El juicio por la Operación Kitchen afrontaba un día clave este jueves con las declaraciones de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal en calidad de testigos. Sus palabras han copado decenas de titulares en las últimas horas así como las escaletas de los programas de televisión. Desde La Hora de La 1, Silvia Intxaurrondo ha querido ir más allá en su análisis y ha planteado las "consecuencias" para "nuestra democracia".
Intxaurrondo señalaba que se está hablando de un caso de "gravedad", como es el de "financiación ilegal dentro del PP", "con esta ligereza": "Esto no es una opinión, eh, es que ha sido condenado el partido a título lucrativo incluso. Es decir, este partido se benefició de toda esa financiación ilegal que, entre otras cosas, se usó, según la sentencia, para dopar al partido en determinadas campañas ante citas electorales".
"Estamos hablando de una Operación Kitchen que supuestamente venía a tapar cualquier investigación judicial sobre la financiación ilegal del partido, que no tuvieran tantas pruebas como las que pensaban que podían tener", proseguía la presentadora. Además, recordaba que se está hablando de otra operación como la Operación Cataluña, "supuestamente con el objetivo de cargarse a rivales políticos, entre ellos líderes independentistas y un partido como Podemos, que vino aparejada con una supuesta estrategia intoxicadora de medios de comunicación que le compraban cualquier supuesto pseudoinforme policial a un no a un precio muy barato, a un precio gratuito, sabiendo que no llevaba ni tan siquiera un sello de la Policía Nacional".
La comunicadora vasca alertaba de que "más allá de los Tribunales, esto ha tenido consecuencias políticas, sobre rivales políticos" y lanzaba las siguientes preguntas: "¿Se imaginan? ¿Imaginan el alcance de todas esas consecuencias para una democracia como la nuestra?". "Pues este es el tema. Ese y quién dio la orden para que todo esto se montase que aún no lo sabemos. A ver si unos meses después conocemos definitivamente quién dio la orden para desencadenar esta supuesta Operación Kitchen y la supuesta Operación Cataluña. Esta es la clave", sentenciaba.
Las declaraciones de Rajoy y Cospedal en la Kitchen
El juicio de la pieza Kitchen vivió ayer una de sus jornadas más relevantes con las declaraciones de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, dos comparecencias marcadas por una estrategia común: negar la existencia de una operación política contra Luis Bárcenas y reducir todo a actuaciones policiales, pese a la gravedad de los hechos investigados.
Rajoy, en su declaración como testigo ante la Audiencia Nacional, se mantuvo fiel a su guion habitual. Negó de forma tajante cualquier conocimiento de la trama y rechazó frontalmente las acusaciones del extesorero. “Fue una operación policial”, afirmó, insistiendo en que, de haber existido, no tuvo carácter político. Esta idea vertebró toda su intervención, en la que también defendió a su antiguo Ministerio del Interior y trató de desacreditar las sospechas de uso irregular de fondos reservados.
El expresidente fue más allá al negar uno de los episodios más comprometidos del caso: la supuesta destrucción de pruebas. “Es absolutamente falso”, dijo en relación con la acusación de que habría triturado documentación de la caja B del Partido Popular. En la misma línea, también rechazó haber recibido dinero en sobres o haber tenido relación con las anotaciones de la contabilidad paralela, calificando estas afirmaciones de “absolutamente falsa”.
Sin embargo, entre negativas y lagunas de memoria, Rajoy dejó algunas frases que reflejan el contexto interno que se vivía en Génova durante los años más duros del caso Gürtel. Reconoció que se habló de apartar a Bárcenas porque “tenía unos documentos con los que amenazaba”, una afirmación que, lejos de despejar dudas, apunta a que la cúpula del partido era consciente del potencial explosivo del material que manejaba el extesorero.
Por su parte, Cospedal mantuvo una línea igualmente defensiva, centrada en negar cualquier implicación directa con la operación Kitchen y, especialmente, con el comisario Villarejo. “No hice ningún encargo”, aseguró, rechazando las sospechas de que utilizara al policía para obtener información sobre Bárcenas. A pesar de ello, sí reconoció que mantuvo "ocho o nueve" reuniones con él, aunque trató de restarles importancia, encuadrándolas en un contexto ajeno a la trama.
En su declaración, la exsecretaria general del PP también justificó esos contactos alegando que buscaba información sobre posibles filtraciones o incluso sobre si su propio partido estaba siendo objeto de espionaje. Según su versión, su relación con Villarejo respondía a un “puro interés”, intentando desvincularse así de cualquier operación ilegal.
Ambas declaraciones coincidieron en un punto clave: negar que existiera una “operación política” contra Bárcenas. Esta idea fue repetida de forma insistente por los dos dirigentes, en clara contraposición con la tesis de la Fiscalía, que sostiene que desde el Ministerio del Interior se articuló un dispositivo parapolicial para proteger al PP de las revelaciones del extesorero.
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