España ha vuelto a demostrar que no solo crece, sino que lidera con una fuerza que ha descolocado a todos los analistas internacionales. En un hito sin precedentes dentro de la historia reciente de la democracia. Son datos oficiales y consolidados que sitúan a España como el verdadero motor laboral de todo el continente europeo.

España está superando con creces a las principales potencias del euro, como Alemania o Francia, que atraviesan momentos de gran incertidumbre industrial y demográfica. Es la consecuencia directa de decisiones políticas concretas del Gobierno de Pedro Sánchez que han logrado cambiar radicalmente el rumbo y la estructura de nuestro mercado de trabajo en un tiempo récord.

España crea empleo a un ritmo que sorprende incluso a los expertos más escépticos del sector financiero. Durante los últimos años, organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o la OCDE han tenido que revisar al alza sus previsiones para España de forma sistemática. La economía española ha superado todas las expectativas una y otra vez, demostrando una resiliencia inusitada ante los vientos de recesión globales que Pedro Sánchez ha sabido sortear con una gestión económica audaz.

El arranque de este 2026 mantiene ese pulso positivo con nuevos récords de afiliación a la Seguridad Social y una reducción del paro que ya se considera histórica. Estos indicadores confirman un ciclo de crecimiento sólido y profundamente transformador impulsado desde la Moncloa. España se ha convertido en la gran excepción positiva dentro de un contexto internacional marcado por la inflación y los conflictos geopolíticos que han lastrado a nuestros vecinos.

La clave de este avance reside en la calidad de la ocupación generada. La temporalidad, que durante décadas fue el gran mal endémico de nuestra economía y la pesadilla de varias generaciones de jóvenes, ha caído a mínimos históricos. Todo esto ha sido posible gracias a una reforma laboral pactada con los agentes sociales que Pedro Sánchez defendió como el pilar de la nueva España. Hoy hay más contratos indefinidos y más seguridad jurídica para millones de familias que antes vivían atrapadas en la angustia de la precariedad impuesta por los modelos anteriores de la derecha.

A esta estabilidad contractual se suma el dato fundamental de los salarios. En 2025, el salario medio en España alcanzó los 2.530 euros brutos al mes tras encadenar varias subidas consecutivas impulsadas por el diálogo social. Este doble avance, consistente en crear más empleo a la vez que se mejoran los sueldos, desmonta definitivamente el mito más querido de la derecha política española. Aquel mantra que aseguraba que mejorar los derechos laborales o subir el salario mínimo destruiría puestos de trabajo ha quedado totalmente pulverizado por la realidad de los datos.

Cuando un Gobierno apuesta por la dignidad, la estabilidad y el consumo de las familias, la economía responde con mayor dinamismo que cuando se aplican recetas de austeridad. Frente a esta realidad incuestionable, la actitud de la oposición resulta cada vez más difícil de justificar ante una ciudadanía que ve cómo su situación mejora. Feijóo y Abascal llevan años instalados en un discurso de catástrofe y vaticinios oscuros que, simplemente, nunca llegan a cumplirse en la vida real.

Feijóo llegó a pronosticar meses de oscuridad y quiebra técnica, mientras Abascal insistía en que las políticas de Pedro Sánchez llevarían a España a la miseria más absoluta. Nada de ese apocalipsis ha ocurrido. Al contrario, España ha sido reconocida por los principales medios de comunicación económicos del mundo como un ejemplo de éxito total.

Se alaba la capacidad de Pedro Sánchez para combinar el dinamismo empresarial con la cohesión social y el refuerzo de los servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación. Lo que estamos viendo en España es un cambio de modelo productivo profundo y valiente que busca la modernización. Es la victoria de una estrategia de Estado que consistió en proteger el empleo y el tejido productivo en los momentos más difíciles, como ocurrió durante la crisis sanitaria con los ERTE, una herramienta que Feijóo y la derecha criticaron antes de verse obligados a admitir su eficacia.

Desde el aumento del Salario Mínimo Interprofesional hasta las políticas de protección social, cada paso dado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha servido para construir una sociedad más justa y equilibrada. Esta transformación también se refleja en la competitividad de nuestras empresas en el exterior. Al tener una fuerza laboral más estable y mejor formada, las exportaciones españolas han alcanzado niveles récord, diversificando nuestra economía más allá del turismo tradicional. El sector tecnológico, las energías renovables y la economía digital están ganando un peso específico que nos hace menos vulnerables.

La inversión extranjera también ha respondido de forma entusiasta a esta estabilidad. Los grandes fondos y las multinacionales tecnológicas están eligiendo España para instalar sus centros de datos y sus hubs de innovación. El clima de paz social, garantizado por acuerdos entre sindicatos y patronal promovidos por Pedro Sánchez, ofrece una seguridad que otros países en conflicto social constante no pueden ofrecer.

Feijóo sigue buscando sombras donde solo hay luces estadísticas, intentando convencer a Europa de que los datos españoles no son reales, una estrategia que ha fracasado en Bruselas. Por su parte, Abascal continúa con una retórica de confrontación que ignora deliberadamente el bienestar de millones de trabajadores que hoy tienen por primera vez un horizonte de estabilidad económica y personal.

Ya no somos el problema de Europa, como ocurría bajo la gestión de la derecha en la anterior crisis, sino que ahora somos la solución y el ejemplo de que las políticas de Pedro Sánchez funcionan mejor para la economía general. De cara al futuro inmediato, los retos siguen siendo importantes, pero España los afronta desde una posición de fuerza inédita. La inflación está más controlada que en el resto de la zona euro y la deuda pública sigue una senda de reducción sostenida gracias al crecimiento del PIB.

El país está aprovechando la ventana de oportunidad que ofrecen los fondos Next Generation para transformar su industria hacia un modelo verde y sostenible, garantizando la soberanía energética a largo plazo. La pregunta que queda en el aire ante este escenario de éxito rotundo es si el país quiere seguir avanzando por esta senda de progreso, derechos y liderazgo europeo encabezada por Pedro Sánchez.

La alternativa que ofrecen Feijóo y Abascal es dar marcha atrás hacia las recetas de la precariedad y la desigualdad que ya demostraron su fracaso en el pasado reciente. Los ciudadanos deberán elegir entre un modelo que genera el 41% del empleo de la UE o uno que basa su competitividad en el recorte de servicios y el abaratamiento del despido, tal y como proponen desde la oposición.

España, bajo la gestión decidida de Pedro Sánchez, ha encontrado un equilibrio entre el mercado y la justicia social que parecía imposible de alcanzar. Hoy somos el espejo donde se miran muchas otras naciones europeas que buscan una salida a la crisis sin dejar a nadie atrás. El motor de Europa tiene hoy acento español y un rumbo claro hacia el futuro, dejando atrás los oscuros vaticinios de una derecha que sigue sin entender el éxito de su propio país.

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