A poco más de dos meses de su gran día. Según adelantó la edición italiana de Motorsport, la Scuderia Ferrari inaugurará la pista madrileña de Fórmula 1 Madring con un Filming Day el próximo 9 de julio.

A gastos pagados
El rumor ya es casi certeza: Madrid invita a Ferrari con todo pagado. La coartada es impecable: no toca el límite presupuestario del equipo, es promoción turística y, además, la F1 asiente con la cabeza. Perfecto. Salvo por un pequeño detalle: esto es una carrera, no una feria de muestras. Si IFEMA o la Comunidad asumen el coste, bien; si se descuenta del presupuesto de la carrera, que alguien lo explique con facturas en mano. Porque lo que hoy es un "gesto comercial" mañana es un precedente peligroso.

Cortes de calle para su paseo promocional
Mientras, los vecinos se despiertan con cortes de tráfico sin aviso. La policía, para evitar grabaciones, costará un dineral que nadie contabiliza. Y el asfalto, previsiblemente sucio, convertirá los 200 km de rodaje en un mero paseo promocional. Pero eso no importa: la foto con Lewis Hamilton, reciente ganador y siete veces campeón, vale más que cualquier vuelta rápida. Si además aparece la Kardashian junto a Ayuso, el circo es perfecto. En el campeonato de los promotores, Madring gana por goleada; el resto, con las orejas tiesas y sin invitación. Y eso, a un mes de la carrera test que servirá para homologar debidamente el trazado.

Ferrari se adelanta al resto de escuderias
Lo lamentable es la oportunidad perdida. Si de verdad se quería ayudar, Williams necesita más que Ferrari ese empujón. Y siendo Sainz embajador, barrer para casa habría tenido más lógica deportiva. Pero no: el fin último es el tirón turístico, y los ingleses no venden como los italianos. Punto. La mayoría de los equipos se han enterado por la prensa. ¿Tanto cuesta repartir horas de rodaje? Aston Martin y Alonso también necesitan ventajas, y no solo un motor nuevo.

Un mensaje contra la igualdad de oportunidades
Al final, esta jugada no es ilegal, pero es profundamente injusta. No por el dinero, sino por el mensaje: la igualdad de armas es un brindis al sol cuando el anfitrión elige a su favorito. Si alguien pregunta si se puede repetir, la respuesta será un silencio incómodo. Mientras, Ferrari disfruta de un privilegio que ni siquiera ha pedido. Y la carrera, en su esencia, queda reducida a un folleto turístico con motor. El espectáculo está servido; la deportividad, no tanto.
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