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Hasta hace poco, la llave para circular por el corazón de las grandes ciudades era, casi en exclusiva, la pegatina medioambiental adherida al parabrisas. Sin embargo, ese criterio está a punto de experimentar un giro profundo. El organismo que agrupa a los municipios españoles ha publicado un modelo normativo que introduce una segunda cerradura: ningún turismo podrá transitar por las áreas de bajas emisiones si no acredita tener superada la Inspección Técnica de Vehículos (ITV). La medida, que ya cuenta con un precedente aplicado en Canarias, pretende que la clasificación por motor no sea la única vara de medir, sino que se compruebe el estado real del vehículo con el paso de los años.

Razonamientos municipales difíciles de rebatir
El razonamiento que sostiene esta nueva exigencia resulta difícil de rebatir. El distintivo que otorga Tráfico se asigna en el momento en que el coche sale del concesionario, pero no certifica que, cinco o diez años después, siga cumpliendo con los límites de emisiones y las condiciones de seguridad para las que fue homologado. La inspección periódica, en cambio, sí verifica de forma efectiva que los frenos, las luces, los neumáticos y el sistema de escape continúan funcionando dentro de los parámetros legales. Al cruzar ambos criterios, las ciudades pretenden asegurarse de que los coches que acceden a sus calles no solo fueron limpios en su día, sino que lo siguen siendo hoy.

Se dibuja un panorama desigual
La aplicación práctica de esta medida no será inmediata ni uniforme en todo el territorio. El texto aprobado por la federación municipal constituye una recomendación, no una imposición que obligue a los ayuntamientos a adoptarla de la noche a la mañana. Cada consistorio deberá decidir si incorpora esta cláusula a su normativa local, lo que dibuja un panorama desigual: habrá ciudades donde la revisión técnica se convierta en un requisito indispensable y otras donde la etiqueta siga siendo suficiente. Para el conductor, esto implica la necesidad de consultar la ordenanza específica de los distintos municipios antes de planificar cualquier desplazamiento al centro.

Santa Cruz de Tenerife, el pionero
El primer municipio en dar el paso ha sido Santa Cruz de Tenerife, que ya ha incluido en su reglamento la obligatoriedad de contar con la inspección en vigor, además del seguro, para acceder a su zona restringida. La iniciativa isleña ha sido recibida con satisfacción por el sector de las estaciones de revisión, que llevaba tiempo reclamando un mayor control sobre el absentismo. No obstante, la norma contempla una excepción lógica: aquellos vehículos que necesiten acudir precisamente a una estación de inspección situada dentro del área restringida podrán hacerlo con una autorización puntual, evitando así que la propia restricción impida cumplir con la obligación legal de pasar la revisión.

Cambio de filosofía
Más allá de la anécdota normativa, lo que subyace es un cambio de filosofía en la gestión del tráfico urbano. Ya no basta con comprar un coche etiquetado como ecológico y olvidarse de su mantenimiento; las ciudades empiezan a exigir responsabilidad continuada sobre el estado mecánico de los vehículos que las atraviesan. Para los conductores, la advertencia es clara: una revisión caducada, aunque sea por pocos días, puede convertirse en un impedimento tan contundente como no llevar la pegatina correcta. Conviene, por tanto, revisar las fechas y no dejar el trámite para el último momento.




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