Imagen de recurso de una niña pintando. Pixabay.
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La escuela ha vivido siempre de espaldas a los medios de comunicación. La televisión y la radio no llegaron a entrar en las aulas, y la prensa en papel lo hizo de manera testimonial en iniciativas puntuales en algunos países y en determinadas comunidades españolas.
Cuando llegaron los ordenadores, estos entraron en los centros a través de las aulas de informática donde se acudía de manera rotatoria a familiarizarse con las nuevas herramientas. Cuando la miniaturización los hizo portátiles, los móviles y las tabletas los desplazaron a tal velocidad, que el sistema educativo se ha visto tan desbordado que todavía hoy se debate sobre su prohibición en las aulas e impedir el acceso a las redes a los menores de edad.
La tecnología ha individualizado el consumo de la información, la cultura y el conocimiento hasta tal punto que ha roto los lazos comunitarios que unen a los compañeros de clase, a las amistades e, incluso, a los parientes y familiares más allegados. Sí, el sistema lo ha logrado con la ayuda de las tecno oligarquías que hoy nos manejan a su antojo y con nuestra inestimable pasividad cómplice.
Pero, ahora, cuando la IA nos lo ofrece casi todo listo para usar y olvidar, conviene repensar el papel de la escuela, el profesorado y la familia. El capitalismo nos quiere como meros consumidores, egoístas y narcisistas, seguidores del “quiérete mucho” y poco a los demás (añado yo)... Por eso es el momento de romper con la comodidad de la inercia y reivindicar lo que nos une frente a lo que nos desune, de defender lo común frente a lo individual, la responsabilidad frente a la irresponsabilidad respecto a la sociedad.
La escuela no puede ser la que se limita sólo a enseñar las glorias dudosas del pasado, que no llega nunca al presente y que ignora el futuro. No puede seguir con unos esquemas de modelos familiares cerrados y no abrirse a la diversidad familiar actual.
Tiene que educar en valores colectivos y no exclusivamente en valores individuales. En la mayoría de las escuelas de Japón (desde educación primaria hasta secundaria) los alumnos son directamente responsables de la limpieza de sus aulas, pasillos y otras áreas comunes. Esta práctica tradicional y formalizada se conoce como o-soji y se concibe como un medio para fomentar el respeto por el espacio público y la propiedad compartida.
A esta rutina dedican unos 15-20 minutos diarios que incluyen limpiar el polvo, aspirar y fregar el suelo, vaciar las papeleras y clasificar los residuos, tarea ésta última muy eficaz para la pedagogía de la ecología y el reciclaje.
Como verán todas las buenas prácticas están inventadas e implantadas, basta con tener voluntad para incorporarlas. Ahora que tanto se insiste en la formación profesional, el alumnado de secundaria debería hacer prácticas en el huerto escolar, en las cocinas de los centros con comedor (para conocer que los fogones no son los de Master Chef) o colaborar con los responsables de mantenimiento a la hora de arreglar averías o desperfectos.
Aprenderían así a valorar los trabajos manuales de la agricultura, la limpieza, la cocina, y el mantenimiento de los inmuebles que son la base del funcionamiento de la sociedad y sus verdaderos pilares. Por el contrario, las derechas españolas ponen el foco ahora en la pedagogía de la caza y la tauromaquia, como ocurre ya en las comunidades autónomas gobernadas por el PP y Vox.
Aunque como todo es susceptible de empeorar, no es descartable que importen el modelo implantado por Putin en Rusia, que ha militarizado las escuelas para enseñar desde la secundaria el manejo de armas de guerra y facilitar el reclutamiento forzoso para mantener la guerra de Ucrania. Aquí ya han empezado con las arengas belicistas ante la “invasión” de Ceuta y al grito de “la patria está en peligro".
En Italia, Giorgia Meloni ha desplegado al ejército en Milán para contener la manifestaciones estudiantiles y, en Estados Unidos, Donald Trump fue el primero en dar ejemplo a la Internacional Reaccionaría enviando a la Guardia Nacional a Washington y otras ciudades gobernadas por el Partido Demócrata.
Hay que repensar la escuela y la universidad desde una visión comunitaria y compasiva que contrarreste la estrechez de la óptica exclusivamente mercantilista e insolidaria que solo fomenta la desigualdad y el malestar.




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