A veces los científicos, nuestros queridos investigadores, son las criaturas más tiernas del mundo. Parecen sacados de un cuento de hadas, aunque todo en ellos sea tan racional. Sin ir más lejos ahora están teniendo. Y lo hacen nada menos que con hilo de oro. Lo que están tejiendo no es el traje de una princesa o emperador. Es todavía más mágico. Una vela. Una vela como las que llevaban los barcos durante la edad de oro de los cuentos. Solo que en este caso no hay tampoco barco. Se trata en realidad de una antena. Un receptor que sirva para captar la mayor gama de frecuencias de onda. Y al mismo tiempo sea ligera para poder llegar al espacio y flexible para poder hacer el viaje plegada y abrirse como una flor una vez que el satélite ocupe su posición geoestacionaria. Y así es como nuestros hacendosos ingenieros del Grupo de Estudios Avanzados en Textiles están teje que te teje con hilo de oro para el proyecto con el inversor aeroespacial Oxford Space Systems. Cuando esté terminada, la antena tendrá un grosor de medio milímetro. El material no es un capricho principesco. El oro permite crear estructuras más resistentes y flexibles. Una vez en el espacio, la antena deberá abrirse como un paraguas, pero ofrecer la suficiente resistencia como para aguantar en su posición. El oro permite además crear hilos más finos que un cabello humano, de modo que se convierte en una material ideal para tejer. Y por cierto, el resultado es ideal. En realidad se trata tan solo de una prueba. Vale que sea una prueba con fuego real, pero lo que se pretende es desarrollar nuevos tejidos que permitan aligerar las misiones espaciales en estos tiempos de ahorro. Si tiene éxito, los ingenieros no descartan comprarse una vieja singer con la que hacer también fruncidos.