Marcos de Quinto ha vuelto al foco público con una propuesta que ha desatado el sarcasmo en la mesa del programa de Jesús Cintora. Durante la manifestación celebrada el pasado 23 de mayo en Madrid, el antiguo gestor y exparlamentario atendió a los medios para desvelar cuál es la única meta que le empuja a querer regresar, de manera indirecta, a la primera línea institucional: el desmantelamiento completo de Radio Televisión Española.

Las declaraciones del empresario no han dejado margen a la especulación por su rotundidad. "Yo me he presentado voluntario porque la única aspiración política que tengo, yo no estoy en ningún partido, es voluntario para ser presidente del ente Radio Televisión Española y me comprometo a cerrarla en tres meses", ha asegurado ante los micrófonos. Para enfatizar su desinterés económico en la operación, De Quinto ha ido un paso más allá en su puesta en escena: "No cobraría sueldo, incluso pagaría por hacerlo".

La propuesta ha sido recibida con notables dosis de humor y escepticismo en el plató de Malas Lenguas. El presentador y los colaboradores han afeado el tono del exdirigente, calificando de "curioso" que la máxima ambición de alguien que aspira a gestionar un servicio público sea, precisamente, su destrucción en un plazo de noventa días. Para cuestionar su planteamiento, el programa ha aprovechado el momento para tirar de archivo y conectar su llamamiento actual con dos hitos de su pasado que empañan esa supuesta eficacia gestora.

Por un lado, el espacio ha recordado el ruidoso conflicto laboral del expediente de regulación de empleo que el empresario pilotó en Coca-Cola en 2014, rescatando las imágenes de las protestas de los trabajadores que le recibieron entre pitidos y gritos de "no al cierre" el día de su propia boda. Por otro lado, los analistas han ironizado con sorna sobre su paso por la formación naranja junto a Albert Rivera, señalando que, ante la promesa de De Quinto de clausurar el ente público, el único proyecto que ha acabado cerrando de verdad a lo largo de su trayectoria ha sido, precisamente, su propio partido político.

El despliegue de archivo realizado por el programa también buscó contextualizar la sintonía ideológica actual del empresario, cuya figura aparece vinculada a mandatarios de corte libertario como el argentino Javier Milei. Los tertulianos del plató subrayaron la contradicción implícita en que un perfil que arrastra un historial de intensas tensiones sindicales a sus espaldas acuda a manifestaciones a proclamar el cierre de una corporación estatal. Las imágenes de las protestas de la embotelladora sirvieron para contrarrestar la narrativa de éxito corporativo que el exdiputado suele esgrimir, funcionando como un recordatorio de que sus métodos de reestructuración ya generaron un hondo rechazo social en el pasado.

Más allá de la agitación de la calle, el debate en el plató giró en torno a la viabilidad real de estas proclamas. Los colaboradores se mostraron escépticos ante la promesa de clausurar la televisión pública, sugiriendo que la praxis política dista mucho de los lemas de campaña. De hecho, uno de los tertulianos, Fernando Garea, garantizó que, si un perfil de estas características lograra ostentar el mando sobre la corporación, el objetivo último no sería la desaparición del medio, sino su utilización estratégica como altavoz ideológico, un escenario donde el control resulta mucho más rentable que su desmantelamiento legal. 

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