Imagen de recurso de una urna electoral. EP.
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Ha llegado el momento. Era inevitable, y tenía que llegar más pronto o más temprano, así que hoy todo se ve en lo que han dado en llamar “clave electoral”. Nos guste o no.
En realidad, debería dar lo mismo que se hablara de las cosas en clave electoral o no, puesto que las elecciones se destinan a escoger a quienes mejor nos van a representar y a hacer las leyes para el bien de la ciudadanía en general. O esta es, al menos, la teoría, porque en la práctica, aquí más que nunca, del dicho al hecho hay un buen trecho.
Pero hoy no voy a ser tan ingenua. La vida cada día está más polarizada y entre los políticos las decisiones se toman para sacar rédito electoral, aunque tengan que hundir al contrario. Y eso hay que asumirlo, nos guste o no.
No obstante, lo que debemos exigir a nuestra clase política es que aborden nuestros problemas. Y que no omitan ninguna cuestión candente por miedo a que mojarse les haga salir empapados de las urnas.
Precisamente, una de las cuestiones más espinosas podría ser la violencia de género. El hecho de que haya un partido que expresamente la niega hace que el resto, en especial quienes aspiran a pactar con ellos, pasen de puntillas por una cuestión que debiera abordarse pisando fuerte. Y dando patadas al suelo, si es necesario.
La realidad que no se puede ocultar es que estamos a mitad de octubre y el número de mujeres asesinadas por violencia de género durante este año 2026 asciende a 42 y que son 1383 las que lo han sido desde 2003, el primer año en que se entró en la estadística esta cifra de la vergüenza. Y esto es un problema social de primer orden del que deberían hablar abiertamente todos los partidos, para mostrar su posicionamiento al respecto y para aclarar, negro sobre blanco, qué recursos van a dedicar a ello o de cuáles van a prescindir.
Lo que no se puede admitir de ninguna de las maneras es que el afán por obtener más votos convierta un problema social en un arma política, y una materia que debería ser objeto de consenso en un elemento de conflicto. Atrás quedaron los tiempos en que la ley integral contra la violencia de género era aprobada por unanimidad por todos los partidos que formaban el Parlamento, incluidos los que ahora muestran cierta tibieza por miedo a alejar futro pactos que les acerquen al poder.
Es una pena que la política, que tiene por misión dedicarse al bien común, se haya convertido en una suerte de mercado en que todo vale para sumar papeletas. Pero temo que es lo que hay.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)
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