El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha llevado su ofensiva contra las grandes plataformas digitales a uno de los foros internacionales más influyentes. En un artículo publicado en Financial Times, el líder del Ejecutivo ha defendido con contundencia la decisión de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años y ha cargado contra lo que denomina “tecnooligarcas”, señalando directamente a figuras como Elon Musk o Mark Zuckerberg.

Lejos de plantearlo como una medida aislada, Sánchez ha enmarcado su propuesta en una lógica histórica. Ha recordado cómo, a finales del siglo XIX y principios del XX, se normalizaba el trabajo infantil pese a sus evidentes consecuencias. “Algunos líderes progresistas intentaron regular esta situación, pero los industriales se opusieron alegando que las pruebas del daño eran inconcluyentes”, ha explicado, para trazar un paralelismo directo con el debate actual.

Ese es, precisamente, el núcleo de su argumento. A su juicio, los mismos razonamientos que en su día sirvieron para frenar la protección de los menores se están reutilizando ahora para evitar la regulación del entorno digital. Cuando el Gobierno anunció la prohibición, ha señalado, “esos mismos argumentos defectuosos reaparecieron”.

El presidente no se ha quedado en la analogía y ha apuntado a datos concretos para sostener su tesis. Según ha expuesto, “casi dos de cada cinco adolescentes pasan un tiempo excesivo en redes sociales” y cada hora adicional aumenta el riesgo de depresión en un 13%. A esto suma ejemplos recientes sobre el impacto de nuevas herramientas tecnológicas, como la difusión masiva de contenido sexual falso en plataformas digitales en apenas días.

Con este contexto, Sánchez ha defendido que la intervención pública ya no es una opción, sino una obligación. “La salud, la seguridad y la dignidad de nuestros hijos están en juego”, ha advertido, antes de insistir en que la protección de la infancia es “un deber legal y moral” de las democracias.

El pulso con los “tecnooligarcas”

Sánchez ha descrito el ecosistema digital actual como un “salvaje oeste” en el que las normas apenas se aplican y ha puesto el foco en la responsabilidad de las grandes tecnológicas. En este punto, ha sido especialmente contundente: “Debemos demostrar que los tecnooligarcas no están por encima de la ley ni del interés público”.

La referencia no es casual. El presidente ha mantenido en los últimos meses varios choques con Elon Musk -quien llegó a referirse al líder del Ejecutivo como Dirty Sánchez’-, especialmente a raíz de su control de la red social X -antes Twitter- y de sus posicionamientos políticos. Frente a ese modelo, Sánchez ha reivindicado la capacidad de las instituciones democráticas para fijar límites. “Por muy ricos y poderosos que sean, ellos no mandan. Mandan las democracias”, ha zanjado.

El jefe del Ejecutivo ha reconocido, no obstante, que la aplicación de la medida no será sencilla y que existirán intentos de sortearla. Aun así, ha insistido en que esa complejidad no puede servir como excusa para la inacción. La iniciativa, además, no se plantea solo en terreno nacional, pues España ya trabaja con otros países europeos para impulsar una respuesta coordinada a nivel comunitario.

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