Vecinos de el centro de Sevilla adorna su balcón con colgaduras debajo de la bandera de España en vísperas de Semana Santa en 2020. Europa Press Archivo.
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La junta extraordinaria se convocó a las ocho de la tarde, por vía de urgencia y vía WhatsApp, que es como ahora se declaran las guerras y se avisa de que alguien ha dejado una bolsa de basura junto al ascensor. El presidente de la comunidad, don Ramiro, es un personaje peculiar, traído del más allá como tiempo político y aterrizado en el más acá como problema social. Insiste en que lo llamemos don Ramiro, aunque nadie sabe muy bien de dónde le viene el don. Cada vez que me lo cruzo en el portal regreso a 1993, sin necesidad de máquina del tiempo ni ná.
Jubilado anticipadamente con la crisis de 2008, defensor de España a niveles banderísticos y, si hubiera que ponerle cuerpo y cara, Mauricio Colmenero. Tiene una bandera en el balcón, otra en la pulsera y una tercera en el coche, que es alemán. Siendo presidente, debe tres recibos de comunidad y lleva seis meses negándose a pagar el arreglo del ascensor. Considera que las derramas son un abuso fiscal y que subir cuatro plantas andando fortalece el carácter nacional. Su hijo, youtuber de habitación, habla de “askesis”, cual griego de antes del yogur, del entrenamiento para seguir entrenando.
A la reunión acudieron los cuatro estudiantes del tercero B, a los que Ramiro llama okupas pese a pagar mil seiscientos euros de alquiler, con voz sin voto. También participó por videollamada el dueño de los cuatro apartamentos turísticos, los votos necesarios para Don Ramiro President 4ever y el número de pisos exactos que chicos conviven en el tercero. Casualidades. Estaba Paqui, la viuda del primero, y, accidentalmente, los cinco guiris que protagonizaban la alevosía nocturna de nuestra comunidad aquella tarde. Se ha convertido en tradición que los turistas llamen a Paqui nada más llegar para pedir toallas. La mujer ha terminado desconectando el telefonillo. Incluso la semana pasada uno le preguntó a qué hora servían el desayuno. Paqui le respondió que a las ocho, en el bar de enfrente y pagando. La pareja joven del segundo no pudo venir. Don Ramiro hizo constar su ausencia como falta de compromiso de ella para “dejar” al marido acudir. Se ajustó la bandera de España de la pulsera, repasó unos papeles y comenzó:
—Se han convocado elecciones.
Revuelo y caras. ¿Elecciones? ¿Las de España? ¿O había decidido don Ramiro abandonar por fin la presidencia?
—Elecciones generales —añadió, al ver nuestras expresiones.
Estoy segura de que llevaba desde ayer ensayando aquel momento. Él no tiene más tarea que vida.
—Tenemos que prepararnos —continuó.
—¿Para votar? —preguntó uno de los estudiantes.
—Para lo que pueda pasar.
A don Ramiro siempre le preocupa lo que pueda pasar. Lo que ya ha pasado, como la avería del ascensor, le interesa bastante menos. Propuso colocar una bandera de España en la entrada del edificio, por si alguien tenía dudas sobre el país en el que estaba. Paqui preguntó si no sería mejor poner primero una bombilla en el portal, que llevaba dos semanas a oscuras.
—La bandera es prioridad nacional, Paqui.
El propietario del apartamento turístico intervino desde la pantalla para apuntar que estaba de acuerdo con la bandera y añadió poner unos farolillos para hacer una experiencia inmersiva al guiri. Entre los dos ganaron la votación.
—Claro, hay que defender lo nuestro —dijo Ramiro.
Uno de los estudiantes preguntó si las elecciones generales tenían alguna relación con la comunidad de vecinos.
—Toda —respondió don Ramiro—. La política empieza en casa.
—Pues empieza pagando los tres recibos —dijo Paqui.
Don Ramiro denunció una campaña de desprestigio contra su persona y recordó que ya no se podía decir nada en este país. Llevaba cuarenta minutos hablando. Mientras tanto, uno de los ingleses intentaba abrir el cuarto de contadores convencido de que era el baño. La junta terminó sin arreglar el ascensor y sin aclarar por qué nos habían convocado. Don Ramiro anunció que seguiría defendiendo la libertad de todos, aunque lamentó que algunos vecinos la utilizaran para llevarle la contraria. Al salir, nos pidió que no habláramos de política en el grupo de WhatsApp de la comunidad. Él acababa de cambiarle el nombre a “Edificio Reconquista”. Paqui escribió que alguien había vuelto a mear en el paragüero. Don Ramiro respondió con una bandera.




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