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Donald Trump ha decidido intervenir en la recta final de las elecciones israelíes para echar una mano a uno de sus principales aliados internacionales. El presidente de Estados Unidos ha pedido abiertamente la reelección de Benjamin Netanyahu a nueve días de unos comicios decisivos para su continuidad en el poder y ha utilizado la amenaza iraní como principal argumento para defenderlo. Su respaldo llega después de meses de tensiones entre ambos dirigentes por la guerra en Oriente Próximo y en un momento en el que el primer ministro israelí afronta un escenario electoral incierto, marcado por las consecuencias de los conflictos en Gaza, Líbano e Irán.
El movimiento se produjo este domingo, 18 de octubre, mediante una publicación en Truth Social. Trump definió a Netanyahu como un «gran primer ministro guerrero» y un socio indispensable para enfrentarse a la República Islámica de Irán, al tiempo que cuestionó la capacidad de cualquier otro dirigente israelí para garantizar la seguridad del país. El mensaje no se limitó a expresar una preferencia electoral: también incluyó una advertencia sobre las consecuencias que, a su juicio, tendría una derrota del actual jefe del Gobierno israelí.
"Si Israel tiene al líder equivocado, que sería cualquiera que no fuese Bibi, Estados Unidos tendrá que hacer este trabajo por su cuenta, y no estoy dispuesto a hacerlo", escribió el republicano. La declaración vincula directamente el futuro de la cooperación militar contra Irán con la continuidad de Netanyahu, una intervención especialmente significativa cuando faltan apenas ocho días para las elecciones del próximo 27 de octubre.
El primer ministro israelí no tardó en agradecer el gesto. "Juntos completaremos la misión", respondió Netanyahu, que aprovechó el respaldo estadounidense para reforzar uno de los argumentos centrales de su campaña: su relación privilegiada con Washington y su capacidad para mantener una alianza estrecha con la principal potencia militar del mundo. El Likud, su partido, difundió además imágenes de ambos dirigentes para capitalizar políticamente el apoyo recibido.
Irán vuelve a entrar en campaña
La ofensiva diplomática y militar contra Irán ocupa un lugar central en el mensaje de Trump. Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra territorio iraní el pasado 28 de febrero, dando paso a un conflicto que ha provocado una grave escalada regional y ha alterado los mercados internacionales de la energía. Ocho meses después, las consecuencias de aquella ofensiva continúan condicionando tanto la política israelí como la estadounidense.
En su mensaje del domingo, Trump volvió a amenazar a Teherán con nuevas acciones militares si las autoridades iraníes no modifican su comportamiento. El presidente aseguró que Washington podría «terminar el trabajo» contra Irán y presentó a Netanyahu como un aliado fundamental para alcanzar ese objetivo. La advertencia se produjo en medio de una situación regional todavía inestable, con ataques contra infraestructuras estratégicas, tensiones en el estrecho de Ormuz y negociaciones diplomáticas que no han conseguido cerrar definitivamente el conflicto.
El argumento tiene una dimensión electoral evidente. Netanyahu ha construido buena parte de su trayectoria política alrededor de la promesa de garantizar la seguridad de Israel y frenar las aspiraciones militares de Irán. La guerra le permite reivindicar su experiencia como dirigente en tiempos de conflicto, pero también le obliga a responder por unos resultados militares y políticos que han generado críticas dentro de su propio país. La prolongación de la confrontación, sus costes económicos y la incertidumbre sobre el desenlace han alimentado el descontento de una parte de la sociedad israelí.
La intervención de Trump busca reforzar precisamente esa imagen de liderazgo en materia de seguridad. Sin embargo, la coincidencia de ambos mandatarios en considerar a Irán una amenaza no ha impedido que mantengan importantes desacuerdos sobre cómo afrontar el conflicto, especialmente respecto a la duración de las operaciones militares y las condiciones de una eventual solución negociada.
De los reproches al respaldo incondicional
La declaración de Trump supone un giro respecto a la distancia que había mantenido públicamente durante buena parte de la campaña electoral israelí. El presidente estadounidense había evitado comprometerse de manera explícita con la reelección de Netanyahu, pese a que ambos mantienen una relación política estrecha desde el primer mandato del republicano en la Casa Blanca.
Las discrepancias entre Washington y Tel Aviv se hicieron especialmente visibles durante los últimos meses. Trump expresó su frustración con determinadas decisiones militares israelíes en Irán y Líbano, además de mantener desacuerdos con Netanyahu sobre las condiciones de un alto el fuego en Gaza. En junio, según informaciones recogidas por medios internacionales, el presidente estadounidense llegó a calificar de "loco" al primer ministro israelí durante una conversación especialmente tensa.
La situación volvió a evidenciarse en agosto, cuando Netanyahu rechazó una propuesta estadounidense para avanzar hacia un nuevo acuerdo en Gaza. El plan contemplaba una retirada progresiva de las tropas israelíes vinculada al desarme de Hamás y al establecimiento de mecanismos internacionales de seguridad, pero el primer ministro insistió en que cualquier retirada debía quedar condicionada al desarme completo de la organización palestina.
