Una nueva cumbre sobre el clima. Una nueva reunión de las personalidades y gobernantes más destacados del mundo. Una nueva serie de largos y bienintencionados discursos. Una nueva ronda de advertencias y llamadas a la acción. ¿Servirá para algo?

Una vez más París

La Conferencia One Planet se celebra en París estos días. Más allá de su presunta utilidad, lo cierto es que al menos sirve para poner en primera línea el asunto del cambio climático, del insostenible modelo industrial y de las alternativas que son necesarias y que han de adoptarse ya. El impulsor ha sido Emmanuel Macron. El presidente francés parece uno de los líderes del movimiento en lo que respecta a jefes de estado. Jim Kim, presidente del Banco Mundial y Antonio Guterres, secretario general de la ONU completan la terna de convocantes. En este caso, los encuentros de One Planet tienen un objetivo claro. Evitar que la llegada de los países en vías en desarrollo a los procesos industriales suponga la puntilla al clima en la Tierra.

Financiación al desarrollo

Naciones como India o China plantean grandes retos. Su desarrollo industrial se está acelerando considerablemente. Y presenta la derivada radical de un desmedida demografía. Más de 2000 millones de personas que de pronto comiencen a hacer un uso intensivo de combustibles fósiles es más de lo que este planeta puede soportar. Por ello es necesario crear y agilizar los flujos financieros hacia estos países de manera que puedan acometer políticas de generación y consumo de energías sostenibles. En realidad la estrategia es más ambiciosa. Se trata de explorar cómo se puede transformar la arquitectura financiera global para liberar miles de millones de dólares que serán necesario para garantizar el desarrollo sostenible mundial. Es sin duda una idea prometedora. Sin embargo, parece contar con demasiados factores en contra. Un mercado cada vez más autorregulado, o desregulado y la oposición de unos de los principales implicados. Estados Unidos.