolana, expresaba su preocupación por la paz. Así nos va.
Tal vez quienes apoyan la acción de Trump no se percaten del peligro que comporta, o no hayan querido ponderar sus consecuencias Admitir como legítima una acción de este calibre sería tanto como admitir que cualquier excusa vale para que una potencia invada otro país impunemente e imponga su voluntad y sus criterios. Hoy es Venezuela, pero mañana podría ser cualquiera. Eso sí, cualquier país que tuviera una riqueza que interesara al invasor Porque, de no ser así, los de los derechos humanos parece que les importa menos. O igual es cosa mía, que soy muy mal pensada.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)