Andalucía se prepara para una de las mayores demostraciones de fuerza ciudadana de los últimos años. El próximo miércoles, 29 de abril, bajo el lema “Universidades Andaluzas x la Pública”, una amplia red de organizaciones estudiantiles, sindicales y sociales ha convocado movilizaciones simultáneas en toda la comunidad. El objetivo: frenar lo que consideran un proceso planificado de desmantelamiento del sistema público universitario impulsado por el Gobierno de Juanma Moreno Bonilla.
La plataforma surge como respuesta a lo que denuncia como una asfixia financiera sostenida y un incumplimiento reiterado de compromisos por parte de la Junta de Andalucía. Entre sus principales reivindicaciones destaca el blindaje inmediato del 1% del PIB para las universidades públicas - tal y como contempla la LOSU -, una medida que consideran imprescindible para garantizar la calidad educativa y evitar que el acceso a la universidad dependa de la capacidad económica.
Pero la protesta va más allá de una cuestión presupuestaria. El movimiento señala directamente a la nueva Ley Universitaria para Andalucía (LUPA) como el instrumento político que impulsa una “mercantilización” del sistema. Denuncian que esta norma empuja a las universidades públicas a conseguir recursos propios, como mínimo, de entre un 25% y un 30% de su presupuesto para poder mantener sus puertas abiertas, mientras facilita la expansión de universidades privadas, incluso otorgándoles presencia en órganos clave como el Consejo Andaluz de Coordinación Universitaria.
En este contexto, la defensa del modelo público se traduce en demandas concretas: mantener la bonificación del 99% de las tasas, garantizar la gratuidad total de la acreditación del B2 y evitar que la universidad se convierta en una “criba de renta”. Para los convocantes, está en juego la supervivencia de un sistema que históricamente ha funcionado como ascensor social para las clases trabajadoras andaluzas.
El conflicto tiene una dimensión claramente política. Desde la plataforma se acusa al Ejecutivo andaluz de aplicar un modelo de financiación que, lejos de reforzar lo público, lo debilita estructuralmente y, además, ni siquiera cumple. Aunque el Gobierno autonómico habla de cifras “récord” de inversión, los rectores y sindicatos advierten de que estas no cubren ni el aumento de costes energéticos ni las subidas salariales pactadas por ley.
El resultado es un déficit operativo creciente que ha obligado a las universidades a consumir sus propios remanentes, comprometiendo la investigación, el mantenimiento de infraestructuras y la calidad docente. Según los datos manejados por los colectivos convocantes, en el primer trimestre de 2026 la brecha entre financiación real y necesidades del sistema supera los 100 millones de euros.
Para los críticos, este escenario no es accidental. Lo interpretan como parte de una estrategia política más amplia: deteriorar lo público para justificar la expansión del sector privado. Mientras el Ejecutivo de Moreno Bonilla defiende políticas fiscales favorables a las rentas altas, las universidades públicas se ven obligadas a recortar servicios esenciales, debilitando su papel como garante de igualdad.
En paralelo, CCOO y otras organizaciones han denunciado la aceleración en la autorización de universidades privadas. Alertan de falta de transparencia y de criterios más laxos que los exigidos a las instituciones públicas, lo que podría generar un sistema universitario desequilibrado y orientado al beneficio económico más que al interés general.
Este modelo, sostienen, responde a una visión ideológica concreta: la educación superior como mercado. En este esquema, el título universitario deja de ser un bien público vinculado al conocimiento para convertirse en un producto. La inclusión de actores privados en órganos de decisión pública refuerza esta lógica, trasladando el centro de gravedad desde las necesidades sociales hacia los intereses empresariales.
Las consecuencias ya son visibles en el ámbito laboral. La precariedad del Personal Docente e Investigador (PDI) se ha intensificado, con dificultades para estabilizar plantillas y retener talento joven. Al mismo tiempo, el Personal Técnico y de Gestión (PTGAS) afronta una sobrecarga administrativa creciente con menos recursos humanos. Este deterioro repercute directamente en el alumnado: menos atención personalizada, infraestructuras más limitadas y servicios saturados. Como muestra, el último acuerdo reconoce que la Junta no había abonado a las universidades acuerdos salariales firmados en el pasado.
La expansión de universidades privadas, especialmente en provincias como Málaga y Sevilla, refuerza la percepción de un cambio de modelo. Mientras las públicas afrontan restricciones presupuestarias, los nuevos centros privados crecen con rapidez, en ocasiones sin contar con los estándares de investigación y doctorado que se exigen al sistema público.
Para la plataforma convocante, el horizonte es claro: un sistema universitario a dos velocidades. Por un lado, una universidad pública infrafinanciada, masificada y con recursos limitados; por otro, una red privada orientada a quienes pueden asumir costes elevados. En ese escenario, la educación dejaría de ser un derecho universal para convertirse en un factor de desigualdad.
Frente a esta situación, el 29 de abril se plantea como un punto de inflexión. Las movilizaciones no solo reclaman más financiación, sino un cambio de rumbo político: una apuesta decidida por un modelo 100% público, la salida de intereses privados de los órganos de gestión y la eliminación de barreras económicas para el acceso y permanencia en la universidad.
Las protestas, previstas en Sevilla, Málaga, Granada, Jaén y Cádiz, reflejan una alianza poco habitual: estudiantes, profesorado, personal de servicios y sindicatos unidos en defensa de un mismo objetivo. La gratuidad de servicios esenciales y la protección del sistema de becas y bonificaciones se sitúan en el centro de esta movilización.
El mensaje final es político y contundente: la universidad pública no es un gasto, sino una inversión estratégica en soberanía científica, pensamiento crítico y cohesión social. Para los convocantes, gestionarla bajo lógicas de mercado supone un error de largo alcance.
El 29 de abril, las universidades públicas andaluzas aspiran a hablar con una sola voz: el derecho a la educación no se negocia, y el modelo de universidad que se construya hoy marcará el futuro social y económico de Andalucía durante décadas.
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google Discover