Las diferencias no han desaparecido con el respaldo electoral. Trump y Netanyahu siguen defendiendo estrategias que no siempre coinciden sobre Gaza, Líbano o el futuro de las operaciones contra Irán, aunque comparten objetivos estratégicos y una alianza militar de enorme alcance. El mensaje del domingo confirma que el republicano ha optado por respaldar públicamente a su aliado en un momento determinante para su supervivencia política.
Netanyahu se juega su continuidad en un Parlamento fragmentado
Las elecciones del próximo 27 de octubre serán las primeras que celebre Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la posterior ofensiva militar sobre Gaza. Netanyahu llega a las urnas después de una legislatura atravesada por la guerra, la contestación interna y las críticas a los fallos de seguridad que permitieron aquellos ataques, además de los procedimientos judiciales por corrupción que continúan afectándole personalmente.
El primer ministro encabeza una coalición formada por el Likud y partidos nacionalistas y religiosos, entre ellos fuerzas de extrema derecha que han defendido políticas especialmente duras hacia la población palestina. La continuidad de ese bloque depende de su capacidad para alcanzar una mayoría de al menos 61 de los 120 escaños de la Knéset, una cifra que las encuestas recientes no garantizan a la coalición gubernamental.
La fragmentación parlamentaria también complica la situación de sus adversarios. Aunque varios sondeos sitúan al bloque de Netanyahu por debajo de la mayoría necesaria, las fuerzas opositoras tampoco disponen de una fórmula clara para formar gobierno. Las diferencias entre los partidos centristas, conservadores y representantes de la minoría árabe israelí dificultan la articulación de una alternativa parlamentaria.
En ese contexto, el respaldo de Trump constituye un recurso político para Netanyahu. El primer ministro ha presentado durante años su cercanía al presidente estadounidense como una muestra de su influencia internacional y de su capacidad para defender los intereses israelíes en Washington. Sin embargo, el alcance electoral de esta intervención está por determinar, especialmente entre los ciudadanos críticos con la gestión de la guerra y con los resultados de la ofensiva contra Irán.
Gaza y Cisjordania, las otras caras de una campaña dominada por la guerra
La intervención estadounidense también llega mientras la población palestina continúa sufriendo las consecuencias humanitarias de la ofensiva israelí en Gaza, con cientos de miles de personas desplazadas, amplias zonas destruidas y graves dificultades para acceder a alimentos, atención sanitaria y suministros básicos. Pese a las negociaciones impulsadas por Washington, las diferencias sobre el desarme de Hamás y la retirada de las tropas israelíes mantienen bloqueados aspectos fundamentales de una solución duradera.
Netanyahu también afronta críticas por la actuación de su Gobierno en Cisjordania ocupada. La expansión de los asentamientos y los episodios de violencia protagonizados por colonos israelíes contra comunidades palestinas han provocado nuevas condenas internacionales, incluidas algunas procedentes de representantes estadounidenses. Este mismo domingo, diplomáticos de Washington visitaron la localidad palestina de Taybeh después de una serie de agresiones que también afectaron a representantes europeos y periodistas.
Estos acontecimientos reflejan una contradicción en la relación entre ambos gobiernos. Mientras Trump respalda públicamente la continuidad de Netanyahu, su propia Administración ha expresado reparos ante determinadas actuaciones israelíes en Cisjordania y ha rechazado una anexión formal del territorio. La cooperación estratégica entre Estados Unidos e Israel convive así con desacuerdos que afectan directamente al futuro político y territorial de Palestina.
La situación añade otra dimensión a unas elecciones en las que la seguridad ocupa un lugar central, pero donde también están en juego las políticas hacia Gaza, Cisjordania y las relaciones con los países vecinos. Una eventual recomposición del Gobierno israelí podría modificar la composición de la coalición y sus prioridades, aunque no garantiza por sí misma un cambio sustancial en la política hacia los palestinos, dado que parte de la oposición comparte posiciones restrictivas sobre estas cuestiones.
Dos líderes pendientes de las urnas
La intervención de Trump se produce, además, cuando Estados Unidos se aproxima a sus propias elecciones legislativas del 3 de noviembre. El presidente republicano afronta la cita de mitad de mandato con la guerra regional, el encarecimiento de la energía y las consecuencias económicas de la confrontación con Irán presentes en el debate político interno. La alianza con Netanyahu constituye un elemento de su política exterior, pero también una relación que ha generado tensiones por los costes y objetivos de las operaciones militares.
Para Netanyahu, el respaldo llega en un momento oportuno. Después de meses en los que Trump había evitado pronunciarse claramente sobre su futuro político, el primer ministro puede exhibir ahora un apoyo explícito de la Casa Blanca a escasos días de las elecciones. No obstante, serán los resultados parlamentarios y las posteriores negociaciones entre partidos los que determinen su continuidad al frente del Ejecutivo.
La declaración del domingo resume hasta qué punto la política israelí y la estadounidense están entrelazadas. Trump ha decidido convertir la amenaza de Irán en un argumento a favor de Netanyahu y presentar su permanencia en el poder como una cuestión estratégica para Washington. El primer ministro recibe así un respaldo internacional en plena recta final de una campaña atravesada por una guerra cuya evolución continúa condicionando el futuro de Oriente Próximo.






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