En la cocina se usan materiales desechables todo el tiempo. Para envolver comida, para guardar sobras, para beber agua, para hacer la compra o preparar un café. Están en los envases, en los cajones y en los pequeños gestos que se repiten cada día sin pensarlo demasiado.

Reducir el uso de plástico en casa empieza por revisar qué utilizamos a diario

Reducir ese uso no pasa por hacerlo todo perfecto ni por cambiarlo todo de golpe. A menudo empieza por revisar qué utilizamos a diario e implementar soluciones sencillas: desde cómo envolvemos los alimentos hasta qué recipientes usamos, cómo compramos o qué materiales entran en contacto con la comida.

Más del 40 % de los materiales sintéticos que se producen se destinan a envases

Lo que usamos y no vemos

El problema no está solo en lo que tiramos. También está en lo que tocamos, calentamos y comemos. Según datos de la Comisión Europea, más del 40 % de los materiales sintéticos que se producen se destinan a envases, muchos de ellos pensados para un solo uso.

A esta realidad se suma la preocupación creciente por los microplásticos: fragmentos muy pequeños que se desprenden con el uso, el calor o el desgaste. Se han detectado en el agua, en el aire y en distintos alimentos, y forman parte de nuestro día a día. En casa pueden liberarse al recalentar comida en recipientes deteriorados, al utilizar envases envejecidos o al consumir agua embotellada de forma habitual.

Aunque la investigación sobre sus efectos en la salud sigue abierta, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) han señalado la necesidad de limitar la exposición a determinadas sustancias presentes en materiales en contacto con alimentos, especialmente cuando se someten a calor. En los últimos años, la Unión Europea ha endurecido los límites sobre compuestos como el bisfenol A. En ese contexto, revisar qué usamos en la cocina y cómo lo usamos se convierte en una medida práctica para reducir tanto residuos como exposición innecesaria.

¿Con qué cubro mis alimentos?

Uno de los usos más habituales en la cocina es el de envolver alimentos. Film transparente para tapar un plato, papel de aluminio para guardar comida o cubrir un bocadillo. Son soluciones rápidas, pensadas para usar una sola vez.

Una alternativa sencilla son los envoltorios encerados reutilizables de tela. Se pueden comprar ya hechos, pero también se pueden hacer en casa con pocos materiales: tela de algodón, cera de abeja natural y una plancha. Basta con recortar la tela al tamaño deseado, repartir la cera por ambos lados y aplicar calor para fijarla.

El resultado es una tela flexible que se adapta a distintos alimentos y que puede reutilizarse durante meses. Además de reducir residuos, evita el contacto directo de la comida con envoltorios de un solo uso.

Guardar sobras: cambiar el recipiente

Otro gesto cotidiano es guardar comida ya preparada. Muchos hogares siguen utilizando recipientes sintéticos para conservar o recalentar alimentos. Con el uso y el paso del tiempo, estos envases se deterioran y pueden liberar partículas microscópicas, sobre todo cuando se exponen al calor.

Sustituirlos por recipientes de vidrio es una de las opciones más sencillas. El vidrio es duradero, fácil de limpiar y no altera el sabor ni el olor de los alimentos. También permite pasar directamente del frigorífico al microondas o al horno sin cambiar de recipiente, lo que ayuda además a reducir el uso de platos y su posterior lavado.

No hace falta renovar todos los tuppers de golpe. Cambiar primero los que más se usan o los que están más desgastados suele ser suficiente para empezar a reducir este tipo de materiales de forma progresiva.

El problema infinito

Las botellas desechables siguen siendo uno de los residuos más repetidos en muchas cocinas. Se compran, se usan durante unos minutos y se tiran, a menudo a diario. En España, el consumo de agua embotellada sigue siendo elevado incluso en zonas donde el agua del grifo es potable, lo que multiplica la generación de envases de un solo uso.

Apostar por botellas reutilizables de vidrio o acero inoxidable reduce ese consumo de forma inmediata. En los hogares donde el sabor o la dureza del agua es un freno, los sistemas de filtrado doméstico permiten mejorar su calidad sin recurrir a envases desechables. No eliminan por completo estos materiales del hogar, pero sí reducen uno de los usos más constantes.

El calor y los utensilios importan

Otro punto clave es el contacto de estos materiales con altas temperaturas. Espátulas, cucharas o recipientes sintéticos expuestos al calor pueden degradarse con mayor rapidez. Sustituir estos utensilios por madera, acero inoxidable o vidrio es una forma sencilla de reducir la liberación de microplásticos en la cocina.

No hace falta hacerlo todo de golpe. Basta con usar la lógica: si las espátulas están desgastadas o tienen cortes, donde además pueden acumularse bacterias, es momento de cambiarlas. Poco a poco y con cabeza.

Cambiar sin hacerlo todo perfecto

Cambiar hábitos para contaminar menos no va de transformar la cocina en un espacio impecable, sino de introducir decisiones prácticas que se sostengan en el tiempo. Y en esa suma de pequeños cambios cotidianos, casi invisibles, es donde empieza a producirse el impacto real.

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