Las ciudades se abarrotan, el mundo rural se vacía. Albinen, un pequeño pueblo de Suiza que hoy tiene 240 vecinos, no ha querido mantenerse impasible y ha propuesto una original solución: quienes quieran vivir en esta pequeña localidad, cosa apetecible por sus vistas paradisíacas y su aire puro venido de los Alpes, pero que puede resultar poco práctico dado su aislamiento (aunque queda a unas dos horas de Berna), se ofrece a pagar 21.390 euros a cada adulto que se instale allí, y 8.500 euros a cada familia por niño. Hay, eso sí, requisitos para que los recién llegados puedan apuntarse a este y otros subsidios que se han presentado para aprobación de la cámara municipal, que deberán adquirir o rehabilitar una casa de un mínimo de 170 mil euros, y comprometerse a permanecer en la aldea al menos diez años.

Situación crítica, sin niños

No es la primera vez que un pueblo de Suiza adopta una medida semejante, según ha explicado la Asociación Suiza de Regiones de Montaña. En esta ocasión, Beat Jost, el alcalde de la localidad, que ha explicado la marcha de vecinos por la falta de empleo, ha explicado su decisión tildando su situación de crítica, y señalando, por ejemplo, que debieron cerrar la escuela por falta de alumnos, porque solo quedan cinco niños en edad escolar, y en los últimos años perdieron a tres familias. De hecho, los niños del pueblo han de viajar, para asistir a las clases, a Sion, un pueblo vecino a media hora en autobús. Jost aspira a atraer, con esta medida, al menos a cinco familias, diez adultos y ocho niños para el año 2022. La iniciativa de la alcaldía ha sido ya aceptada por el Concejo municipal y se votará el próximo 30 de noviembre, aunque se espera que no tenga impedimentos para salir adelante.