Durante más de un año, Alberto Núñez Feijóo ha sostenido un relato falso sobre la DANA que asoló la Comunitat Valenciana y dejó 230 víctimas mortales. Un relato construido para proteger a Carlos Mazón, para atacar al Gobierno de España y para esquivar cualquier responsabilidad política ante una de las mayores tragedias recientes. Hoy, ese relato se desmorona. A la publicación íntegra de los mensajes intercambiados entre Feijóo y Mazón se suma ahora un dato especialmente revelador: el líder del PP instó expresamente al entonces president de la Generalitat a “liderar informativamente” la crisis mientras la tragedia estaba en pleno desarrollo. Las resoluciones judiciales y las declaraciones públicas acreditan que el líder del Partido Popular mintió, ocultó información y alimentó bulos, mientras las víctimas seguían esperando verdad, respeto y justicia.

La imagen política de Feijóo es hoy peor que muchas de las que han marcado su pasado. Ya no es solo una cuestión de coherencia personal, sino de responsabilidad institucional. Ha sostenido durante más de 400 días a un presidente autonómico negligente, ha avalado falsedades demostradas y ha puesto en cuestión la actuación del Estado en plena emergencia. Feijóo llegó a decir: “Si miento, echadme del partido”. Hoy no solo ha mentido: ha perseverado en el engaño. Y ahora sabemos que, además, priorizó el control del relato político cuando aún se estaban contando muertos.

La DANA de octubre de 2024 fue una tragedia sin precedentes. Inundaciones, pueblos arrasados, familias destrozadas y una gestión que, desde el primer momento, evidenció graves fallos por parte del Consell Valenciano. Frente a esa realidad, el Partido Popular optó por una estrategia política irresponsable: difundir el bulo del supuesto abandono del Gobierno de España. Y, como revelan ahora los mensajes, centrar la preocupación en la comunicación y no en la gestión inmediata de la emergencia.

Hoy sabemos que todo aquello fue falso. Los mensajes de WhatsApp conocidos acreditan que la Generalitat Valenciana estaba en contacto directo con el Gobierno central, que la ayuda estaba activada y que la UME se desplegó desde el primer momento. Carlos Mazón reconocía en privado haber hablado con Pedro Sánchez, con María Jesús Montero y con los responsables de Defensa e Interior. La ayuda existía. La coordinación existía. El abandono nunca existió.

Pero los nuevos mensajes aportados al juzgado añaden un elemento aún más grave. A las 20.26 horas del 29 de octubre, Feijóo escribió a Mazón: “Ánimo. Lidera informativamente como hiciste con el incendio”. En otros mensajes insistía en que “llevar la iniciativa en comunicación” era “la clave”, apelando a la coordinación de alcaldes y diputaciones para marcar el relato público. Todo ello cuando Mazón todavía no había llegado al Cecopi, el órgano que gestionaba la crisis, y cuando decenas de personas ya habían fallecido.

Feijóo no solo dio por buena una mentira: la convirtió en discurso político. La repitió, la amplificó y la utilizó para desgastar al Gobierno mientras protegía a Mazón. Y lo hizo sabiendo que no era verdad y dando prioridad a la batalla informativa sobre la gestión de una emergencia que estaba costando vidas. Esa es la clave que convierte este episodio en algo mucho más grave que un error de comunicación.

El propio Feijóo afirmó tras la tragedia que había estado informado “en tiempo real”. Sin embargo, los mensajes aportados al juzgado muestran que la comunicación entre Feijóo y Mazón no comenzó hasta pasadas las siete y media de la tarde del 29 de octubre. A las 21.29 horas, Feijóo seguía preguntando: “¿Muertos? ¿Desaparecidos? ¿Daños cuantiosos?”, cuando la mayor parte de las víctimas ya había fallecido. No es un detalle menor: desmonta por completo el relato de control y anticipación que el líder del PP intentó construir a posteriori.

A partir de ahí, todo el discurso del PP empezó a hacer agua. Primero, Feijóo corrigió fechas. Luego, matizó expresiones. Después, habló de “malentendidos”. Pero cada rectificación no hizo sino reforzar la evidencia de que se había mentido desde el principio.

Sin embargo, el elemento más revelador no es solo lo que se ha conocido, sino el contenido concreto de los mensajes ahora hechos públicos. En ellos, Feijóo pregunta reiteradamente si el Gobierno ha llamado, qué ministro está al frente y a qué hora se ha producido ese contacto. Incluso, a las 23.21 horas, insiste en si el Ejecutivo está prestando ayuda suficiente, pese a que públicamente el PP sostenía que había un abandono total.

Los mensajes conocidos confirman, además, otra mentira clave: Mazón sí sabía que había fallecidos la noche del día 29, pese a haberlo negado posteriormente en sede parlamentaria. A las 23.25 horas informó a Feijóo de que ya estaban apareciendo muertos en Utiel y de que serían “decenas”. Una falsedad más sostenida con la complicidad política de la dirección nacional del PP.

Resulta especialmente significativo que, tres minutos antes de incorporarse al dispositivo de crisis, tras su larga comida en El Ventorro, Mazón escribiera a Feijóo: “Gracias, presi. Luego te cuento. Se está jodiendo cada minuto”. Y que, aun así, el eje de la conversación con el líder del PP girara en torno al relato, la comunicación y la iniciativa política.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha acusado a Feijóo de mentir y le ha exigido disculpas públicas a la UME. “Es especialmente grave que el líder de un partido ponga en cuestión la actuación del Ejército”, afirmó. Y lanzó una pregunta demoledora: “Quien tapa una ineficacia, ¿tiene legitimidad para conducir un país?

Robles recordó que la UME estuvo desde el primer momento, arriesgando sus vidas, mientras otros desaparecían del foco público. Denunció una campaña de desinformación deliberada y señaló directamente a Feijóo por haber faltado a la verdad para encubrir la mala gestión de Mazón.

Todo este comportamiento recuerda a otros episodios oscuros de nuestra democracia reciente, donde la manipulación informativa y la negativa a asumir responsabilidades agravaron el dolor de las víctimas. Porque no hay nada más corrosivo para una democracia que utilizar una tragedia con fines partidistas.

Feijóo ha tenido tiempo de rectificar. Ha tenido oportunidades para decir la verdad. Ha podido cortar por lo sano. No lo ha hecho. Ha elegido proteger al negligente, atacar a quienes sí cumplieron con su deber y priorizar la estrategia de comunicación sobre la gestión de una emergencia mortal. Por eso la pregunta es inevitable. Y necesaria. Y urgente.

No, señor Feijóo. No debe dimitir por colaborar con la jueza. Debe dimitir por haber mentido, por haber engañado a las víctimas y por haber demostrado que, en el peor momento, su principal preocupación fue “liderar informativamente” una tragedia. La decencia política también consiste en saber marcharse cuando se ha fallado. Y Feijóo hace tiempo que falló.

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