Brasil estuvo a punto de quedarse sin su gran estrella justo antes del Mundial de 1994. Romário, llamado a liderar a la ‘Canarinha’ en Estados Unidos, vivió una de las semanas más duras de su vida cuando su padre, Edevair de Souza Faria, fue secuestrado en Río de Janeiro el 2 de mayo de 1994. Los captores exigieron un rescate millonario, el país entero siguió el caso con angustia y el delantero lanzó una advertencia que sacudió al fútbol brasileño: si su padre no era liberado, no tenía condiciones emocionales para disputar la Copa del Mundo.

El secuestro que puso en jaque a la selección brasileña

Edevair de Souza Faria, padre de Romário y propietario de un bar en Vila da Penha, fue secuestrado por tres hombres armados y encapuchados cuando salía de su establecimiento en la zona norte de Río de Janeiro. Dos días después, los secuestradores contactaron con la familia y exigieron siete millones de dólares por su liberación, una cifra desorbitada incluso para un futbolista que ya era una estrella internacional.

En aquel momento, Romário jugaba en el FC Barcelona y era una de las grandes figuras del fútbol mundial. Su temporada había sido brillante y su presencia en el Mundial era considerada fundamental para las aspiraciones de Brasil. Pero el secuestro cambió todas las prioridades. El delantero regresó inmediatamente a su país para seguir de cerca la situación familiar.

“No tengo condiciones para jugar”

La reacción de Romário fue tajante. El delantero dejó claro que, si su padre no aparecía con vida, no podría concentrarse ni competir en el Mundial. No era una estrategia mediática, sino una respuesta emocional ante una situación límite. Brasil entendió enseguida la gravedad del mensaje: sin Romário, el proyecto de Carlos Alberto Parreira quedaba tocado antes incluso de viajar a Estados Unidos.

La amenaza tenía un peso enorme porque el ‘Baixinho’ no era un jugador más. Brasil había sufrido durante la clasificación y Romário había sido decisivo en el partido clave ante Uruguay en el Maracaná, donde marcó los dos goles que llevaron a la selección al Mundial. La FIFA recuerda aquel encuentro como el día en que Romário salvó a Brasil en la fase clasificatoria.

Un país entero buscando al padre de su estrella

El caso se convirtió rápidamente en una cuestión nacional. La policía brasileña activó la investigación y la presión social fue enorme. La posibilidad de que Romário se perdiera el Mundial no solo preocupaba a la selección, sino a todo un país que veía en él la gran esperanza para recuperar el trono mundial después de 24 años sin levantar la Copa.

La historia adquirió tintes todavía más insólitos cuando se habló de la participación informal de personas vinculadas a comunidades de Río en la búsqueda del padre del jugador. Según se ha recordado posteriormente, la familia buscó ayuda en diferentes frentes y hasta traficantes de la favela del Jacarezinho habrían colaborado para localizar el cautiverio, movidos por la admiración que Romário generaba en Brasil.

Seis días de angustia y una liberación clave

Después de seis días de cautiverio, Edevair fue liberado por la policía sin que se pagara el rescate. La operación permitió cerrar una crisis que había mantenido en vilo a la familia, al fútbol brasileño y a la propia selección. Varios sospechosos fueron detenidos por su relación con el secuestro.

La liberación cambió por completo el escenario. Romário pudo volver a centrarse en el fútbol y viajar al Mundial, donde acabaría firmando una de las actuaciones más importantes de la historia de Brasil. El delantero pasó de estar emocionalmente bloqueado por el secuestro de su padre a convertirse en el gran líder de la selección campeona.

Romário, el hombre que cambió el Mundial de Brasil

En Estados Unidos, Romário fue decisivo desde el primer partido. Su sociedad con Bebeto sostuvo el ataque brasileño y dio al equipo una contundencia que llevaba años buscando. Brasil no era la selección más exuberante de su historia, pero sí una de las más competitivas. Y Romário fue su jugador diferencial.

El torneo terminó con Brasil campeón tras derrotar a Italia en la final de Pasadena en la tanda de penaltis, después de un 0-0 en el tiempo reglamentario y la prórroga. Fue el cuarto Mundial de la historia brasileña y el primero desde 1970.

Para Romário, aquel título tuvo una dimensión personal enorme. No solo ganó el Mundial: lo hizo semanas después de vivir un episodio traumático que pudo dejarle fuera del torneo. Su figura quedó asociada para siempre a la resurrección de Brasil en 1994.

Una amenaza que cambió la presión sobre los captores

Con el paso del tiempo, aquella frase de Romário ha sido recordada como uno de los momentos más impactantes de la previa de un Mundial. Su advertencia no fue una amenaza directa al crimen organizado, sino una forma de dejar claro que el secuestro podía privar a Brasil de su gran estrella. Y eso multiplicó la presión pública sobre los secuestradores.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora